jueves, 18 de febrero de 2010

CREPUSCULO Y AMANECERES

El soneto de Fernando me ha parecido un excelente canto al amor y a la vida. Siguiendo el consejo de algunos amigos que deseaban que el blog permaneciese abierto para que quizás, con un mayor espacio temporal entre las entradas, pudieramos seguir conectados, me he atrevido, con la colaboración técnica de mi hija Rocío, a poner música e imagen al soneto de Fernando. Para que todos podamos gozar con su palabra y con su sensibilidad, os lo muestro.

lunes, 15 de febrero de 2010

DESPEDIDA

Que no hayamos hecho ninguna entrada desde finales del mes pasado no ha sido por desidia ni por desinterés. Fue un acuerdo entre Antonio, José María y yo, pensando que ya este formato había dado de sí lo suficiente. Además era como un test para confirmar si realmente el blog tenía lectores asiduos a quienes despertara algún interés... Ha quedado confirmado, ya que nadie no lo ha recmado, ni ha preguntado. Está claro que llegó el momento de cerrarlo.

De todas formas, nos hemos alegrado de haber mantenido estos encuentros, que para nosotros han sido estimulantes y hasta divertidos. A todos los amigos que alguna vez han participado y nos han mostrado su interés y su simpatía, les mandamos desde aquí, -Antonio, José María y yo- un fuerte barazo y... ¡Hasta siempre!, amigos.

Como muestra de mi confianza no me resisto a dejaros aquí un soneto que le he hecho a Julia, mi mujer, "mi cómplice y todo" como dice Benedetti, con ocasión de nuestra anuales "fiestas jubilares":

CREPÚSCULO Y AMANECERES

Si del horror hablamos, sé de horrores,
de tristeza, dolor y desencanto…
Pero puesto a saber, te diría cuánto,
si me hablaras de amor, yo sé de amores:

de su sabor y de sus sinsabores,
del embeleso, la ilusión y el llanto,
de su voraz fulgor, de su quebranto
tal cual la evanescencia de las flores.

Pero si te contemplo, ensimismado,
presagiando el poniente de mi ausencia,
y mi mirada roza el sonrosado

creciente de tu luz, tu incandescencia,
siento ese amor que exhala tu presencia,
y el sabor de saberme enamorado.



Otro abrazo para todos los amigos de este blog... FERNANDO

domingo, 31 de enero de 2010

DESCONSUELO




Lloraba y lloraba después de que él la hubiera abandonado. Nada podía consolarla.

Cuando él regresó y se fundieron en un abrazo infinito, y bebieron recíprocamente la miel de
los labios, ella pensaba, todavía con desconsuelo: “era más dulce mi dolor…”.

jueves, 28 de enero de 2010

LUNA DE MIEL




Recordaba que, según nos transmitieron las mitologías antiguas, la Luna de Miel de los desposorios del dios Zeus y la diosa Hera (a la que Zeus había enamorado convirtiéndose en un cuclillo desvalido, tembloroso de frío, para que ella lo calentara estrechándolo junto a su cálido corazón) había durado trescientos años, con todas sus noches.
Y comprendí entonces que fueron estos dioses, sin duda, los que inspiraron la canción de nuestro cantautor Sabina, en la que pide para nosotros, los mortales, que todas las noches, mientras duren nuestros escasos años, “sean noches de boda y todas las lunas sean Luna de miel”…

lunes, 25 de enero de 2010

ESPEJO


Cada noche se mira, furtivamente, al espejo (ese espejo que fue de su madre, enmarcado en un óvalo de plata turgente, con su mango también de plata), sosteniéndolo con una mano blanda y sarmentosa, y contempla ansiosamente todo el territorio de su rostro envejecido: las mejillas que fueran encantadoramente sonrosadas, palidecidas ahora; los ojos cansados y lánguidos, perdidos entre pliegues y breves líneas de venillas rojas; los labios, de los que bebieron las aves, ya desvaídos, que se fruncen en un susurro de palabra tantas veces escuchadas a su madre: “espejito, espejito, ¿quién es la más…?” Pero se detiene, echando reojos a la puerta cerrada, no sea que a su hija, la pequeña Blancanieves Dos (que así la señala "Mudito", el viejo enano, alzando dos dedos de su mano rugosa), se le ocurra buscar el espejo, ¡es tan presumida¡, y la sorprenda...

