sábado, 31 de octubre de 2009

EL MONSTRUO INTERIOR



“Todas las familias que son felices se parecen entre ellas, pero las que no son felices tienen, cada una, un modo propio de infelicidad”.
Son las palabras –me recuerda mi amigo- con las que León Tolstoi da empiece y horror a la trágica historia de una destrucción espiritual: la de Ana Karenina, esposa, madre y amante, a quien su propia pasión enloquecida le despedazó el alma, descuartizándole su cuerpo bajo las ruedas de un tren implacable.
El misterio del aniquilamiento de un cuerpo humano bajo la férrea ferocidad del tren, le comento, es el símbolo de una muerte previa, a manos de ese monstruo impetuoso que hace ruta entre los raíles sinápticos de neuronas y protoplasmas de la mente… Y le cito unos versos de "Las bacantes", vociferados por el viejo Eurípides:

¡Muéstrate, muéstrate!,
cualquiera que sea tu apariencia y tu nombre,
¡oh Toro de la Montaña, Serpiente de las cien cabezas,
León de la llama crepitante!...
¡Oh dios, bestia y misterio, ven!.

(Estoy estremecido, atemorizado por los confusos fantasmas de mi cerebro)

viernes, 30 de octubre de 2009

UTOPÍAS PARA VIVIR

Me decía mi amigo:

“La historia de los hombres es la historia de sus utopías. Sin metas y horizontes todo queda alicorto”.

“Es cierto, pensaba yo. La savia nueva que alienta el devenir del hombre es siempre la utopía. Sin la esperanza utópica todo el quehacer del hombre muere sin poder superar los “simples” hechos. Sus acontecimientos no miran al futuro”.

Y, en mi vieja condición de profesor, recordaba a Platón… Intuyó que sólo había tres momentos de esperanza capaces de cimentar la vida humana. Y los desarrolló en tres Diálogos: “La República”, en la que buscaba el reino de la justicia, junto a la perfecta naturaleza y organización del estado; “El Fedón”, que, ambientado en las últimas horas de la vida de Sócrates, racionalizaba la esperanza de perdurar más allá de la muerte; y ”El Banquete” en el que trazaba el delirio del amor, dentro de los auténticos límites del “eros” platónico.

“Quizás sean estos tres momentos, decía yo a mi amigo, los ejes en torno a los que debe girar toda nuestra utopía: la convivencia, el amor y la trascendencia de nosotros mismos”.

jueves, 29 de octubre de 2009

Despertar

Despertar

Uno se levanta con el cuerpo entumecido y los ojos perezosos; luego toma conciencia de estar vivo (¿qué diferencias habrán entre lo vivo y lo muerto?), una sonrisa asoma a la cara aún somnolienta. Más tarde uno se llena de una especial alegría al ver lo que te rodea y piensa, "el amor camina desde afuera hacia adentro". Enchufas la radio mientras te aseas y escuchas al mundo. Uno se pregunta, ¿de verdad lo que se dice en TV y la radio son las cosas del mundo?, tuerces el gesto porque esas cosas parecen no ir bien, y uno se pregunta, ¿cçomo es posible que el amor venga de allí? No hay respuesta.
Antes de salir apartas, con la mano extendida, el visillo de la ventana y entra un rayo de sol juguetón, travieso y sin control. El rayo deslumbra los ojos cansados y alegra la mente.
Después, te vistes y sales a la calle protegido por la coraza de la vestimenta.

LA POSIBLE PALABRA


De niños, nos parecía una proeza aprendernos el complicado nombre de ese músculo que nos permite girar la cabeza, el esternocleidomastoideo.
Después, como nos recuerda Tánger, llegó Mary Poppins con una extensa y divertida palabra cantada bajo la magia de su paraguas.
Hoy acepto esa especie de reto lanzado por Fernando y rebusco en mi almacén lingúístico, tratando de superar su adverbialización de 25 letras.
Confieso que me he rendido pronto porque me ha saltado al folio una palabra que no puedo resistirme a compartir con vosotros, ignorando su legalidad académica:
INTERCALEIDOSCÓPICAMENTE : " Dícese de la forma de componer este blog. Elaborado con los cristales varios que reflejan los infinitos matices del color de cada una de las voces que en él resuenan.".

Me he quedado a una del empate, amigo.

UNA HISTORIA DE AMOR Y DE TERROR




¿Conoces la historia de la antigua mitología helénica –le pregunté a mi amigo-, la de Dafne (nombre que significa “laurel”) que era hija de un dios, Peneo, corporizado en río fluyente, cuando el olímpico Apolo, prendado de su belleza, corría tras de ella, y la ninfa huía aterrorizada desoyendo sus insistentes llamadas de amor?

Hasta el amor y el deseo, cuando son impetuosos, llegan a ser sentidos como invasores enemigos, apostilló mi amigo.

Pues sucedió –proseguí- que en su despavorida carrera, el viento que soplaba en contra, la iba despojando, prenda a prenda, de sus vestidos, haciéndola, con su rubia cabellera flotando tras la nuca, mucho más bella y deseable pára el dios.

Cuando llegó a la orilla del río, sintiendo ya sobre su cuello el cálido aliento de Apolo, pidió auxilio a su padre, cuyo rostro se reflejaba desde las onduladas aguas del río. Y sucedió entonces que la limpia piel de sus blancos costados se le fue cubriendo de una corteza rugosa, sus pies presurosos se anudaron en raíces, sus brazos se le retorcieron como ramas, sus cabellos flotantes hicieron una lluvia de hojas y su cabeza erguida conformó la copa del más hermoso árbol.

