El alba despertaba la mañana de otoño. Un despertar desapacible, entristecido, inhóspito. La lluvia hacía más invisible aún la geografía cercana de estrechas avenidas y rincones ocultos.
Él recordaba aún las fantasías oníricas de su cercano sueño. Las débiles imágenes de lo real-soñado, al despertar, cobraban siempre vida imaginaria sin límites de tiempo, sin vivencias de tránsito, sin percepción de finitudes íntimas. Podía casi pensarse que, mientras se soñaba, se había perdido el alma…
Ahora, ya despierto, todo se le mostraba, de nuevo, atado al flujo y al reflujo de un tiempo insoslayable…
¿No sería lo mejor, pensaba él, vivir soñando siempre, sabiendo que en el sueño, porque no existe el límite, el camino es más amplio y la tarde tiene un sabor distinto?
Si fuera así, pensaba contemplando la ruta indefinida de las aguas, seríamos espectadores de nosotros mismos. Viviríamos mágicamente instalados en una duermevela real-imaginaria. ¿No sería así, quizás, toda la vida un sueño…?
Él recordaba aún las fantasías oníricas de su cercano sueño. Las débiles imágenes de lo real-soñado, al despertar, cobraban siempre vida imaginaria sin límites de tiempo, sin vivencias de tránsito, sin percepción de finitudes íntimas. Podía casi pensarse que, mientras se soñaba, se había perdido el alma…
Ahora, ya despierto, todo se le mostraba, de nuevo, atado al flujo y al reflujo de un tiempo insoslayable…
¿No sería lo mejor, pensaba él, vivir soñando siempre, sabiendo que en el sueño, porque no existe el límite, el camino es más amplio y la tarde tiene un sabor distinto?
Si fuera así, pensaba contemplando la ruta indefinida de las aguas, seríamos espectadores de nosotros mismos. Viviríamos mágicamente instalados en una duermevela real-imaginaria. ¿No sería así, quizás, toda la vida un sueño…?
"Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente; lo cual quiere decir / que yo trabajo con toda la realidad".(Raúl González Tuñón)
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