miércoles, 30 de septiembre de 2009

Prigogine, Bertrand Rusell, Chopin y el silencio

Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química 1977 por su teoría sobre las estructuras disipativas, trató con ella de encontrar una justificación a la forma que tiene el organismo vivo de organizar sus estructuras materiales. Teoría compleja y tarea compleja la de entender al ser vivo, ni siquiera digo al hombre. No recuerdo bien qué filósofo-científico -posiblemente fuese Bertrand Rusell en su libro El sentido común de la ciencia, muy anterior a Prigogine, sostuvo que la diferencia entre un animal (un perro, por ejemplo) y un ser humano es que éste, el ser humano, siente necesidades, como el perro, trata de remediarlas, como el perro, pero tiene la capacidad adicional de inventar para encontrar el remedio, cosa que no hace el perro. Y resolvía el tema con un ejemplo: si un perro y un hombre, separadamente, (imaginemos muños años atrás) sienten frío, ambos buscarán el calor y, si no lo encuentran, ambos buscarán un sitio donde cobijarse, una cueva por ejemplo; finaalmente, sólo el hombre tiene la capacidad de excavar para hacer una cueva artificial, o de descubrir el fuego, mientras que el perro se dejará morir de frío.
Estando en completo acuerdo con mi buen amigo Fernando Jiménez en su genial entrada sobre El Silencio y la Palabra, digo que, durante el recorrido desde el silencio hasta el silencio, que tan maravillosamente él nos ha descrito y comparado con la música de Chopin, durante ese recorrido repito, los humanos vivimos nuestras vidas y tratamos de remdiar nuestras necesidades. Casi siempre, el saber colectivo estará por encima del individual, lo que quiere decir que la Humanidad es, en principio, generosa.
Alzheimer es otra cosaAlzheimer anticipa nuestro silencio final y, durante un tiempo insufrible, no debe sentirse nada excepto la dependencia de otros. Por supuesto que continúan las necesidades pero desaparece cualquier esfuerzo por remediarlas.
Mientras tanto, mientras pensamos en los esfuerzos que se están haciendo para vencer la enfermedad del olvido, disfrutemos, amigos, del Primer Concierto para piano y orquesta de Chopin, que comienza en silencio y termina en el silencio.

SOMOS

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
J. Luis Borges.

El recuerdo de esta cita, tras leer hoy el blog, me ha sugerido la historia de un momento:
Una pareja baila, a la tarde, susurrándose versos de una conocida melodía de Mario Clavel.
Somos un sueño imposible que busca la noche - le asegura ella, acomodándose al ritmo de sus pies.
Nada más que eso somos, nada más - cantarruea él, mientras archiva en su memoria la dulce sensación de retener el presente abrazado a una caricia.

EL SILENCIO Y LA PALABRA


Desde que el jueves pasado, Antonio Espinosa escribió sobre el Alzehimer, enmarcándolo entre la palabra y el silencio, ha venido buscando luz entre mis vericuetos neuronales el siguiente microrrelato:

Hablando de Ilya Prigogine, premio Nóbel de Química de 1977, y de su teoría de las “estructuras disipativas”, me hace mención mi amigo de las piezas musicales, el “Tannhäuser” de Wagner, por ejemplo, o el “Primer Concierto para piano y orquesta” de Chopín (me dice modulando la voz y casi en susurro) que, como cualquiera de ellas, parte del silencio, termina en el silencio… (su voz se disipa, es ya casi inaudible).
Y como cualquier vida humana, le replico alzando el tono, cuando desemboque en el mar de las brumas y los estremecedores silencios irreversibles… Pero nos habrá dejado, quienquiera que sea o haya sido, su música única, su melodía inigualable, su canción incesante, la suya sola, inextinguible.

martes, 29 de septiembre de 2009

SER UNA SIMPLE ESTRELLA

… y se le hacía patente, cuando el alba rompía, que sus palabras habían sido casi siempre monólogos carentes de respuesta. Comprendió, en ese instante íntimo, que los otros son razón necesaria de uno mismo, aunque para él no siempre lo habían sido.

Y comenzó a pensar, esa mañana, que lo importante no era ser el punto cardinal, como pretendió serlo muchas veces, ni tampoco sentirse el imantado norte de la rosa del viento…

Lo extraordinario era saberse simple estrella, junto a otras titilantes estrellas, capaz de iluminar senderos en la noche cuando aún no ha comenzado a clarear el alba.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Balcón

Cuando abrió el balcón, la distancia entre la calle y su soledad se hizo más pequeña.
Las gotas resbaladizas en los cristales acompañaron su rotundo suspiro cuando aspiró en un trago profundo la bocanada del húmedo aroma de la tierra.
Dejó que el aire cargado de gentes se colara despacio hasta los rincones y luego regresó hacia su silencio, dejando las puertas abiertas de par en par.
Decidió que sentirlo así era la vida y vivirlo, compañía.
Y le gustó.