Esta historia es el paradigma de las fuerzas que marcan el ritmo de nuestra vida (observó mi amigo): el dios alentado por el deseo, el amor y la esperanza; y la doncella fugitiva azuzada por el terror…

Es una triste historia universal (concluí yo): la del amor defraudado y del terror deshumanizante, paralizador del progreso humano en la vida.

miércoles, 28 de octubre de 2009

CHOCOLATE Y CLOONEY

Una copa de vino, chocolate y George Clooney era la receta " elevaánimo" que distribuían las protagonistas de una divertida comedia.
Las tres cosas son de mi agrado asi es que he decidido aplicarme el tratamiento con las limitaciones oportunas:
En el caso del vino, por mi escaso consumo de alcohol; respecto al chocolate, por no tentar al acné juvenil siempre a flor de piel; y en lo referente a Clooney, por no terciar en la feliz convivencia que mantiene con su cerdo mascota. Evidentemente.
Tales son los beneficios terapeúticos del lote que lo he regalado a un par de amigas en momentos de desánimo. Lo de Clooney, no disponible casualmente en dichas ocasiones, lo hemos solventado con unas cuantas risas y algo de imaginación.
Al fin y al cabo ,de lo que se trata es de romper el amargor con el dulce y premiarnos los instantes merecidos tras las batallas perdidas o los momentos ganados.
Al fin y la cabo, de lo que se trata es del placer mismo de saborearlo mientras la sombra de los cipreses se van extinguiendo. Aunque el " inhiesto surtidor de dombra y sueño" que poetizó Gerardo Diego, destacará siempre, solemne y vivo, entre los espesos muros de nuestros claustros.
Por eso, hoy sueño a la sombra de cada día, con el regusto rosado del vino y el dulzor oscuro del chocolate.
Y quizás me ponga una peli de Clooney.

La magia de las palabras

La magia de las palabras (1)
La teoría

Me gusta jugar con las letras. Elijo un grupo de vocales y de consonantes y calculo matemáticamente todas sus posibles combinaciones. Algunas de estas combinaciones son palabras asumibles en mayor o menor grado. En este sentido admiro a los llamados inventores de palabras.
Cuando uno habla de estas cosas observa en los demás algunas caras de sorpresas. Para sacarlos de su extrañeza, asombro o pasmos siempre hago dos cosas, una a continuación de la otra: 1) defiendo que las palabras no son más que juegos de letras a los que les damos significados variados, y 2) propongo algún ejemplo elegido al azar.
He aquí mi proceder teórico. Tomemos las siguientes letras A, A, A, M, U, T, C. Las combinaciones de siete letras tomadas de siete en siete son muchas, más que muchas son muchísimas. Algunas de ellas serían asumibles. Por ejemplo, MACAUTA, ATUMARA o TACAUMA.
La cuestión es, ¿por qué no darles vida con nuevas acepciones?
La magia de las palabras (2)
La práctica

Yo no me dedico a este menester pero Manolo Mira, conocido ya en este blog, sí lo hace dentro del papel que desempeña como aprendiz de filósofo. Le presenté el ejemplo de las palabras, cuya teoría aparece descrita en la parte 1 de este relato, y él propuso los siguientes significados:
ATUMACA: planta herbácea de sabor peculiar, más parecido al de la ensalada mixta completa que al de cada uno de sus componentes.
MACAUTA: viajero infatigable que usa medios públicos de desplazamiento y casas rurales para su alojamiento. El verbo macautar existe, es regular y no admite la forma reflexiva, y expresa la acción que lleva a cabo el macauta.
TACAUMA: Dícese de la persona incapaz de prestar o compartir algo.
Siguiendo este juego, Manolo Mira propone una palabra más confeccionada con las mismas letras:
MATUACA: Se usa para denominar a la persona que, sin tener la preparación y los conocimientos necesarios, se dedica a la política en forma casi profesional, llegando a transformarse en líder local eterno que antes o después tiene problemas con la justicia.
Algún día, quién sabe, esta palabra se incorporará al uso de lo cotidiano; no obstante, para definir a esta clase de personas yo sigo prefiriendo las palabras que todos conocemos y no decimos en público.

martes, 27 de octubre de 2009

LO DIJO SHOPENHAUER

El viejo filósofo Shopenhauer había escrito que los cuarenta primeros años de una vida hacen el texto, y los treinta siguientes, el cometario… Está claro, me comenta mi amigo, que tú y yo estamos ya “fuera del texto” (y tal vez, también fuera del “tiesto”), y que incluso se nos pasó ya el tiempo de hacer los comentarios y las revisiones. ¿Qué nos queda en estos quince años en que la vida se nos alarga, dándonos cobijo y sombra, como la del ciprés de Delibes?

Quizás lo que nos quede, le respondo, sea corregir las erratas, para dejarles a los que nos recuerden un texto limpio y aseado. Y transmitirles con ilusión algunos hallazgos, (es lo único que se me ocurre).

Pero es necesario hacerlo con presura, aduce él, sin extendernos demasiado, sin excesos innecesarios, sin complacencias redundantes: que el tiempo apremia y la sombra del ciprés ya se va extinguiendo…

Por eso escribimos microrrelatos, le contesto.

SIGFRIDO Y LAS AGUAS DEL RIO

Sigfrido, el héroe wagneriano, ve su imagen pintada en el arroyo cuando camina, indeciso aún, a través de los campos, los ríos y los bosques. Su alma se refleja en el arroyo terso.

“Llegué al arroyo claro y en su espejo / miré los árboles, los animales…;
Las nubes y el sol se reflejaban en él tal cual eran…
Entonces vi también mi propia imagen / surgiendo de aquel río…”


Su imagen le revela cuanto hay en el bosque. Con todo se unifica en visión numinosa, casi mágica. En el agua y en su espuma blanca Sigfrido lee el presagio que preparan los dioses. Y descubre, como un nuevo Narciso al verse en el cristal, el poder interior que se le ha dado… Sabe, -es el augurio-, que pronto arrebatará el tesoro a los Nibelungos… Y, así, al verse en el arroyo, renace en él la fuerza necesaria para llevar a término su empresa.

El mítico misterio de la imagen en las aguas del río, le desvela a Sigfrido el mensaje que los dioses han encerrado desde siempre en su alma. Hoy brota virgen en el cristal del agua.

domingo, 25 de octubre de 2009

VÍAS VERDES MINERAS


Ayer sábado, con una asociación, he recorrido un trozo de las rutas mineras que hay alrededor de Linares. Era el camino que usaban todos los días los mineros para ir al tajo a extraer el plomo y la plata. Toda la ruta discurre sobre las vías del tranvía y del tren que se utilizaban para sacar el mineral y transportarlo a Linares. Han sido 12 km. entre eucaliptos, jaras y chimeneas de minas abandonadas. Hermoso paisaje. Como hizo una buena mañana, he tomado unas fotos para podáis ver los antiguos pozos mineros que ya explotaban los romanos...