viernes, 22 de enero de 2010

EL MITO DEL CENTÉSIMO MONO



La moderna teoría de “los campos mórficos” nos viene a descubrir, simplificándolo mucho (se excusa mi amigo al intentar explicármelo), que acciones repetidas llegan a configurar estructuras que determinan los comportamientos del conjunto de seres vivos de la misma especie, aunque habiten en distintos espacios de actuación…

Y para hacérmelo comprender, me cuenta lo que se conoce actualmente por “El Mito del Centésimo Mono”:

Unos científicos de nuestros tiempos se propusieron estudiar el comportamiento de los monos, escogiendo como muestra los que habitan en una de las islas situadas frente a la costa de Japón.
Para que los monos bajaran de los árboles y poder observarlos, esparcían por la playa, durante muchos días sucesivos, una cantidad determinada de batatas. Los monos descendían a la superficie arenosa de la playa, se apoderaban de las batatas, compitiendo unos con otros, y las engullían… Todo tal como se esperaba. Pero observaron que una joven hembra, a la que pusieron por nombre Imo, llevaba su batata hasta el mar, y la limpiaba de arena antes de comérsela. En pocos días aprendió a hacerlo también su madre, la cual adiestró a otros hijos; los demás monos los fueron imitando, hasta que todos los habitantes de la isla siguieron la costumbre de lavar las batatas antes de engullirlas. (Yo le escuchaba sonriente y fascinado).

Pero te diré el hecho más sorprendente, prosiguió mi amigo. Los científicos observaron que, llegado un momento, todos los monos de todas las demás islas de la costa japonesa comenzaron a hacer lo mismo. Y es, concluyeron, que se había creado un nuevo modelo estructural, determinante de comportamientos para todos los seres de la especie.

¿Y quién es el “centésimo mono”?, le pregunté. Denominaron así al hipotético mono que con su acción acumulativa descompensó en un momento dado el equilibrio de la balanza comportamental de la especie hasta el nuevo “campo mórfico”.

No tuvo mi amigo que explicarme la enseñanza de este nuevo mito: que todos somos responsables, con nuestras acciones y comportamientos acumulados, de configurar campos mórficos con estructuras mentales renovadas que determinen acciones más saludables y eficaces para nosotros y más beneficiosas para el progreso de la humanidad.
Y me quedé abrumado, pensando que detrás de cualquier acción, cualquiera, yo mismo, puede llegar a ser, para el bien o para el mal, el "centésimo mono".

jueves, 21 de enero de 2010

LA "DAMA DEL LAGO"

La “Dama del Lago”, -hermosa mujer que seduce a los que se aproximan a las orillas de sus aguas, arrastrándolos a las profundidades del lago para ocasionarles la muerte-, es leyenda literaria que nos recuerda el mito clásico de la muerte de Hilas.

El agua de los ríos y de los lagos, comento con mi amigo, siempre ha tenido una atracción mágica, arquetípica, para el hombre. La mayor parte de las veces, cargada de leyendas. Las ninfas, divinidades de las aguas, siempre han habitado en el imaginario colectivo de la humanidad.

Recordemos a Hilas: entre los argonautas que acompañaban a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro, navegaba Hilas, compañero de Heracles. Llegados a Misia, Jasón encargó a Hilas traer agua desde un lago cercano, en el que habitaban las ninfas. Y sucedió, tal como nos cuenta Apolonio de Rodas, que las ninfas, viendo la belleza de Hilas, se enamoraron de él y lo arrastraron al fondo de las aguas. Se escucharon en Misia los gritos desesperados de Heracles, buscándole. Pero a Hilas no se lo volvió a ver más.