ENSAYANDO

Después de un fin de semana en la playa -limpio y azulina el viernes, y sucio de brumas y de lluvia después- mi microrrelato de hoy trae sabores de mar y otoño:

ENSAYANDO
Allí, cerca del mar, el mar de rizos blancos, detrás de las palmeras, donde hubiera, en el tiempo, matorrales homéricos de espliego perfumado, pensó que ya sus años cursaron lo previsto, que ya acortan la vida y ensanchan la añoranza…
Y se quedó dormido, como haciendo un ensayo.


(Esta mañana, al atravesar el parque de Vallellano para ir a mi despacho, hojas desprendidas de los árboles volaban sobre mi cabeza a cada soplo del viento y, en el suelo, las hojas muertas van tejiendo ya una alfombra de cobre y oro…)

domingo, 27 de septiembre de 2009

Una historia del otro lado: relato con moraleja

Plutón
Más que gustarle, a Carlos le complacía ir al cine. Era algo así como su particular refugio, el lugar donde lograba aislarse de los demás. Él era un chico muy tímido. Nadie conocía sus cualidades ni sus defectos, simplemente porque no se dejaba ver. Ver sin se visto, era el lema que llevaba a la práctica como nadiese lo hiciese jamás. Y en ese largo tiempo de aislamiento Carlos pensaba que el único aspecto negativo de su vida era el que puede derivar de amar sin ser amado.
Soy como Plutón, pensaba muchas veces, mientras leía y releía los cuentos de ciencia ficción de Alfred Juillet.
Así transcurría la vida de aque´muchacho frío, calculado, distante y escondido. Pero cierto día..., aí, cierto día experimentó una nueva sensación, algo que jamás había sentido y que le hizo ruborizarse externamente y llenarse de ansiedad interiormente. Se encontraba viendo por enésima vez La guerra de las galaxias en el oscuro cine de su barrio, conocido por todos como El canuto, debido a su estrechez y longitud, cuando un penetrante aroma le rodeó como el león rodea con las garras a su presa, que ya se da por muerta y se deja coger para recibir el abrazo definitivo. Todos conocemos que algo de nosotros sobra y que otras cosas nos faltan; así, la ingenua y atemorizada presa del león sabe que le ha sobrado el último paseo, otros, los más, tienen la sensación de que le faltan palabras para expresar sus sentimientos y, finalmente, Carlos descubrió, cuando se sintió rodeado por la fragancia, que vivir es algo más que estar oculto, lejano y distante como está Plutón.
¿La Tierra?, se preguntó?, quiero ser La Tierra.
Continuó en su asiento porque Plutón no puede transformarse en La Tierra tan rápido como él deseaba. Inquieto en su butaca habría deseado darse media vuelta para ver el origen del embriagador olor. Hizo de todo, se retrepó en su asiento dejando resbalar su escuálido culo para encontar una posición desde la que poder ver el origen de sus inquietudes, bajó la cabeza con la intención de mirar debajo del asiento, con la intención de encontrar alguna pista que le permitiese, sin ser visto, de acuerdo con su lema, ver la causa de su desequilibrio, arrojó al suelo algún pequeño objeto; finalmente, convencido ya de su decisión de dejar de ser Plutón, volvió descaradamente la cara atrás, pero solamente vio la cara de un hombre que hacía extraños gestps irreconocibles por él. El aroma estaba allí pero no era visible. Su desconcierto fue total porque había descubierto que la dueña de la esencia era capaz de hacerse presente sin ser vista, ¿le habría robado su secreto?