Los pozos mineros de las fotografías son Pozo Acosta y Pozo Ancho.

DESDE VARIOS SIGLOS ANTES, EN EL ÁGORA DE ATENAS...

Cuando el sol se desvanece tras las colinas de la “polis”, y sobre el cielo de la Acrópolis la luz agoniza y se diluyen los colores, el silencio se aposenta en el Ágora vacía, donde duermen ya los dioses de las civilizaciones, entre los reflejos de mortecinas antorchas que proyectan formas fantasmales sobre los muros de los templos de Zeus, de Apolo y de Hefestos… Para despertar mañana con la algarabía de los tratantes, los murmullos de los amigos y los viajantes, las voces de los oradores y los pregoneros, las disputas políticas, el grito de los niños y el alboroto de los animales que allí se concentran, en el Agora, siglo tras siglo, nada más despuntar el Alba…

AGORA ROTA

Caminamos por el delta del Nilo, en viejo “peripato”, sobre una loma que separa el lago Mareotis del Mar Mediterráneo. Están conmigo Ammonio y Jámblico… Alejandría se ve a lo lejos. Con paso cansino, con caminar pausado, conversamos…

--La política, tú lo sabes Ammonio Saccas, ha pretendido siempre ser un arte de buena convivencia. Porque las cosas de la "polis", las que tratamos cada día en el Ágora, son de todos los hombres. Buscamos unidades utópicas, no revueltas sociales. La religión y la cultura sólo deben servir para vivir la vida en armonía y arribar juntos a un feliz desenlace.

Pero en el Ágora, interviene Jámblico de Calcidia, vemos todo lo contrario: discursos zafios, luchas religiosas, parabolanos egoístas… No se escucha el progreso. Pareciera retumbar de nuevo la voz airada del viejo Jeremías cuando decía a los falsos profetas de Israel: “Estos hombres curan la herida de mi pueblo a la ligera, mientras gritan ¡paz!, ¡paz!… Siendo así que no existe la paz”.

--Quizás el error ha estado, digo, en dejar en manos de unos pocos las cosas de la “polis”. Se monopolizó la iniciativa, se cercenó la ruta y, hoy, nos hemos convertido en simples miradores de lo nuestro. Hemos llegado a ser, sencillas marionetas de un guiñol de artificio…

Raquítico legado, pensamos en silencio, el que dejamos a esta Alejandría…

viernes, 23 de octubre de 2009

CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR

Siempre tenemos, en nuestra propia mesa de trabajo, un cajón para guardar nuestros papeles sueltos. Entre ellos, hay vivencias viejas, oliendo muchas veces a rancia naftalina, que, ocasionalmente, se nos hacen presentes. El pasado entonces se hace palpable con juvenil urgencia y nuestra vida, así, es un recuerdo revivido en presente.

Pero es preciso que nuestras cosas viejas vayan siendo silencio. De lo contrario, como lo real, con frecuencia, se inserta en lo frustrante, lo soñado puede suplantar los hechos que vivimos.

Vivir en el pasado es vivir del ensueño. Y, ya se sabe, el ensueño es débil; lo soñado, vive unos instantes. Los años que se fueron son realidad únicamente en sueños.

Por eso sería ingenuo e imposible recrear un horizonte único solamente con sombras del pasado. Quizás, si vivimos anclados al pasado, sea cierto el refrán castellano: “Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria”…

jueves, 22 de octubre de 2009

ARIADNA Y SU MADEJA

Le hablé a mi amigo del Hilo de Ariadna, el que ayudó al héroe Teseo, desenrollándolo por los pasajes secretos del Laberinto de Creta, a encontrar y matar al Minotauro, liberando a la humanidad de su maleficio. Sólo bastó una fibra de lino, recolectado en los campos de la fantasía universal, y tantos siglos de agricultura, de labor afanosa de siembra, recolección, selección cuidadosa…; tantas manos cálidas y endurecidas; tantas mentes y corazones afanados en cortar, hilar, retorcer y conformar el cordel salvador, sostenido, al otro cabo, por la amorosa mano de una diosa…
¿Dónde está ahora el cabo suelto, despreciado por Teseo –exclamó mi amigo-, para que lo ate a mi muñeca y emprenda la aventura hacia el centro cavernoso de mi propio laberinto, y logre dar muerte al enloquecido minotauro que me acecha, y logre renacer de nuevo por al amor de Ariadna, la dulce, la compasiva, la inteligente, la entregada, la abandonada diosa de mis sueños?

miércoles, 21 de octubre de 2009

LA MUERTE ES EL DESTINO DEL AMANTE

Es tarde de levante en calma. Paseo, entre pinares y dunas con sabor de salitre por los labios. A lo lejos, tras las blancas salinas, el río va muriéndose en el mar. En profundo silencio. Ineludiblemente. Casi sin oleaje. Y viendo este morir lento de las aguas, comprendo que si el amor es fiel, la muerte es el destino del amante.

El río, con su camino eterno, en silencio amoroso, camina hacia el océano para morir amando. Todo el caudal que transportan sus aguas no es más que donación final para el océano. Sus últimas orillas, llenas de blancas y pequeñas olas, contemplan, como fieles testigos, un amor renovado que funde a los amantes.

