Me contó un sueño: Estaba en un escenario, vestido de frac y llevaba sombrero de copa y una varita mágica. Pidió la amable atención del distinguido público, se cortó la cabeza de un tajo, la metió en la chistera, revolvió el contenido… Y, a continuación, sacó la cabeza de la chistera y se la puso de nuevo sobre el cuello. Dijo “voilá”, se inclinó, y todos le aplaudieron…
Entonces fue cuando saqué yo la cabeza del libro que estaba leyendo y me la coloqué sobre mi propia autoimagen, bajo la prolongada mirada que Sándor Márai me dirigía desde la foto de la contraportada.
Entonces fue cuando saqué yo la cabeza del libro que estaba leyendo y me la coloqué sobre mi propia autoimagen, bajo la prolongada mirada que Sándor Márai me dirigía desde la foto de la contraportada.
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