sábado, 26 de septiembre de 2009

El vencedor está solo

El vencedor está solo

Acaban de dar las siete de la mañana. De dar en un sentido figurado porque, donde me encuentro cuando leo, no existen relojes oficiales, que son esos que tozudamente se empeñan en hacernos saber el tiempo en el que vivimos, a través de sonidos que, la mayoría de las veces, resultan molestos. Está comenzando la aclarecida. Unas nubes a poniente comienzan a colorearse de naranja, dando la impresión de que hoy se está produciendo el fenómeno extraño de la contra amanecida. Aún resulta invisible la vida horizontal de esa mar que se ve cuando se mira al sur. Leo "El vencedor está solo" de Paulo Coelho. De las muchísimas ideas que el autor va exponiendo de forma progresiva, me quiero quedar con una: "necesito destruir universos para reconstruir el mío", dijo uno de los personajes.
y, en el fondo de todo ese fenómeno que conocemos como vida, esa frase viene a ser como el motor, el pensamiento filosófico, el axioma a seguir de muchos. No voy a ser tan ingenuo como para decir de quienes.
Leer, como vivir, es un aprendizaje. Leyendo y viviendo aprendemos a leer y a vivir. Lo trágico del tema es que "el vencedor siempre está solo" y es capaz de destruir mundos para edificar el suyo propio.
En este momento la luz inunda completamente la estancia en la que me encuentro leyendo, sentado en mi viejo sillón azul con pintas blancas y en relieve. La ciudad ha dejado de ofrecer el ruido de los últimos borrachos nocturnos que celebraban un cumpleaños y ha recuperado su normalidad. Un coche ha frenado y comienza a hacerse sentir con más fuerza la voz metalizada de un tapicero ambulante que arregla sofas y sillones. Un día de estos lo llamaré para que le eche un vistazo a mi viejo sillón azul.

viernes, 25 de septiembre de 2009

EL ÁRBOL

Allí estaba aquel árbol casi seco, al borde del camino…

La vida, con frecuencia, como el árbol, cuando crece sin agua y con escaso sol, se va secando lenta: el verde de sus hojas se marchita y todo el fruto -estéril- cae a la tierra. Sólo la sombra vive en la semilla.

Y es necesario, para lograr que el verdor de las hojas sea perenne, que el tronco se mantenga plantado junto al agua. El caminante sabrá entonces que al llegar el calor sus hojas serán sombra.

A veces, el vientecillo que sopla en la mañana presagia una humedad cercana. Pero esa brisa dura unos instantes. Esos cortos veneros que bajan de los montes casi nunca llegan a ser río.

Siempre habrá que esperar la lluvia de lo alto… Sólo así los tonos lacios quizás renazcan con nuevas primaveras.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Día internacional del Alzheimer

Queridos amigos/as: el pasado día 21 de septiembre fue el día internacional de los enfermos Alzheimer. Entretenido con otros actos en los que participé, no fui sensible a incluir en este blog algún pequeño homenaje a quienes han entrado en la enfermedad del olvido. Sirva este pequeñísimo relato como ínfima contribución.

Alzheimer

El hombre viejo estaba sentado en un arcaico sillón de plástico color crema y parecía dirigir su mirada a través de los sucios cristales de una ventana indefinida y cuarteada. Delante del cristal, una especie de red metálica; detrás, una reja.
En el exterior, unas nubes juguetonas y vivas mostraban claramente que no tenían intención de dar agua.
El pesante silencio sólo habla después de hablar la palabra.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

PUNTO DE VISTA

Le escuché cantar, con tono despacioso y desperezado, una canción chilena: “el dolor que siente el perro / cuando le cortan el rabo / es como el que siente el rabo / cuando le cortan el perro”.
Parecería un chascarrillo malo, una burleta, una bobada hueca… Pero encierra toda la sabiduría, y toda la tropelía también, del “punto vista”, con el que justificamos nuestras acciones y nuestras actitudes, olvidando que existen tantos “puntos de vista” como el de cada uno de los seis mil setecientos ochenta millones de habitantes de nuestro planeta, según los últimos censos.

“Pero la razón la tengo yo, ¡caramba!”, piensa cada uno para sí mismo…

LA MIRADA CREADORA

Él miraba la tarde melancólico. Era tarde de otoño, cuando en el aire tibio se perfilan las nubes con formas de cristal. Y, en este atardecer, él miraba y vivía el embeleso limpio y azul, ocaso de la tierra…

Veía él, al contemplar la tarde, jirones grises rompiéndose en el cielo. Y al recrear las luces iba dando sentido a formas casi mágicas.

Se preguntaba cuál era el don, cualidad de los dioses, que permitía convertir las cosas en conjuntos armónicos trasluciendo belleza.

Comenzó a comprender, cuando ya todo el silencio gris dominaba la tierra, que lo importante quizás sólo fuera desentrañar con mirada de niño el secreto guardado de las cosas.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La palabra perdida