Cuando hablaba a mi amigo de estas cosas, el siempre me decía: “Amar es morir en el amado, cierto…, pero es el paso previo para volver a nacer, resucitando…”

martes, 20 de octubre de 2009

INMORTALIDAD

¿Sabes a qué conclusión he llegado? , me dijo un día mi amigo: que eso de la “inmortalidad del alma” es una ilusión ilusionada, un producto del amor , con la que el ser humano dota a sus seres queridos para poder seguir teniéndolos y amándolos sin fronteras, más allá de la vida y de la muerte…
Yo lo escuchaba con escorada emoción, en silencio. Él proseguía como hablando para sí mismo: necesitamos, igual que cuando éramos niños, instalar un Belén en nuestro cerebro, con el papel de estaño del río, el talco de la nieve de las montañas, los Reyes Magos..., entre un enjambre luminoso de neuronas y mielinas centelleantes, para que la oscuridad y la sin razón no nos engulla entre sus sombras…
Pero, ¿quién sabe?, musitó.

lunes, 19 de octubre de 2009

Reflexiones sobre la libertad

Reflexiones sobre la libertad

El joven pecoso, Manolo Mira para más señas, no para de darle vueltas a una idea.
Maestro querido, ¿qué es la libertad?
Una vieja aspiración humana.
No entiendo tu respuesta. Ya sabes, maestro, que mis cortas luces a veces no comprenden el enredo en el que envuelves a tus sabias palabras. Si lo que yo interpreto resultase cierto, la aspiración sería solamente un deseo, ¿debo entender que la libertad es algo que existe solamente en la mente o en el corazón de los humanos?
El maestro sonrió.
Manolo, querido alumno, ¿necesita un preso salir de la cárcel para sentir intensamente la aspiración de ser libre?
Ahora me ha quedado claro, maestro; entonces, ¿podría decirse que si yo alcanzase el amor de Maribel perdería toda la aspiración que siento de amarla?, dijo el joven discípulo mientras sonreía maliciosamente.

domingo, 18 de octubre de 2009

DE CÓMO APARECIÓ LA NOCHE

Mientras paseábamos por el viejo malecón, vigilados por viejos macetones, con la eterna veleta marcándonos al sur, mi amigo me decía:

Entre los indios Guaraos existe la creencia de que al principio de los tiempos no existía la noche. Todo era un perpetuo día. La oscuridad la tenía metida un indio en su baulito, envuelta en una especie de paño. Nadie lo sabía. La noche era ignorada.

Un día, que el indio salió de pesca, dijo a su cuñado: “No toques mi baulito, cuídamelo y no permitas que nadie ande con él”.

Unos cuantos indios, excitados por la curiosidad, se dijeron:
“Veamos qué tiene escondido tu cuñado en su baúl”.

Lo abrieron y encontraron un envoltorio liado en una especie de pañuelo. Apenas lo habían desenvuelto, todo quedó en tinieblas sin que nadie pudiera distinguir los colores de las cosas que los rodeaban… La noche había empezado a ser…

Por eso, es tradición, entre ellos, continuaba mi amigo, que la curiosidad, la infidelidad a la palabra dada, trajo la noche entre los hombres.

Siempre pienso, le respondía yo, que los hombres tratamos de explicar con palabras simples y sencillas las cosas naturales… Cuando tocamos el mal con nuestras manos, buscamos enseguida la socorrida culpa mitológica, que explique su existencia. Es la manera que tenemos los hombres de liberarnos del cúmulo de culpas y de noches cerradas que siempre nos acechan.

PENDIENTE DE TITULO

Hoy he sentido la tentación dentro de mí. He notado una sensación extraña, muy parecida a la que se debería experimentar si un duende, diminuto, invisible y travieso, hubiese penetrado en mis entrañas de la misma forma que lo hacen los virus, disimuladamente, a traición, simplemente al respirar. Y ese duendecillo debe tener un poder sobre mí porque, obedeciendo sus órdenes, me levanté del sillón azul con pintas blancas y en relieve, tomé pluma y papel y me puse a escribir palabras de manera desordenada: unas junto a otras, o debajo de aquellas, o separadas de manera intencionada.

Luego el duende obró el milagro y las palabras se reorganizaron. Las palabras, juguetonas y picaronas, saben ordenarse de maneras distintas para expresar ideas, sentimientos, pareceres, halagos, críticas, odios, amores o consejos. Las palabras ordenadas son nuestos mediadores.

El texto resultante no tenía un título que lo definiera. Repentinamente, una palabra, que se hallaba medio adormilada al final del papel, cambió de lugar, se tiñó de negrita y ocupó el sitio del título. Esa palabra era Plenitud.

No quise forzar más, volví a mi viejo sillón azul con pintas blancas, y me dispuse a leer lo que había escrito el misterioso duendecillo.

sábado, 17 de octubre de 2009

MÁS SOBRE NARCISO

Lo había leído en los escritos del historiador y filósofo Joseph Campbell: que el poderoso héroe de fuerzas extraordinarias, el que puede levantar el Monte Govardhan con un solo dedo, y llenarse con la gloria del Universo, está en cada uno de nosotros… ¡Caramba!, se dijo, y siguió leyendo: “no el ser físico que se refleja en el espejo, sino el rey que habita en tu interior”.
Se miró en el espejo y no logró trascender la imagen deslustrada del ser físico que se reflejaba en él.
Se miró en el agua del arroyo, igual que hiciera Narciso, y le pareció ver, entre su propia imagen tremulante, hecha de agua entre las aguas, estrellitas de oro que reflejaba el agua en su corriente, como desprendidas de la corona de un rey...
(Y comprendió la razón de la sabia sentencia latina: “In natura, veritas”).

viernes, 16 de octubre de 2009

Me sugiere un seguidor “entusiasta” de nuestro blog que no seamos presurosos en entrar con un nuevo microrrelato inmediatamente después del anterior, que dejemos por lo menos un día para degustarlo..., y para que no se acumule demasiada lectura a los que no suelen abrir el blog todos los días.
¿Qué os parece?

jueves, 15 de octubre de 2009

NARCISO Y SU BELLEZA

A la muerte de Narciso, la laguna a la que él acudía para verse reflejado en sus aguas, se había convertido, llorando su tristeza, en una copa de lágrimas saladas. Y, cansinamente, desde sus quietas aguas, iba respondiendo a las ninfas que lloraban la muerte de su príncipe: “Yo amaba a Narciso porque, cuando se sentaba junto a mis orillas y miraba mis aguas, en el espejo de sus ojos yo veía reflejada mi propia belleza…”

- Eso significa, decía mi amigo, que no existe lo bello si no lo descubrimos en el espejo de nuestras aguas tersas. Somos lagunas pequeñitas para darles belleza a los narcisos de nuestro alrededor…