Del recuerdo de Hilas sólo quedaba en Grecia, con el paso del tiempo, la fiesta ritual de los sacerdotes misios: marchaban en procesión al monte cercano y gritaban por tres veces el nombre de Hilas. Sin embargo, las ninfas nunca devolvieron al efebo Hilas…

Quizás las aguas primordiales sean para el imaginario colectivo, también, aguas terminales, comentábamos mi amigo y yo, en una especie de “apocatástasis” eterna en la que el final siempre deberá enlazar con el elemento originario primordial…

miércoles, 20 de enero de 2010

Más sobre genes

El anillo

Se cuenta, y yo no sé si es cierta la historia, que la gente de aquel pueblo estaban dotadas, posiblemente como consecuencia de algunos de sus genes, de un instinto especial para detectar la vanidad de las personas. Cierto día, soleado y otoñal, las hojas doradas, casi marrones, de los árboles llenaban las calles del pueblo, como alfombras puestas en el suelo para ser pisadas por los habitantes del lugar. Sin embargo, fue un joven de piel negra quien, descalzo y medio haraposo, con cara de hambre y sed, caminaba por la calle principal del lugar llevando en uno de sus dedos un hermoso anillo con un diamante. Al verlo, salió a su encuentro un grupo de personas.

¿Necesitas ayuda?, le preguntaron al verle en un estado lastimoso.

No, lo que necesito no me lo podéis dar vosotros, respondió.

¿Cómo es que no te podemos dar lo que necesitas si estás a falto de ropa para vestir, calzado para caminar sin hacerte daño, comida para saciar tu hambre, etc?, dijeron extrañados los vecinos de manera solícita y compasiva.

No, no podéis darme lo que vale este anillo. Lo demás es secundario, el hambre se pasa comiendo, y la sed bebiendo, pero este anillo es único en el mundo. El joven de piel negra no levantaba la vista del dedo que portaba el anillo único.

Los ciudadanos del pueblo se mostraban desconcertados: había llegado, por primera vez desde la existencia del lugar, alguien que no era como los demás visitantes; él no quería nada y ls habitantes tampoco podían recibir nada de él, excepto, claro está, aquel anillo único que brillaba en uno de sus dedos. No obstante, el joven había dicho que nadie podía pagar su precio.

Una ráfaga de viento levantó las hojas del suelo y la tierra de la reseca calle se arremolinó en torno al grupo de personas que rodeaban al muchacho de piel negra, ropa haraposa y pies descalzos. Los habitantes del lugar se reunieron en la casa consistorial y decidieron poner precio a aquel anillo único y singular.

Después de una o dos horas de sesión, rodearon nuevamente al joven y le ofrecieron bastante dinero. Él se quitó su anillo, tomó el dinero y continuó en el mismo lugar sin mover un solo pie. Todos se marcharon con la joya; todos no, a su lado permaneció un niño que no había heredado, por la singularidad que tienen lass leyes de la herencia, el poder de descubrir la vanidad de las personas. El niño se dirigió al joven y le dijo, ¿has visto como sí había dinero suficiente para comprarte el anillo, por qué insistías en que no había nadie que pudiera comprarlo?

Vosotros tenéis el gen que os permite adivinar la vanidad de la gente. Yo tengo la experiencia. Éste es el quinto anillo que he vendido hoy en esta comarca.

El joven acarició la cabeza del niño, se dio media vuelta, se colocó otro anillo en el dedo y comenzó a caminar en dirección al pueblo vecino.

CENICIENTA



La Cenicienta se hartó de la letanía: "yo te saqué de la cocina, yo te liberé de tus hermanastras, yo te hice princesa", y un buen día se fue por el mundo en busca de sus platos, sus ollas, su ceniza.

He insertado este ingenioso "relato hiperbreve" de nuestro lejano amigo ecuatoriano Jorge Dávila, escritor profuso y muy reputado, pero le animo desde aquí a que sea él mismo quien entre, a través de COMENTARIOS (el modo más fácil, dadas las distancias). Un saludo amigo, Jorge.
Fernando

lunes, 18 de enero de 2010

Canciones para un día frío

Cold weather blues


Escucho la canción Cold Weather Blues, de Muddy Waters, que pertenece al álbum Blue Bar Stew de 2010, mientras pienso relajadamente en el paseo que hoy he dado por el carril bici que circula por la parte sur del parque García Lorca. Hacía bastante frío y una envolvente niebla, que avanzaba a bancadas, incrementaba la sensación de ese frío granadino, seco, curtidor de pieles y sano. La canción de blues para el tiempo frío era la más adecuada para dar esa caminata que los médicos aconsejan para la salud.