La palabra perdida
Anoche recibí otra llamada telefónica. Era noche cerrada y silenciosa. En cierta ocasión, siendo yo un adolescente, mi abuelo me dijo que cuando la ciudad se calla resulta posible oír el sonido de los perros y gatos noctámbulos, pero anoche no aparecieron ni unos ni otros y solamente reinaba el silencio que proviene del mundo del silencio. Desde ayer la sierra luce su sombrero blanco de arlequín y el reloj del dormitorio, que lleva años sin pilas, marca tozudamente las tres y veintidós. La quietud reinaba en toda la casa y solamente se vio rota por el timbrazo de un teléfono que avisa tocando a Schubert.
Dime amigo, dije yo sin preguntar por quién llamaba a deshoras.
Hoy he vuelto a perder otra palabra, respondió la voz desde cualquier sitio.
¿Qué palabra?, insistí yo como cada día.
No sé.
¿La has buscado bien?
Sí.
Dime, por qué me llamas cada noche contándome la misma historia?
Para ver si tú tienes la palabra que yo he perdido.
Sí, yo tengo todas las palabras.
Bien, me quedo tranquilo porque sé que no está extraviada sino almacenada en su sitio, junto a las demás palabras. Adiós.
Luego me desperté porque el reloj, que en mis pesadillas no tiene pilas, emitió el sonido desagradable para decirme que eran las seis y media de la madrugada y que debía alzarme de la cama para comenzar mi tarea de escritor de historias de ficción.
Quiero empezar esta semana compartiendo en esta páginas un particular homenaje. Me he permitido, para ello, alejarme del concepto de relato que habitualmente seguimos, porque me apetecía contarlo como lo sentía:

EN LA VEJEZ

Me gusta estar con ellos.
Cada tarde, recorro la distancia entre el jardín y el salón para encontrarlos reunidos, en el mismo sitio, con la misma pose, en la misma lentitud de un tiempo que ya no avanza.
La mayoría refuerza el lento caminar de sus años cansados, con el bastón tallado por la experiencia misma.
Son rostros contorneados a golpes de vida. Son miradas nostálgicamente ausentes.
Me gusta oirles repetir sus infancias bien recordadas y entrelazadas con los olvidos del presente que espera, rutinario, el turno para la cena.
Y , sobre todo, me gusta aprender la lección de sus sonrisas sabias y sinceras que se abren hueco en la triste soledad que resta entre el haber sido mucho y el estar dependiendo tanto.
Cuando llega la hora y recorro el camino inverso, pienso que algún dia otro bastón sostendrá mi tiempo futuro,en un salón tras un jardín. Deseo que, para entonces, no haya olvidado sonreir.

REALIDADES


De acuerdo con la etimología de Relato (del verbo latino refero, “llevar de un lado a otro”, cuyo supino es relatum, “lo llevado al otro lado”), el relato de José Mª, con la melancolía de las luces apagadas de su teatrillo, igual que otros muchos de los relatos que colgamos en este blog son recorridos de pensamiento y alma, con salida hacia fuera, hacia su expresión verbal, o hacia adentro, hacia el alma de quienes los leemos.
Ahora va el mío de hoy:

OTRA REALIDAD

Le había oído al brillante escritor uruguayo Eduardo Galeano haber conocido a un pintor de prodigioso talento, en un lugar de Venezuela, quien por su escasísima educación primaria apenas sabía escribir su nombre. Los colores de sus cuadros, enfatizaba Galeano, harían palidecer de envidia al mismo Arco Iris; las aves del paraíso volaban por sus lienzos resplandecientes de colores, sobre bosques de verdores deslumbrantes…
La verdad era, explicaba el escritor, que este excelente pintor nunca había salido de su pueblecito de Venezuela, donde la explotación del petróleo había aniquilado todo el color de la vida: era un pueblo sin hierba ni aves, un pueblo de película en blanco y negro.
Y argumentaba Eduardo Galeano que era un verdadero pintor realista. Porque la realidad no es sólo la que se ve fuera de nosotros, la que conocemos y padecemos. Que la realidad es también la que llevamos dentro; es lo que deseamos y pensamos que debía ser y lo que queremos que sea… Porque dentro de la barriga de este mundo, proclamaba, hay otros mundos posibles…

sábado, 19 de septiembre de 2009

EL TEATRILLO DE MAESE PEDRO


Las luces de neón, desde la vieja marquesina, anunciaban que iba a dar comienzo la representación. Y él, al detenerse bajo los anuncios, imaginaba que el argumento de la obra debía reducirse, como siempre, a simular mil cotidianas cosas, entre los altibajos de la acción y el cambio repetido de las bambalinas. Cada actor, en la obra, ajusta la palabra y el gesto a lo que le ha marcado el director de escena. Todos, en su papel, tienen sentido de protagonistas… Se repite el monólogo, se crean nuevas acciones, se hace el argumento más creíble…

Y él pensaba, con una especie de ironía inteligente, mientras el color del neón lo bañaba en silencio, que cada actor, durante los tres actos de la obra, declama y gesticula casi siempre con pomposa asonancia como si la obra no acabara nunca.

Con lento caminar, al alejarse, iba pensando que algún día se informaría a los espectadores, bajo las tristes y apagadas luces, que la obra había sido clausurada, que se había terminado la representación. Sucedía siempre así.