- Quien sabe dar belleza, le respondía, posee ya en sí la paleta del arte. Sólo leves destellos de amor y de esperanza le sirven al artista para encontrar la estética adecuada. En el bronce que espera para ser labrado -nuestras aguas mansas-, se reflejará lo bello imaginado y así podremos darlo. Todo es labor de fina tracería. Orfebres de lo bello es lo que somos…

miércoles, 14 de octubre de 2009

La trampa (I)

La trampa (I)

El joven aprendiz de filósofo es una perona inquieta y al mismo tiempo refleja calma; se trata de un joven pensador que necesita de la lectura meditada y también de sentir la presencia de otros jóvenes como él con quienes vivir la vida. Manolo Mira no es una persona ajena a las de su universo: los otros se recrean en aspectos más lúdicos del vivir y él se recrea con su particular introspección en el mundo filosófico.
Necesita saber por qué está en el mundo que le ha tocado vivir.
Maestro, preguntó cordialmente a su viejo profesor, ¿el día y la noche son conceptos inequívocos?
Sí, y al mismo tiempo son convencionales. Nos hemos puesto de acuerdo en denominar día al período de tiempo en el que hay luz solar.
Bien, contestó el joven. ¿Y el término dios es también un concepto inequívoco?
El maestro lo miró con ojos desconfiados; sabía que le estaba preparando otra de sus múltiples trampas dialécticas en las que muchacho brillaba con luz propia.
El viejo profesor sabía muy bien que lo teórico y lo real constituyen mundos muy diferentes.

"SHADOWS AND FOGS"

Le oía preguntarse angustiado, atormentadamente, noche tras noche: ¿Dónde está Dios, si es que existe? ¿cómo es, ¿quién puede describirlo? No veo más que sombras y tinieblas, “shadows and fogs”, como en la película de Woody Allen. O es todo una impostura…

Un día, lo agarró ella por los brazos y le gritó, mirándole a los ojos: ¿Pero qué no es dios? Ese sentido, el último o el primero, entre todos los inmensos sin-sentidos, eso que todo lo impregna, que todo lo envuelve y lo penetra, esa belleza que rezuma de todo, eso que a pesar de las terribles sombras aciagas, en algún momento nos ilumina... ¿Qué sé yo?
Entonces pienso, replicó él con energía, que la palabra Dios debería prohibirse durante varias generaciones (lo mismo que la palabra amor)... hasta que se purifique.

martes, 13 de octubre de 2009

Días de claridades

Días de claridades
A veces, sobre todo en los días que van detrás de las noches de insomnio, me da por pensar en cosas raras. Esos días a los que me he referido son más frecuentes de lo que uno quisiera. Yo no los llamaría días negros, ni horrorosos, ni pesados. Son días en los que la realidad apabulla a lo pensado. Es entonces cuando solemas llamar pan al pan y vino al vino. Son días de claridades. Y yo he tenido uno de esos días al finalizar el puente.
Transcurrido esos días de fiesta, leo el relato de Fernando titulado La Fiebre del Oro. Sutil e irónico, habla en él de cosas actuales que no son las cosas sencillas, las cosas del campo, a las que me referí hace unos días y, como hoy en uno de esos días de claridades, me viene a la mente una idea simple: el pecado de los que predican la necesidad de no pecar es más grave que el de los hombres y mujeres que poblamos el mundo sin grandes afanes ni fiebres de oro.
Y todo pecado debe tener su penitencia.
En estos casos, la penitencia no puede ser unos simples tres padrenuestros.

LA FIEBRE DEL ORO



Encuentro a mi amigo con un periódico entra las manos y con semblante irritado y enérgico: Si se acusa a un partido -me manifiesta enardecidamente- de vinculaciones con la corrupción, es imperativo y perentorio, es inexcusable, hacer las depuraciones necesarias y llevar hasta el límite la condena de esta vergonzante situación, la de los administradores que escamotean y usurpan los bienes de sus administrados. (La firmeza de sus palabras le entrecorta la respiración).
Estoy de acuerdo contigo, le replico, pero ten en cuenta que la corruptibilidad no es una condición atribuible en exclusiva a los partidos políticos, la corruptibilidad es la condición generalizable del corazón humano cuando no está positivamente motivado.
Tienes razón, me contesta más sosegadamente, la corrupción política es el síntoma de una grave enfermedad social, casi epidémica en nuestra civilización: la falta de valores y de utopías, de objetivos altos hacia los que elevar la mirada; la carencia de “sentido y sensibilidad” solidarias… Es entonces cuando enferma de la “fiebre del oro” y se ceba en la carroña del “enriquecimiento rápido”, antes de que otros se le adelanten…
Desgraciadamente, concluyo, eso ha existido siempre dentro de este pobre, contradictorio, ruin y excelso corazón humano.
Se queda mi amigo en silencio, como pensando para sus adentros: No tiene más remedio que la denuncia implacable y el rearme permanente de valores y utopías dinamizadoras
(musita).

lunes, 12 de octubre de 2009

CONSIGO MISMO

En un programa de radio, en la madrugada, el locutor preguntaba a sus oyentes:

- “¿Qué se llevaría usted a una isla desierta”?

Las respuestas de los noctámbulos de la radio eran diversas:

-“A mi mejor amigo”, decía uno; “A mi perrita”, “A mi novia”…, “Una buena novela de aventuras”, “Un telescopio para mirar la noche y las estrellas…” respondían indistintamente. Uno, sin embargo, dijo: “Me llevaría a mí mismo”. Esta respuesta produjo un silencio profundo…

Preguntó el locutor, de nuevo, al oyente:

- “¿Cómo podría usted llevarse a sí mismo?”. “Y ¿para qué lo haría?”