Dos comentarios deseo hacer al respecto:

  1. me pasaron, caminando a una velocidad imposible para mí, una pareja de ancianos, ella llevaba un color rojo en sus pómulos, una sonrisa en su cara y unos ojos bellísimos. Él, caminaba al ritmo que ella marcaba; de hecho ella le daba la mano a él e iba como tirando de la pesada carga. Yo me sonreí pensando en eso del sexo débil.
  2. 2) La niebla permitía a veces contemplar el paisaje y en otras ocasiones no dejaba verlo. Era como si me encontrase caminando unas veces a la luz y en las demás ocasiones a la sombra de la luz. Vida entrecortada, pensé, como la conversación telefónica que se realiza a trompicones y no permite nada más que hacer la pregunta, ¿me oyes, me escuchas ahora? Esa fue la sensación que experimenté con el paisaje y las bancadas de niebla.

Menos mal que la canción que escuchaba, Cold weather blues, me hizo pensar que iba caminando para dar mi paseo diario, ese que dicen que tenemos que hacer para disfrutar de buena salud, porque por un momento experimenté la sensación de estar perdido o caminando entre nubes.


ALEXITIMIA



Me explica mi amigo que "Alexitimia" es una alteración que funcionamiento normal de nuestras reacciones psicomentales y afectivas, que se traduce en incapacidad para identificar las propias emociones y para expresarlas adecuadamente ante los estímulos que normalmente las provocan.

Este disfuncionamiento neurológico puede afectar a una persona de modo habitual, analogamente a la incapacidad para reaccionar a estímulos cromáticos, y para identificarlos y conocerlos, en personas carentes de facultad visual. Otras personas experimentan la "alexiimia" ocasionalmente, cuando la intensidad y la complejidad del estímulo, o su sorpresiva irrupción, exceden y sobrepasan la capacidad normal de reacción. Pongo por ejemplo la ocasional reacción de ceguera ante un fogonazo de luz, continuó explicando mi amigo.

Y yo me quedé pensando que este trastorno de alexitimia es lo único que puede explicar la atonía y la pobreza mental y emocional de nuestras reacciones ante la desgracia descomunal de dolores tan inconmensurables, y de tan espantosas complejidades, como la acaecida al lejano y cercanísimo pueblo humano de Haití.

domingo, 17 de enero de 2010

¿POR QUÉ ESCRIBIR?

Me lo había preguntado mi amigo varias veces: ¿Por qué escribís casi todos los días, cuando no sabéis ni quién os lee ni quién es el que dialoga con vosotros?

Siempre he pensado, le respondía, que la magia de la palabra posibilita el encuentro con el otro. Le mostramos así la realidad de lo que somos. Nos damos a él a través de la palabra…Escribimos para comunicarnos. Para no sentirnos solos. Para integrarnos “en” y “con” el otro…

Cuando hablábamos mi amigo y yo de estos temas, siempre recordaba las palabras de G. Marcel: “Una fuerza poderosa y secreta me asegura que si los otros no existieran, no existiría yo tampoco”.

Por eso, para establecer puentes con el otro, para tener conciencia de existencia, para vivir la comunicación humana, ingrediente vital y necesario para la plena realización de lo humano, es por lo que cada día abrimos este virtual diálogo con el posible amigo, con el otro que existe. Hablando con ellos, dejando la palabra vagar en el espacio para que ellos puedan escucharla, tenemos conciencia de supervivencia.

sábado, 16 de enero de 2010

Sentido común y ciencia

Química, vida y sentido común


La química entretiene a mis neuronas y las divierte, como un rompecabezas o un puzzle que permite múltiples soluciones. Éste ha sido el tema del que hoy les he hablado a mis alumnos. Hemos de saber adónde queremos llegar para elegir el camino a seguir: las mismas piezas nos permiten llegar a diferentes situaciones finales. No obstante, siempre exista una solución que responde fielmente al sentido común; por ejemplo, desde Granada a Málaga se puede ir por diversos caminos pero solamente uno es el que nuestro sentido común nos dice que es el más adecuado. Sin embargo, siempre tendremos la posibilidad de elegir cualquier otra opción, porque nuestras decisiones son tema de elección personal. En otros términos, cada uno decide el camino por el que desea transitar, de tal forma que, al caminar por dicho sendero, las neuronas y las demás células se sienten alegres y se divierten. Solo así se entiende la vida explicada desde un punto de vista personal. Vivo mi vida para ser feliz, sería la conclusión final.

