domingo, 25 de octubre de 2009

AGORA ROTA

Caminamos por el delta del Nilo, en viejo “peripato”, sobre una loma que separa el lago Mareotis del Mar Mediterráneo. Están conmigo Ammonio y Jámblico… Alejandría se ve a lo lejos. Con paso cansino, con caminar pausado, conversamos…

--La política, tú lo sabes Ammonio Saccas, ha pretendido siempre ser un arte de buena convivencia. Porque las cosas de la "polis", las que tratamos cada día en el Ágora, son de todos los hombres. Buscamos unidades utópicas, no revueltas sociales. La religión y la cultura sólo deben servir para vivir la vida en armonía y arribar juntos a un feliz desenlace.

Pero en el Ágora, interviene Jámblico de Calcidia, vemos todo lo contrario: discursos zafios, luchas religiosas, parabolanos egoístas… No se escucha el progreso. Pareciera retumbar de nuevo la voz airada del viejo Jeremías cuando decía a los falsos profetas de Israel: “Estos hombres curan la herida de mi pueblo a la ligera, mientras gritan ¡paz!, ¡paz!… Siendo así que no existe la paz”.

--Quizás el error ha estado, digo, en dejar en manos de unos pocos las cosas de la “polis”. Se monopolizó la iniciativa, se cercenó la ruta y, hoy, nos hemos convertido en simples miradores de lo nuestro. Hemos llegado a ser, sencillas marionetas de un guiñol de artificio…

Raquítico legado, pensamos en silencio, el que dejamos a esta Alejandría…

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