Y el oyente, pausadamente, como quien habla consigo mismo, respondió:

- He aprendido y vivido tantas cosas a lo largo de mi vida, que no he tenido aún tiempo de contármelas todas. Sería ésta una buena ocasión de hacerlo en la soledad de la isla… Y no olvide, explicaba el oyente al locutor, que ya no estaría solo. Seríamos dos: el yo que he sido siempre y ese otro yo, acompañante y testigo ocasional de mi mismo bajo las estrellas.

domingo, 11 de octubre de 2009

ÍCARO

Recordábamos mi amigo y yo el mito de Dédalo, en la antigua Grecia, cuando se sirvió de una tecnología avanzada para fabricar las alas con las que su hijo Ícaro pudiera escaparse del laberinto de Creta, que él mismo había inventado. Le recomendó encarecidamente que no volara demasiado alto, no fuera que el calor del sol derritiera la cera de sus alas, ni demasiado bajo para que no lo engullesen las olas del mar…
Y le fue dado contemplar, con desesperado dolor de padre, cómo su hijo, entusiasmado con el vuelo, se iba elevando a demasiada altura, hasta que el sol derritió sus alas…, y se perdió en el mar.
¿Es un alegato contra los riesgos de la tecnología?, le pregunté.
No, me contestó, es un paradigma de la ambición desmedida.
Y del humano anhelo de eternidad, repliqué.

sábado, 10 de octubre de 2009

Las cosas del campo

En mi cumpledías la mañana me ha obsequiado con generosos y sencillos regalos: una luz envolvente, una rosa roja que ayer no estaba, el saludo de mi vecino en el ascensor, una brisa fresca que invitaba a caminar junto al mar por el sitio en el que se divierten las olas, un concierto de Keith Jarret que dio en Japón en 1976 y que, gracias a la moderna tecnología, puedo llevar en mi bolsillo. Y muchas cosas más cuya enumeración sería prolija.
Sin embargo, no ha traído hasta mí las cosas del campo, cosas también sencillas, cuyo espíritu fue descrito magistralmente por el poeta Muñoz Rojas, fallecido hace unos días a punto de cumplir cien años. Y es que el campo no puede ni debe venir hasta nosotros.
La brisa también ha traído otras noticias peores, pero hoy es mi cumpledías y no deseo hablar de ellas. Eso queda para más adelante. Como las cosas del campo.

viernes, 9 de octubre de 2009

UNIVERSO



Una de las creencias míticas de la milenaria sabiduría india es que el Universo es un sueño de Brahma...
¿Y qué sucederá cuando Brahma despierte de su sueño?, le pregunto entre sobrecogido y escéptico.
Que el Universo desaparecerá, me responde seriamente mi amigo.
Me quedo pensando que no es algo demasiado sorprendente. ¿No será un símbolo de los que nos ocurre, tan habitualmente, mientras leemos un libro: que soñamos mundos, más reales muchas veces que la propia realidad... Mundos mágicos que desaparecen cuando despertamos?
...Y que recuperamos mágicamente –asevera mi amigo- cada vez que nos sumergimos en los universos soñados de una nueva lectura.

EL FINAL DE LA TIERRA


(Mil cuatrocientos noventa y… Eran años aquellos de conquistas, de descubrimientos… Todo tenía dimensiones de aventura. Antes de que las naves partieran y de que el viento, en ese momento soplando de mar adentro, llegara a empujar con fuerza las velas de nuestras naves, hicimos alto en Finisterre, para, desde allí, tomar el camino de Lisboa…)

… Y pensaba, como era común en aquel tiempo, que cuando llegara al “Cabo Finisterre” (“Fisterra”, lo llamaban los naturales del lugar), el final de la tierra se vería. Podría casi tocarse con la mano. Y le producía honda emoción imaginar que sería posible mirar la noche oscura del “no-ser”. El vacío, como lo llamaban los antiguos.

Pero su decepción, cuando llegaba al Cabo iba siendo grande. En “Finisterre” no se veía el no-ser. Todo lo que existía era un inmenso mar. Un mar llamado “Mar del Norte”, al que después llamarían “Oceanus Atlanticus”.

Y el hombre, que buscaba el gran descubrimiento mientras marcaba sus pisadas en la arena del cabo mirando en lontananza, pensaba que el cartógrafo habría errado al dibujar la tierra. El final no estaría en “Finisterre”. Estaría tras el mar que se abría ante sus ojos. Y decidió, en aquel momento, buscar el “Golfo Finismaris” que, sin duda, sería el final de la tierra…

Ciñéndose la parda estameña que llevaba al hombro y calándose un sombrero de fieltro que le resguardaba de la fina lluvia que lentamente calaba ya sus huesos, marchó a buscar la otra nave que con vientos soplando al sotavento, como soplaba entonces, le conduciría, de ello estaba seguro, al “Golfo Finismaris” y al final de la tierra.

jueves, 8 de octubre de 2009

Mutis, mutis y mutis

Mutis, mutis y mutis

(Dedicado a mi buen amigo José María, que ha escrito sobre el tema)

Buceando en mis recuerdos (¿existirá el plural de recuerdo?) afloran los tiempos en los que, como estudiante contestatario de aquella época, hice teatro en el grupo universitario dirigido por el insigne Martín Recuerda. Los Persas, de Esquilo, fue, posiblemente, nuestro mayor éxito. El coro era el pueblo, el corifeo era el político o director del pueblo; después estaban los protagonistas. Una observación: el coro nunca hizo mutis en aquel montaje; sin embargo, todos y cada uno de los demás personajes hicieron sus respectivos y obligados mutis por el foro.
Ha regresado este recuerdo a mi mente en el preciso momento, tantos años después de aquella representación, en el que ha cambiado el concepto de hacer mutis. Por ejemplo, algunos, muchos desgraciadamente, hacen mutis sin desearlo ni poder permitírselo y entran en paro, mientras que el mutis de otros va acompañado de una recompensa que muy pocos ganarían trabajando durante dos o tres vidas consecutivas. Ahora, el pueblo sencillo, aquel coro al que yo pertenecí, es el que se ve obligado a hacer mutis; sin embargo, otros, no diré quienes por no faltar a la inteligencia de quienes lean este relatillo, no encuentran la puerta (¿la habrán tapiado?) por la que marcharse y, sin embargo, sus papeles en la obra de teatro alcanzan cotas de tragedia, a veces mayor que la descrita por Esquilo.
Finalmente, tengo que reconocer que yo prefiero el mutis silencioso, que pasa desapercibido y no da pie ni siquiera al vertido de algunas lágrimas. Más bien sería un mutis silencioso y agradecido.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Dormir y soñar