Después de esta reflexión, que a algunos les podrá parecer frívola y simplista, nuestras elecciones se ven muy influenciadas por los mensajes que recibimos de otros: unas son de tipo religioso, otras de índole social, las más entrañan mensajes económicos. Y dejamos de ser felices. Y nuestras neuronas y las demás células, entendidas como las piezas de nuestro complejo puzzle, dejan de ser felices.

La vida biológica y las vidas religiosa, social, política, económica o laboral, por citar algunas de las facetas que pueden adoptar nuestras vidas, no se entienden: lo que me hace feliz a mí, resulta desgraciado si establezco otros puntos de referencia.. Alguien tiene que poner orden. Y ese alguien debemos ser cada uno de nosotros porque, en el fondo, muy en el fondo, lo que pretenden otros es que nuestro viaje desde Granada a Málaga lo llevemos a cabo por Córdoba, Badajoz, Sevilla para finalmente alcanzar la bella ciudad de la costa del sol.

Yo callo prudentemente, pero mis neuronas y las demás células cada vez se aferran más a la idea de que vivir es organizar su propio puzzle con sentido común.

viernes, 15 de enero de 2010

JORGE DÁVILA

Un amigo ecuatoriano, a quien he conocido casualmente en este inmenso lugar de encuentros que es Internet, precisamente por ser autor de libros de relatos breves, Jorge Dávila se llama, doctor en Filología, me ha autorizado para que cuelgue alguno de sus relatos en nuestro blog.
Yo estoy leyendo, y saboreando, un excelente libro suyo titulado MINIMALIA. En él se manifiesta como gran melómano y muy erudito en música…
Pero ahora voy a dejar aquí un ingenioso relato hiperbreve, que encontré entre las huellas dispersas que él va dejando a su paso por estos caminos digitales:


Justo en el momento en que levantó el matamoscas, se dio cuenta que no era una enorme mosca zumbadora, sino un pequeño ángel desubicado, cuyas alas ronroneaban incesantes en la tarde bochornosa.

jueves, 14 de enero de 2010

DÍAS DE LLUVIA


Salir a la calle en los días fríos de invierno había sido siempre, a cualquier hora, eso no le importaba, uno de sus más deliciosos placeres: sentir la lluvia fina humedeciéndole el rostro, las manos, empapando su gorrita de áspero fieltro, resbalando por su cazadora impermeable,... La sensación de la gente pasando apresurada a su lado, rozándolo a veces, “perdone, es que con esta lluvia...”, el chasquido del agua en los charcos pisados, el chirrido de los frenos de los coches sobre el pavimento deslizante... Era como una experiencia de libertad, de poderío, como de volar, de pisar por encima de las irreparables limitaciones de la naturaleza humana.

Lo único que amortiguaba tenuemente su euforia era un sutil temor, persistente, "no lo puedo remediar" me decía, de que algún transeúnte presuroso pudiera tropezar con su inseparable bastón lazarillo, de color blanco , que siempre antecedía sus pasos, y cayera sobre los adoquines mojados...

miércoles, 13 de enero de 2010

LAS REBAJAS

En aquella mañana, lluviosa como la de casi todos los días, se apiñaban, casi hasta la calzada, las gentes que esperaban, nerviosas, que se abrieran las puertas del comercio. Hablaban poco, pero todos miraban, brillándole en los ojos una ilusión ingenua, lo que los rodeaba. Eran masa global. Multitudes anónimas distantes siempre del interés del otro, aunque todas unidas para cumplir ahora la pauta programada del consumo fácil.

El reloj de la plaza marcaba con sus toques la hora convenida. Las puertas comenzaban a abrirse lentamente. La emoción del momento invadía al comprador-cliente. Era el tiempo esperado: las rebajas…

Todos, al abrirse las puertas, en forma ritual, corrieron por los largos pasillos del comercio, rodeados de ofertas tentadoras. Se fueron adentrando hacia la “ganga”, buscando siempre la oferta tentadora.

Por encima de todo -era así la consigna-, había que “consumir” productos a “precios de descuento”. Lo imponía así la promesa anual del comerciante.

