jueves, 1 de octubre de 2009

EN EL SILENCIO SOMOS

No todas las palabras viven en el olvido. Algunas se resisten a ser cristales rotos. Renacen, a menudo, bañadas de inocencia, tal como fueron en su vivir primero. Porque siendo, sirvieron para ser.

Su silencio, -si en la tarde aparece-, es sólo el susurrar de lo que vive oculto. Pero nunca es su muerte. Siempre nos hablan, con contornos precisos, de lo que fuimos y de lo que vamos siendo. Con ellas aprendimos a nombrar nuestras cosas… Maduramos en ellas…

Su olvido, -triste ser del silencio-, cuando se presenta, adelanta la muerte lentamente. Y entonces, todo lo nuestro, sin poder evitarlo, se nos marcha con ellas…

La bruma, entonces, aparece en la tarde… El final de la ruta ya se acerca.

2 comentarios:

  1. Algunas palabras nunca acabarán de morir si han sembrado con acierto la semilla de lo que significan, amigo.

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  2. Qué hermosísima oración a las palabras, José María; es como si las acariciaras con la mayor delicadeza y el buen amor, desde el profundo agradecimiento.

    Porque somos nosotros quienes morimos, sin ellas. Como diría el tango: "Cuando no salgo a bailar / siento más cerca la muerte".

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