Dormir y soñar

Sentado en ese viejo sillón al que me he referido en alguna ocasión, he sentido el vértigo que produce la entrada en los tres minutos reparadores que se llama "la cabezada". En el duermevela he recordado los tres días pasados en Barcelona, en un congreso de química. Como lengua oficial se designó el inglés; allí se podía encontrar a dos científicos, uno de Madrid y otro de Santiago de Compostela, por ejemplo, hablando en inglés. Pero no es a esto a lo que yo me quería referir en este pequeño relato, sino al sueño. Uno de los científicos, holandés para ser más preciso, habló de los perfiles del sueño en las edades del recién nacido, de la adolescencia y del individuo adulto. La finalidad era encontrar moléculas que puedan modificar nuestro sueño.
Empero, ahora, en ese viejo sillón azul con pintas blancas que yo toco con las yemas de mis dedos, como el bebé se entretiene con su trapo personal, sueño feliz durmiendo según marcan las reglas para los adultos. Y en mi sueño fisiológico, inducido por un buen yantar, se me aparece alguien con bata blanca y un comprimido entre los dedos, que dice, "tómese esto que usted duerme poco y mal".
Y sin saber por qué me desperté con angustia vital. ¿Acaso nos estamos acercando al tiempo de los individuos que predijo Aldoux Huxley, acaso todos tenemos que dormir las mismas horas, beber la misma ingesta de alcohol, generar los mismos sentimientos, votar a un mismo partido o tener el mismo dios?
Finalmente, abrí los ojos, los volví a cerrar y me dejé nuevamente devorar por otros tres minutos, que resultaron diez esta vez.

SALIDA DE LA ESCENA


En el teatro, había pensado él, siempre un “mutis” bien hecho, ajustado a la obra, constituye un éxito, aunque normalmente no es aplaudido por los espectadores.

En esta vida, “gran teatro del mundo” en el que somos, hay salidas de escena inadvertidas para la mayoría. Estos buenos actores secundarios, han cumplido su “rol”: entraron en la escena cuando el director les marcó el tiempo, representaron el papel asignado y, en el momento justo, salieron de las tablas sin llamar la atención. Pero en su mutis el espectador se quedaba en silencio…

Opinaba que esta forma de salir de la obra era la propia de este tipo de actores. Para cumplir bien con el guión escrito, no hacía falta declamar el papel gesticulando mucho, ni prolongar su tiempo sobre tablas… Sólo era necesario salir a escena, decir la frase justa y desaparecer en momentos precisos sin grandes alharacas.

martes, 6 de octubre de 2009

La soledad de los números primos, los humanos y otros entretenimientos

La soledad de los números primos, los humanos y otros entretenimientos.

El tres está siempre solo. Los demás números primos contemplan su soledad casi con envdia. Porque a nadie se le ocurre decir, "tengo mil trescientas cuarenta y una razones para..." (en el caso de que este número, elegido al azar, sea también primo). No, cada uno tiene generalmene tres razones (azar, necesidad y libertad de Fernando), nos movemos a la de tres (a la de una, a la de dos...); en general, nuestras argumentaciones se basan casi siempre en ese número mágico y solitario. Hasta en una de las religiones dominantes el dios existe en tres personas.
Y sin embargo hemos nacido, como cualquier otra especie animal, para andar de dos en dos. Me remito al bellísimo relato de Fernando.
Es una reflexión, ésta que hago aquí y ahora, que puede caer en eso que se llama frivolidad. Las grullas eligen a su pareja y viven siempre junto a ella. Es bellísimo su vuelo emparejado. No sé si las grullas tienen sentimientos y razón, pero cuando éstas y otras cualidades humanas, son tenidas en cuenta, el número tres (y el uno) se hace más importante que el dos.
¡Qué tontería acabo de decir!, pero la he dicho y no me voy a desdecir de ella. La soledad de los números primos es también la de los humanos. No siempre.
Una vez escribí un relato en el que el personaje (Juan de Día) hablaba con un gato y éste le contestaba. Cada uno buscaba ser dos, a su manera.

AZAR, NECESIDAD, LIBERTAD

El proceso de la vida -empezó a decirme ella, con expresión de gravedad en el rostro- es como una malla que se va anudando permanentemente con la combinación de tres nudos: el del Azar, el de la Necesidad y el de la libertad (yo la miraba fijamente sin disimular mi extrañeza). En nuestra vida, el Azar fue habernos encontrado, hace treinta años, en aquel atardecer lluvioso de un febrero parisino. La Necesidad era lo que tú y yo habíamos hecho de nosotros mismos hasta entoces y que nos había llevado adonde estábamos. La Libertad fue nuestra decisión de pasear bajo la lluvia hasta empaparnos, de dejar después secarse la ropa junto a la cálida estufa de tu apartamento sobre las escaleras de Montmatre, y el abrazo ardiente que calentó nuestros cuerpos durante toda la noche... (Yo le sonreía con los recuerdos).
Hoy, pasadas ya tres décadas, en este día sofocante de un julio córdobés, la Necesidad, es decir: lo irreversible, son los destrozos que hemos ido haciendo en la malla de nuestra vida. El Azar es que he conocido a otra persona, y de la Libertad hago uso en este mismo momento con una sola palabra: Adiós, Arturo...
(Tuve que bajar la vista, sin fuerzas ni para despedirme).

lunes, 5 de octubre de 2009

SUEÑO

Me contó un sueño: Estaba en un escenario, vestido de frac y llevaba sombrero de copa y una varita mágica. Pidió la amable atención del distinguido público, se cortó la cabeza de un tajo, la metió en la chistera, revolvió el contenido… Y, a continuación, sacó la cabeza de la chistera y se la puso de nuevo sobre el cuello. Dijo “voilá”, se inclinó, y todos le aplaudieron…
Entonces fue cuando saqué yo la cabeza del libro que estaba leyendo y me la coloqué sobre mi propia autoimagen, bajo la prolongada mirada que Sándor Márai me dirigía desde la foto de la contraportada.

domingo, 4 de octubre de 2009

EL SECRETO DEL SUEÑO

El alba despertaba la mañana de otoño. Un despertar desapacible, entristecido, inhóspito. La lluvia hacía más invisible aún la geografía cercana de estrechas avenidas y rincones ocultos.