Es verdad que la compra -lo sabían casi todos- quizás se abandonara a los pocos días en el armario de las cosas usadas. Pero se había cumplido el objetivo: descargar al comercio de mercancías de difícil venta… Y obedientes a la consigna, generosa y útil, todos (también los vendedores) encontraron -y adquirieron- la “ganga” pretendida…

martes, 12 de enero de 2010

TERRORISMO



Le producía una extrañeza, impotente y amarga, que en las encuestas ocasionales sobre las preocupaciones recurrentes de los ciudadanos no se manifieste nunca la inquietud, indignación, dolor, rechazo o espanto por el “terrorismo automovilístico”: la macabra amenaza pendiente sobre cualquier ciudadano, viandantes o motorizados, como una permanente espada de Damocles; esa epidemia escalofriante de muertes y homicidios que se perpetran continuamente en nuestras calles, caminos y carreteras por irresponsabilidad flagrante de los conductores.
Nos enteramos por los noticieros diarios, semanales y anuales y nos consolamos con las declaraciones estadísticas que computan cada vez, con indisimulado y repugnante triunfalismo, un tanto por ciento de desgracias inferior a las del año anterior…

¿Por qué nos mantenemos tan desconcertantemente impasibles –exclamaba mi amigo- a tanto dolor, tanta desesperación, tantas tragedias humanas que amenazan y que infectan a la humanidad entera, de las que todos, desde nuestro indiferente rictus de hombros encogidos, somos los responsables?

lunes, 11 de enero de 2010

Juan, el amor y el beso

Una pequeña historia sobre el beso


Juan es una persona extraña: de día es tímido e incapaz de besar o de mirar a los ojos de una mujer. Juan de noche sufre una transformación: cuando se ducha con agua fría, más o menos a las nueve de la anochecida, sus bufidos se pueden escuchar a kilómetros de distancia. Del cuarto de baño surge cada noche un personaje distinto, matador de toros a veces, empresario otras, médico oncólogo o funcionario destacado las más. Siempre elegante. Dicen las mujeres que sus besos son inimaginables. De noche, el tímido Juan ha nacido para el amor, de día para la introspección y la timidez. ¿Mutará alguno de sus genes al llegar la noche o cuando recibe el flujo de agua helada?

MÁS DE BESOS



(Dedicado, para su regocijo, a nuestra amiga Tánger)

En aquella ciudad ignorada, todas las personas, de todo sexo, edad o condición, habían nacido y nacían con un granito de azúcar en la punta de la lengua. Era, dicen los sabios, una peculiaridad genética, transmitida en el ADN germinal de generación en generación, tan connatural para ellos que ni lo advertían.

Sólo llegaban a notarlo quienes se besaban…

domingo, 10 de enero de 2010

BODA

Cuando al final de la ceremonia nupcial el oficiante le dijo: “puedes besar a la novia”, ella, alzándose el velo de tul blanco, prorrumpió: “¡claro que puede!, lo viene haciendo muy a menudo desde hace dos años, cuando yo se lo consentí al poco de conocernos”…

viernes, 8 de enero de 2010

La nube caprichosa

La nube caprichosa

Antes de regresar a Granada he vuelto la mirada hacia la mar. Aguas de un difícil color, entre marrón, verde y blanco, establecían una línea lejana con el azul rayado de blanco. Una nube caprichosa se creía que era un avión a punto de despegar, y desplegaba unas alas de cirros que se alineaban a ambos lados de la cabina de la nave, formada íntegramente por nimbos. Tomé una fotografía de esa extraña nube, -los oriundos de allí dicen que cuando aparecen aviones de nubes es signo seguro de lluvia-, y más tarde, cuando observé la fotografía con detenimiento en el ordenador, pude comprobar que una gaviota volaba delante de la extraña nube y extendía sus alas de forma tal que uno podía pensar que la nube era la sombra de la pequeña ave.

Los hombres del lugar que predijeron lluvia no se han equivocado. Y las aguas de la mar, al recoger todo ese material líquido una veces y embarrado otras, se volvieron de ese extraño color.

