Es cierto... La palabra jamás puede encerrar el afán silencioso que el corazón soporta…
Cuando intenta decir los nombres de las cosas, el verbo se hace torpe. Con él sólo balbuceamos el llanto, el dolor y, también, el gozo que hemos ido guardando durante mucho tiempo en el fondo de nuestra propia alma. Sólo es un balbuceo… Para otras cosas, quizás, no sirva la palabra…
… Y, si la cosa es así, es posible que el verbo sólo sirva para apagar ya débiles rescoldos encendidos… Nunca, para avivar las llamas de unas ascuas resguardadas durante mucho tiempo con tonos casi mágicos.
Cuando intenta decir los nombres de las cosas, el verbo se hace torpe. Con él sólo balbuceamos el llanto, el dolor y, también, el gozo que hemos ido guardando durante mucho tiempo en el fondo de nuestra propia alma. Sólo es un balbuceo… Para otras cosas, quizás, no sirva la palabra…
… Y, si la cosa es así, es posible que el verbo sólo sirva para apagar ya débiles rescoldos encendidos… Nunca, para avivar las llamas de unas ascuas resguardadas durante mucho tiempo con tonos casi mágicos.
... Háganse -pues- las llamas, y su magia.
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