jueves, 18 de febrero de 2010

CREPUSCULO Y AMANECERES

El soneto de Fernando me ha parecido un excelente canto al amor y a la vida. Siguiendo el consejo de algunos amigos que deseaban que el blog permaneciese abierto para que quizás, con un mayor espacio temporal entre las entradas, pudieramos seguir conectados, me he atrevido, con la colaboración técnica de mi hija Rocío, a poner música e imagen al soneto de Fernando. Para que todos podamos gozar con su palabra y con su sensibilidad, os lo muestro.

lunes, 15 de febrero de 2010

DESPEDIDA

Que no hayamos hecho ninguna entrada desde finales del mes pasado no ha sido por desidia ni por desinterés. Fue un acuerdo entre Antonio, José María y yo, pensando que ya este formato había dado de sí lo suficiente. Además era como un test para confirmar si realmente el blog tenía lectores asiduos a quienes despertara algún interés... Ha quedado confirmado, ya que nadie no lo ha recmado, ni ha preguntado. Está claro que llegó el momento de cerrarlo.

De todas formas, nos hemos alegrado de haber mantenido estos encuentros, que para nosotros han sido estimulantes y hasta divertidos. A todos los amigos que alguna vez han participado y nos han mostrado su interés y su simpatía, les mandamos desde aquí, -Antonio, José María y yo- un fuerte barazo y... ¡Hasta siempre!, amigos.

Como muestra de mi confianza no me resisto a dejaros aquí un soneto que le he hecho a Julia, mi mujer, "mi cómplice y todo" como dice Benedetti, con ocasión de nuestra anuales "fiestas jubilares":

CREPÚSCULO Y AMANECERES

Si del horror hablamos, sé de horrores,
de tristeza, dolor y desencanto…
Pero puesto a saber, te diría cuánto,
si me hablaras de amor, yo sé de amores:

de su sabor y de sus sinsabores,
del embeleso, la ilusión y el llanto,
de su voraz fulgor, de su quebranto
tal cual la evanescencia de las flores.

Pero si te contemplo, ensimismado,
presagiando el poniente de mi ausencia,
y mi mirada roza el sonrosado

creciente de tu luz, tu incandescencia,
siento ese amor que exhala tu presencia,
y el sabor de saberme enamorado.



Otro abrazo para todos los amigos de este blog... FERNANDO

domingo, 31 de enero de 2010

DESCONSUELO




Lloraba y lloraba después de que él la hubiera abandonado. Nada podía consolarla.

Cuando él regresó y se fundieron en un abrazo infinito, y bebieron recíprocamente la miel de
los labios, ella pensaba, todavía con desconsuelo: “era más dulce mi dolor…”.

jueves, 28 de enero de 2010

LUNA DE MIEL




Recordaba que, según nos transmitieron las mitologías antiguas, la Luna de Miel de los desposorios del dios Zeus y la diosa Hera (a la que Zeus había enamorado convirtiéndose en un cuclillo desvalido, tembloroso de frío, para que ella lo calentara estrechándolo junto a su cálido corazón) había durado trescientos años, con todas sus noches.
Y comprendí entonces que fueron estos dioses, sin duda, los que inspiraron la canción de nuestro cantautor Sabina, en la que pide para nosotros, los mortales, que todas las noches, mientras duren nuestros escasos años, “sean noches de boda y todas las lunas sean Luna de miel”…

lunes, 25 de enero de 2010

ESPEJO


Cada noche se mira, furtivamente, al espejo (ese espejo que fue de su madre, enmarcado en un óvalo de plata turgente, con su mango también de plata), sosteniéndolo con una mano blanda y sarmentosa, y contempla ansiosamente todo el territorio de su rostro envejecido: las mejillas que fueran encantadoramente sonrosadas, palidecidas ahora; los ojos cansados y lánguidos, perdidos entre pliegues y breves líneas de venillas rojas; los labios, de los que bebieron las aves, ya desvaídos, que se fruncen en un susurro de palabra tantas veces escuchadas a su madre: “espejito, espejito, ¿quién es la más…?” Pero se detiene, echando reojos a la puerta cerrada, no sea que a su hija, la pequeña Blancanieves Dos (que así la señala "Mudito", el viejo enano, alzando dos dedos de su mano rugosa), se le ocurra buscar el espejo, ¡es tan presumida¡, y la sorprenda...