¿Duraría más la obra, se interrogaba, si el “Carpe diem”, que desde antiguo ya había descrito Horacio, se convirtiera en argumento único de todo? Quizás sería posible…

Y sin tener a mano la respuesta, siguió alejándose, con su pausado paso, de aquel teatrillo de Maese Pedro.


*(El título que pongo a este relato tiene reminiscencias cervantinas; viejos recuerdos de lecturas clásicas. Maese Pedro, con su retablo de comedias, Arlequín, con su mandolina y Cantarina, la joven y ágil bailarina, fueron personajes que poblaron mi imaginación hace ya algunos años. Ya empezaba a pensar entonces que todo lo que acontecía podía ser contado en una bonita, aunque breve, comedia de retablo).

viernes, 18 de septiembre de 2009

DA IGUAL




Cuentan que el filósofo chino Chiang Tzu llegó a ser sabio, y mundialmente respetado, cuando descubrió la inutilidad de cualquier esfuerzo y se despojó de todos los deseos…

-Creo que a eso le llaman “entregarse al Tao”, me comenta mi amigo. Es como habituarse a la paradoja de vivir: da igual la soledad que la compañía, el placer que el sufrimiento, el día que la noche, la vida que la muerte…

--¡No da igual, no puede darme igual!, protesto.

-Da igual que no de igual..., me contesta, imperturbable, mi amigo.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Sentado en mi viejo sillón azul

Escuchando el saxo de Sonny Rollins, y sentado en mi viejo sillón azul con pintas blancas y en relieve, las yemas de mis dedos se entretienen en tocar, mejor sería decir palpar, las pintas blancas. Afuera, un cielo tormentoso formado por cirros amontonados e interpuestos, de colores que sólo se hacen visibles en la escala de grises, anuncian el agua que llevan en sus entrañas. Descorro el visillo y dirijo la mirada al mundo que existe detrás de ese cristal que aún muestra restos de la tormenta de ayer. Detengo mis ojos en un perro de corto rabo, blanco manchado en negro o al revés, vaya usted a saber, que hociquea incansable cualquier mancha en el suelo. En algunas se detiene y orina sobre ellas. En la plaza, los adolescentes que hace unos días jugaban junto a la fuente, hoy llevan a la espalda sendas mochilas preñadas de libros de texto. Sonrío al pensar en los años en los que yo era el porteador de los pesados libros; entonces no había mochilas ni plástico transparente para forrarlos. Lo usual era llevarlos cogiidos entre la mano y el brazo, a veces descansándolos sobre el pecho. No veo ni una hoja de árbol sobre el suelo; sin embargo, el tiempo es otoñal. Un otoño atípico porque esta es la estación del viento, de las hojas amarillas, xantofílicas, que bailan durante su descenso desde la copa de su árbol, de los chaparrones que duran cinco minutos y, precísamente por eso, te dejan empapado. Son chaparrones traicioneros pero agradables. Cuando terminan de caer, todo se impregna de un olor a tierra mojada y la corredera se tiñe de gris. Hoy acabo de leer que varias personas han muerto ahogadas durante las tormentas de un verano que quiere ser otoño, o de un otoño que compite con el verano por ocupar un espacio y un tiempo, antes bien establecidos.
Vuelvo a correr el visillo y sigo escuchando el saxo de Rollins, que compite ahora con el piano de Bill Evans para conseguir la mejor armonía. Luego pienso que los humanos habitamos el planeta que un día decidió llamarse Tierra.

CREAR

La frescura del barro entre sus manos era la motivación inicial. Después, idear, cambiar, recomponer e incluso adivinar las formas que ni él mismo predeterminaba.
Sentía que la materia húmeda y dócil le pertenecía y juntos creaban un tiempo muerto al mundo y vivo en ellos. Porque aquella figura que moldeaba cada día, vivía en él mientras estaba siendo.
Cuando, una vez seca y alineada en el estante con las demás, la miraba más allá de sus propias manos y la perdía en la mirada de otros, ella ya era ella y él buscaba de nuevo la frescura del barro entre los dedos.