Él recordaba aún las fantasías oníricas de su cercano sueño. Las débiles imágenes de lo real-soñado, al despertar, cobraban siempre vida imaginaria sin límites de tiempo, sin vivencias de tránsito, sin percepción de finitudes íntimas. Podía casi pensarse que, mientras se soñaba, se había perdido el alma…

Ahora, ya despierto, todo se le mostraba, de nuevo, atado al flujo y al reflujo de un tiempo insoslayable…

¿No sería lo mejor, pensaba él, vivir soñando siempre, sabiendo que en el sueño, porque no existe el límite, el camino es más amplio y la tarde tiene un sabor distinto?

Si fuera así, pensaba contemplando la ruta indefinida de las aguas, seríamos espectadores de nosotros mismos. Viviríamos mágicamente instalados en una duermevela real-imaginaria. ¿No sería así, quizás, toda la vida un sueño…?

sábado, 3 de octubre de 2009

La palabra, la lógica y la cordura

La palabra, la lógica y la cordura

Maestro, preguntó el joven Manolo Mira, ¿por qué y para qué usamos la palabra? El viejo maestro frunció el entrecejo. Conocía bien al joven y sabía que le tenía preparada alguna trampa dialéctica. Quiso ser cauto.
Los humanos desean y necesitan comunicarse entre ellos, respondió con prudencia.
Entonces, la palabra tiene sentido sólo cuando la usamos delante de otro, replicó el joven aspirante a filósofo.
No necesariamente Manolo, podemos hablar solos.
Entonces nos llamarán locos, o simplemente seremos locos, según el decir de la gente.
¿Ypor qué dos o más personas que hablan entre sí no pueden estar locas, muchacho?
¿Qué es la locura, maestro?
Lo hablaremos otro día, jovencito; sin embargo, ¿tú que dirias de alguien que hable colocando las palabras en un orden ilógico?
Luego la palabra, la lógica y la cordura tienen mucho que ver, respondió el joven mientras sonreía maliciosamente.

viernes, 2 de octubre de 2009

El silencio que habla

El silencio que habla
A Manolo Mira le encanta filosofar. Se puede decir de él que es un aprendiz perpetuo de filosofía. Constantemente pregunta a su maestro y éste le responde con palabras que Manolo recibe, conserva, acaricia, pule y analiza en profundidad.
Maestro, inquiere nuestro personaje una soleada mañana otoñal, ¿somos lo que dicen las palabras que somos?
El maestro no respondió. El chico insistió y el maestro continuó dentro de su silencio.
Gracias querido maestro. He entendido lo que tu silencio me ha dicho.

LIMITES Y PALABRA

Es cierto... La palabra jamás puede encerrar el afán silencioso que el corazón soporta…

Cuando intenta decir los nombres de las cosas, el verbo se hace torpe. Con él sólo balbuceamos el llanto, el dolor y, también, el gozo que hemos ido guardando durante mucho tiempo en el fondo de nuestra propia alma. Sólo es un balbuceo… Para otras cosas, quizás, no sirva la palabra…

… Y, si la cosa es así, es posible que el verbo sólo sirva para apagar ya débiles rescoldos encendidos… Nunca, para avivar las llamas de unas ascuas resguardadas durante mucho tiempo con tonos casi mágicos.

MÁS DEL SILENCIO Y LA PALABRA

Cuidaba tanto las palabras, que cada vez se resistía más a pronunciarlas: no fuera a ser que se gastaran, o se ensuciaran, o se evaporaran en el aire…, o que alguien se las robara.
Así que decidió no volver a hablar, más que para sí mismo.

jueves, 1 de octubre de 2009

A propósito del silencio y las palabras

Manolo
Se llama Manolo. Para ser algo más explícito, el chico que camina llevando unos libros cogidos con su mano izquierda, el brazo estirado hacia abajo aunque algo curvado para dejar sitio al material que transporta, la cara algo pecosa y una nariz ligeramente achatada, que asoma tímidamente debajo de unos hermosos ojos negros, sí, ese joven se llama Manolo Mira. Camina lentamente y dirige la mirada al suelo. Piensa. Se podría afirmar que ahora va ensimismado en su pensamiento.
Llega al instituto. La primera clase es Filosofía. José Carlos y Maribel lo flanquean en el banco; ella se ha situado a su derecha y le cuchichea algo al oído mientras él sonríe y le guiña un ojo. Tema de hoy: vida y existencia.
Después de unas reflexiones hechas por el profesor, Manolo levanta el brazo y pregunta:
¿Qué es vivir, maestro, lo que hago cada día o lo que cada noche pienso?

MILAGRO

Me lee mi amigo un verso de Luis Rosales: “cada vez que digo una palabra se hace un milagro”…
Y yo pienso, desde una cercana experiencia dolorida, que morirá una madre, todas morirán algún día, pero seguirán existiendo, inextinguibles y plenas, en el interior incesante de la palabra “Madre”.

Él continúa espigando versos de Luis Rosales: “Cada vez que se dice, por vez primera, una palabra se ensancha el mundo conocido”, y “cuando digo la palabra envidia el mundo amarillea”, y “al pronunciar la palabra azucena se va abriendo una flor”….

EN EL SILENCIO SOMOS

No todas las palabras viven en el olvido. Algunas se resisten a ser cristales rotos. Renacen, a menudo, bañadas de inocencia, tal como fueron en su vivir primero. Porque siendo, sirvieron para ser.

Su silencio, -si en la tarde aparece-, es sólo el susurrar de lo que vive oculto. Pero nunca es su muerte. Siempre nos hablan, con contornos precisos, de lo que fuimos y de lo que vamos siendo. Con ellas aprendimos a nombrar nuestras cosas… Maduramos en ellas…

Su olvido, -triste ser del silencio-, cuando se presenta, adelanta la muerte lentamente. Y entonces, todo lo nuestro, sin poder evitarlo, se nos marcha con ellas…

La bruma, entonces, aparece en la tarde… El final de la ruta ya se acerca.