viernes, 22 de enero de 2010

EL MITO DEL CENTÉSIMO MONO



La moderna teoría de “los campos mórficos” nos viene a descubrir, simplificándolo mucho (se excusa mi amigo al intentar explicármelo), que acciones repetidas llegan a configurar estructuras que determinan los comportamientos del conjunto de seres vivos de la misma especie, aunque habiten en distintos espacios de actuación…

Y para hacérmelo comprender, me cuenta lo que se conoce actualmente por “El Mito del Centésimo Mono”:

Unos científicos de nuestros tiempos se propusieron estudiar el comportamiento de los monos, escogiendo como muestra los que habitan en una de las islas situadas frente a la costa de Japón.
Para que los monos bajaran de los árboles y poder observarlos, esparcían por la playa, durante muchos días sucesivos, una cantidad determinada de batatas. Los monos descendían a la superficie arenosa de la playa, se apoderaban de las batatas, compitiendo unos con otros, y las engullían… Todo tal como se esperaba. Pero observaron que una joven hembra, a la que pusieron por nombre Imo, llevaba su batata hasta el mar, y la limpiaba de arena antes de comérsela. En pocos días aprendió a hacerlo también su madre, la cual adiestró a otros hijos; los demás monos los fueron imitando, hasta que todos los habitantes de la isla siguieron la costumbre de lavar las batatas antes de engullirlas. (Yo le escuchaba sonriente y fascinado).

Pero te diré el hecho más sorprendente, prosiguió mi amigo. Los científicos observaron que, llegado un momento, todos los monos de todas las demás islas de la costa japonesa comenzaron a hacer lo mismo. Y es, concluyeron, que se había creado un nuevo modelo estructural, determinante de comportamientos para todos los seres de la especie.

¿Y quién es el “centésimo mono”?, le pregunté. Denominaron así al hipotético mono que con su acción acumulativa descompensó en un momento dado el equilibrio de la balanza comportamental de la especie hasta el nuevo “campo mórfico”.

No tuvo mi amigo que explicarme la enseñanza de este nuevo mito: que todos somos responsables, con nuestras acciones y comportamientos acumulados, de configurar campos mórficos con estructuras mentales renovadas que determinen acciones más saludables y eficaces para nosotros y más beneficiosas para el progreso de la humanidad.
Y me quedé abrumado, pensando que detrás de cualquier acción, cualquiera, yo mismo, puede llegar a ser, para el bien o para el mal, el "centésimo mono".

jueves, 21 de enero de 2010

LA "DAMA DEL LAGO"

La “Dama del Lago”, -hermosa mujer que seduce a los que se aproximan a las orillas de sus aguas, arrastrándolos a las profundidades del lago para ocasionarles la muerte-, es leyenda literaria que nos recuerda el mito clásico de la muerte de Hilas.

El agua de los ríos y de los lagos, comento con mi amigo, siempre ha tenido una atracción mágica, arquetípica, para el hombre. La mayor parte de las veces, cargada de leyendas. Las ninfas, divinidades de las aguas, siempre han habitado en el imaginario colectivo de la humanidad.

Recordemos a Hilas: entre los argonautas que acompañaban a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro, navegaba Hilas, compañero de Heracles. Llegados a Misia, Jasón encargó a Hilas traer agua desde un lago cercano, en el que habitaban las ninfas. Y sucedió, tal como nos cuenta Apolonio de Rodas, que las ninfas, viendo la belleza de Hilas, se enamoraron de él y lo arrastraron al fondo de las aguas. Se escucharon en Misia los gritos desesperados de Heracles, buscándole. Pero a Hilas no se lo volvió a ver más.

Del recuerdo de Hilas sólo quedaba en Grecia, con el paso del tiempo, la fiesta ritual de los sacerdotes misios: marchaban en procesión al monte cercano y gritaban por tres veces el nombre de Hilas. Sin embargo, las ninfas nunca devolvieron al efebo Hilas…

Quizás las aguas primordiales sean para el imaginario colectivo, también, aguas terminales, comentábamos mi amigo y yo, en una especie de “apocatástasis” eterna en la que el final siempre deberá enlazar con el elemento originario primordial…