LOS "NO-ÉL"

Él pensaba a menudo que su “yo” era una especie de rutilante y poderoso centro en torno al cual daba vueltas el mundo. Y se sentía feliz de que así fuera. Lo “otro”, lo “no- él”, siempre quedaba lejos, en la periferia…

Pero aquella mañana, mientras recorría las veredas antiguas por las que habían caminado, al despuntar el alba, los hombres del trabajo, empezaba a poner en entredicho su pensamiento antiguo. Antes que él había habido otros hombres que habían labrado, con su cansino paso, la huella del sendero. Quizás, por eso ningún hombre era centro…

“Robinson” o “Emilio”, muy probablemente, pensaba que habían sido sólo, como él, personajes pronunciados sin eco. Aquellas huellas, labradas en el camino viejo al borde de olivares, lo gritaban así.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

DEL TIEMPO... A LA ETERNIDAD



Quiero recordar, le comenta él, que en uno de los versículos de la Divina Comedia, habla Dante de “ese increíble momento para el cual todos los tiempos son un presente”…, como si fuera un agujero negro del espacio donde el tiempo se conserva congelado.
Esa es la eternidad del ahora, como el de este abrazo que nos coagula, musita ella; el 'siempre' de cada instante, en el instante de amor que ahora reproducimos…

El tiempo (2)

Una amiga, a quien todos deseamos ver entre los participantes de este blog, me ha enviado esta mañana un precioso correo electrónico que contiene una frase de Boabdil el Zogoibi, que dice:
"Lo que una vez sucede, se queda sucediendo para siempre".
Y yo, que soy un manipulador de las palabras, he transformado la frase en esta otra:
"Lo que sucedió alguna vez, sucederá para siempre"
Y agregaba en mi comentario, amiga, si esto es así es para echarse a temblar.
La oliva empapada de agua de Faustina, la mujer que atravesaba la vida que yo comenté ayer, la palabra pinchada con un alfiler de José María, la recogida del agua caída en la tormenta son hechos o pensamientos que, por haber acaecido alguna vez o haber sido pensados en algún momento, se han incorporado a nuestro arsenal de sucesos que forman eso que llamamos el tiempo, que no es otra cosa que lo que tiene que suceder para que sintamos lo que ahora tenemos y antes no teníamos, o lo que ahora no tenemos y antes nos pertenecía. Sí, lo que una vez sucedió, sucede para siempre, porque tiene la cualidad de modificar eso que llamamos el tiempo.
Faustina, con su relato llamado Paraguas, me ha hecho recordar que esta mañana, sin pensarlo ni decidirlo con anterioridad, yo he cogido mi chaqueta del armario y he cambiado mi tiempo de verano a tiempo de otoño.

Paraguas

Guardar el bañador y sacar el paraguas no son sólo gestos.

Hoy, recogiendo el agua de tormenta almacenada en el lugar de trabajo, he comenzado a predisponer mis sentidos y mi sentir ante el nuevo otoño.
La ventana de todos los dias ha dejado de ser radiantemente luminosa y seguro que los soles que quedan por venir, la vestirán con menos brillos.

Tiene razón la vieja oliva en la distancia.
Ella y yo compartimos cada mañana un rato de espacio y tiempo. Ahora, ella está empapada y yo sostengo el paraguas recién sacado de otros otoños.

martes, 15 de septiembre de 2009

El tiempo

El tiempo
Hace años de esta historia. La traigo hoy aquí a modo de que sea mi pequeña contribución, mi pequeña pieza del rompecabezas, mi tesela del mosaico que todos pretendemos construir.
Me visitó Charles Rees, un científico inglés del Imperial College, acompañado de su esposa y de uno de sus discípulos españoles. Los llevé a Las Alpujarras y nos detuvimos en Capileira. Yo trataba de explicarles que el concepto de tiempo es diferente allí que en el resto de los lugares y culturas del mundo: allí el tiempo parece caminar a una velocidad variable; a veces parece detenerse, en otros momentos se dispara como un cohete y, finalmente, en las demás ocasiones circula a una velocidad moderada. Después de mi explicación ellos no entendieron nada.
Continuamosnuestro paseo por el lugar. Una mujer de edad claramente superior a los ochenta años estaba sentada en una silla de enea en plena calle, y dirigía su mirada perdida hacia el amplio valle. Ella personificaba a la quietud. Nos acercamos y yo le pregunté, ¿buena mujer, qué hace usted sentada y sin mover ni un solo músculo? Ella contestó, aquí sentada, atravesando la vida.
Charles Rees me tomó del brazo y me dijo, querido amigo, acabo de entender el concepto del tiempo que reina aquí.
Charles y su mujer ya han atravesado la vida. Sirva esta tesela como humilde homenaje póstumo

EPITAFIO

Las metáforas del preciso y exquisito relato de José Mª, la de las mariposas fijadas con alfileres y las de las teselas que componen el mosaico, nos dan la clave de lo que es y de lo que quizás será este blog, todavía titubeante, igual que el indeciso vuelo de las mariposas: un conjunto de pequeñas teselas que se juntan, se acercan, se acoplan y combinan en el presente, y un posible mosaico final con un nombre o lema… ¿Se te ocurre cuál podrá ser?


Mi tesela de hoy la denominaré EPITAFIO


Me trae mi amigo un poema de Shakespeare, escrito al parecer desde sus dolorosos sentimientos por la muerte de su madre:
Fear no more the heat o' the sun,
Nor the furious winter's rages;
Thou thy worldly task hast done,
Home art gone, and ta'en thy wages.

Le contesto con agradecimiento y le confieso que, en otro tiempo, me interesé mucho por ese poema cuando supe que los dos primeros versos son el epitafio que puso Gerald Brenan en la tumba de su frágil esposa Gamel, muerta en Churriana y enterrada en el cementerio inglés de Málaga.
Y le remito mi propia traducción:

No temerás ya el calor del sol
ni las furiosas borrascas del invierno.
Ya consumaste en este mundo tu tarea
y el regreso al hogar, es la recompensa.

lunes, 14 de septiembre de 2009

EL BLOG DE LAS MARIPOSAS

Mientras él fijaba definitivamente en su caja-colección las mariposas-verbo capturadas (su labor entomológica de siempre), pensaba que aquella colección de frágiles y pequeñas mariposas, clavadas en las cajas con bellos alfileres, era como las páginas del blog en el que ahora él volcaba sus vivencias y sentimientos íntimos: lo importante, para llegar a construir el mosaico final, el conjunto buscado, era la suma de las pequeñas mariposas, el conjunto de pequeños relatos, que como piedrecitas calcáreas o de vidrio de distintos tamaños y colores, formaban el dibujo final.

Por ello, en este blog, pensaba, no se exigía la concreta respuesta, ni la alusión amiga. Cada escrito, cada relato breve, cada microrrelato, era una simple piedrecilla del río -guija pequeña- que los artistas de este verbal y renovado “ars tessellarum” armonizaban geométricamente para formar el hermoso dibujo de sentido global.

Cada entrada en el blog, pensaba él, debía ser una linda tesela, imprescindible siempre, para la construcción de este total mosaico fulgurante de luz y de color. La policromía del puzzle, -sonido de palabras-, estaba encerrada en la pequeña “tesela”, rescatada de la orilla de un joven pero siempre familiar mar de orillas apacibles.

domingo, 13 de septiembre de 2009

EN EL CAMINO

Sentado en una piedra del camino, notaba que el bagaje que había ido acumulando a lo largo del tiempo era pesado. Demasiado bagaje para llevar a cuestas…

Cuando empezó su andar entre los hombres iba guardando en su viejo zurrón de caminante todo lo que encontraba en el camino. Así coleccionaba, con ilusiones nuevas, pequeñas figuritas con sabor de belenes, de atardeceres grises, sonrisas alocadas, palabras escuchadas ya perdidas, imágenes amigas…

La ruta tenía así sentido de logro y de aventura por los pequeños tesoros encontrados. (En verdad, baratijas, casi siempre, guardadas con ilusión y encanto).

Pero el camino, que empezó entre tonalidades tenues y sonrisas, fue adquiriendo tintes grises entre la bruma densa.

La tarde ya caía. Miró a lo lejos. Igual que D. Quijote tenía que maquinar nuevas batallas, nuevas misiones, desfacer los entuertos de antiguos malandrines. Miró la ruta larga que se abría ante sus ojos. Y, con cierta ironía, acompasada de inteligente porte, cargó sobre sus hombros el pesado zurrón. Era preciso retomar con ritmo decidido su camino.

sábado, 12 de septiembre de 2009

RECORDAR EN COLOR

Ha abierto la ventana deliberadamente despacio para dejar que el Septiembre de hoy se trague de golpe el calor estival.

- Ahora verás el sol de otro color - le dice la vieja oliva en la distancia.

- Como los recuerdos - piensa ella : multicolores según la luz de cada presente.

Entonces ha cerrado los ojos para mirar los pasados envueltos, esta vez, entre naranjas y verdes.

viernes, 11 de septiembre de 2009

RECUERDOS

Los recuerdos que esparce Antonio en su comentario de ayer, con olores de higueras y de umbrías, de flores marchitas y frescores de primavera, me ha inspirado para elegir el Microrrelato de hoy, que se va a titular así:

RECUERDOS

Había leído a Margaret Mead, en sus estudios de antropología cultural, que en el lenguaje de los indios Hopi de las Américas no se conjuga el pasado y el futuro, no conocen el antes ni el después: la vida se les concentra en un presente infinito, inalterable…
-¿Te imaginas, me decía enardecida de entusiasmo, que vivamos en cada instante toda nuestra historia, sin pérdidas ni reproches por errores pasados, sin temores por lo que pueda pasar…?
Permanezco dubitativo: ¿Me compensa una vida sin mis recuerdos y nostalgias, sin mis ilusiones y fantasías?

miércoles, 9 de septiembre de 2009

LAS PALABRAS

Por su mente revoloteaban las palabras. Pensaba él que eran sus pequeñas mariposas de cristal. Las había de todos los colores. De diferentes formas. Azules, rojas, verdinegras, cremas… Flotaban en el aire formando combinaciones ricas y expresivas. Era un secreto baile que enriquecía su mente y hablaba sus secretos.

Cuando quiso, como buen entomólogo del verbo, guardarlas en su caja de cristal, atravesadas con un alfiler propio de la entomología, una hermosa palabra se le escapó volando. Nunca ha sabido exactamente cuál se alejó de aquel pequeño círculo de mariposas-verbo que había ido atesorando a lo largo de su vida.

Su afán, desde entonces, ha sido darle caza. Guardarla entre las ricas piezas de su colección de hermosas mariposas… Pero no lo ha logrado. Ha tenido la impresión siempre de que algunas mariposas sólo existían para ser contempladas a lo lejos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

CADA MAÑANA

Hemos desabrochado el dia para que libere sus ratos de estar y ser una vez más.
La semana comienza con la normalidad de lo sabido, dentro de la cordura que nos imponemos para no convertirnos en Quijote de causas inexplicablemente perdidas.
Aunque ! qué bien sienta perderse en las locas causas que nos raptan fugazmente del cuerdo ejercicio de seguir viviendo!.

Ella lo sabía y cada mañana derramaba sus sueños de linda princesa mientras multiplicaba el gesto de empapar aquellos suelos gastados de años y días.
¿Vendría la locura a rescatarla?.

¿LOCURAS?


A alguien –según me dice- le ha producido extrañeza (hay quien me ha dicho también “admiración”) que me haya metido, a estas alturas de la navegación platónica, en una nueva aventura “internáutica”.

Les contestaré con el microrrelato de hoy:


¿LOCURAS?

Me cuenta mi amigo haberle leído a Umbral una idea de Voltaire, la de que Don Quijote se “inventaba pasiones”..., como por necesidad de ejercitarse, de mantenerse vivo, despierto y entrenado.

En el declive de sus años -continúa mi amigo-, para no dejarse arrastrar, río abajo, por las aguas sombrías de la entropía, la desgana vital y la decepción, el viejo caballero se inventaba cortesanos amores incongruentes, fantaseaba hazañas deslumbrantes, recorría caminos, madrugaba al alba, cabalgaba incansable, se sometía a ayunos y penitencias… “para ejercitarse”, pensaba Voltaire.
No estaba tan loco el Caballero Andante, fue la conclusión de Umbral.

Y es verdad –me quedo pensando- porque con su “triste figura” se inventó para sí mismo una terapia de entrenamiento imaginario y físico, que le recomendaría hoy cualquier buen psiquiatra o psicoterapeuta…

viernes, 4 de septiembre de 2009

DÉJAME QUE TE LO CUENTE

Te voy a contar relatos, breves relatos, microrrelatos se les llaman. Son un género nuevo (aunque han existido siempre): En la nueva modernidad que nos invade, y nos arrastra con sus acelerados oleajes, el Microrrelato es el género literario emergente y paradigmático: por lo que tiene de urgente, de inmediato; por lo que representa de provisionalidad, de pluralismo, de relatividad, de búsqueda incesante; por lo que supone de mestizaje de géneros: es tanto relato, como ensayo, como biografía, como crónica de vida, como poesía, donde lo que sugiere va siempre más allá de lo que dice… El Microrrelato, bonsái de la literatura, devuelve a la palabra la dimensión del Símbolo, como el fuego de los dioses rescatado por el Prometeo de la nueva modernidad…
Quizás los míos no sean para tanto. Pero ahí te los iré dejando, semana tras semana, cada lunes y cada viernes…
Y a mí con ellos.
Este es el primero. Te lo voy a leer (mejor: te lo voy a sussurrar). Escucha:
ALAS

Recordaba habérselo leído a Gustave Flaubert, que si miras al cielo acabarás por tener alas…
Estuvo durante un tiempo prolongado con la mirada fija en aquel cielo azul celeste de la mañana; vio nubes con formas humanas: un niño jugando con un aro, una mujer tendida de espaldas… Vio también figuras de animales: un ciervo, un ratón gris, una paloma con alas desplegadas… Percibió colores errantes: azul esborregado, reflejos rosas, tonalidades violetas, amarillas, verdes…
Después de un largo rato (no sabía cuánto tiempo había pasado), cerró los ojos… y se echó a volar.