De vuelta a casa, y rodeado del blanco puro de la nieve, mis recuerdos se mueven en torno a esa imagen de la nube viajera con forma de avión, o de la gaviota que subió tan alta para cerciorarse de si aquello que veía era un avión o una nube caprichosa; también se detienen, mis recuerdos digo, en ese color tan extraño, mezcla de marrón, verde y blanco, a partes desiguales, que indica que la mar es parte de una naturaleza a la que muchos humanos parecen no querer pertenecer.

Entonces abrí mi ordenador y leí el precioso relato del animalillo de corta vida y de la ola en la que vivía.

jueves, 7 de enero de 2010

EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL ORDEN CÓSMICO

Con mis amigos, recordaba un ejemplillo típico de cuando, envueltos en leyes escolásticas, indagábamos en la filosofía. Discutíamos si el devenir del cosmos era estático o dinámico… Y nos perdíamos en mil disquisiciones de escuela y en opiniones múltiples.

El “ejemplillo típico” era simple: postulábamos la existencia de un ser inteligente cuya vida duraba sólo unos segundos. Nacía, vivía y moría en el agua del mar, en el instante en que la ola empezaba a romperse en la arena de la playa. Y en ese instante de su vida-muerte, el ser inteligente razonaba así: “La ola del mar siempre permanece en forma de rompiente para darme sombra y librarme de un sol abrasador…” Una vez formulado su juicio, nuestro ser moría. Su ciclo vital era, sencillamente, ese: nacer, formular un juicio y morir… Ignoraba que la ola terminaba rompiendo sobre la gris arena de la playa y que todo, de nuevo, volvía a ser como al principio. En su atrevido juicio pretendía fijar, y así entender, el devenir dinámico del cosmos partiendo sólo de la corta experiencia de su vida.

En la charla con mis amigos recordábamos las muchas opiniones que hoy se ofertan sobre el cambio climático, sobre los aumentos de la capa de ozono, sobre los ciclos cambiantes de la naturaleza. Y pensábamos si no serían nuestras afirmaciones tan banales, por nuestro corto tiempo de experiencia, como las que hacía aquel ser limitado en su existir acuático… Fácilmente, los hombres, instauramos con valor inmutable, leyes de un macrocosmos que es, en su ser, dinámico y cambiante. Y afirmamos que las pautas del cambio que hoy suceden seguirán siendo siempre de la misma manera, sintiéndonos casi protagonistas exclusivos del devenir del cosmos. Pareciera, así, que sólo el hombre puede alterar ahora, casi en exclusiva, el cambio natural de un cosmos que deviene. Pero ¿es así la cosa?

miércoles, 6 de enero de 2010

Al filo de la madrugada

Madrugada de reyes magos

Anoche, quizá fuese debido al ajetreo de la visita de sus majestades los RRMM de Oriente, aunque no descarto que mi desvelo tuviese su origen en la buena cena que tomé, sí, anoche digo, dormí mal; estuve despierto hasta las tantas de la madrugada. El cuerpo te pide dormir y los ojos y la mente desean realizar cualquier otra actividad, por ejemplo, bailar, beber un whisky escocés de 18 años, o cualquier otra cosilla así. Cundo esto suceda, no lo duden, escuchen la radio a bajo volumen. Yo lo hice. A esas horas los radioyentes son los verdaderos protagonistas de la radio. Llamó un caballero, creo que eran las 2.16 de la madrugada y en la calle no dejaba de llover y de manifestar su poderío una fuerte tormenta que iluminaba mi habitación; el señor hablaba de que estaba triste porque, al parecer, cuando fueron a retirar los juguetes que sus RRMM les habían dejado en algún comercio, al parecer digo, se habían dejado uno de los juguetes más esperados por uno de sus cuatro hijos. Luego, a las 2,34, y cuando la tormenta más dejaba sentir sus ruidos, luces y agua, llamó una señora que lloraba porque sus dos hijos no iban a recibir regalo alguno. No tengo que decir por qué, pero a los lectores sutiles no se les pasará por alto la situación de crisis que afecta a unos más que a otros.

Yo, que sigo siendo un mal pensado, no quise hacer comentario alguno. Las dos posiciones eran reales y por lo tanto legítimas. Nadie tiene culpa de lo que les pasa a los demás. Pero no por ser real deja de ser injusta la fiesta en la que sus RRMM reparten de manera no equitativa los preciados juguetes.

Varias opciones se me plantearon: 1) intervenir en el tema de los juguetes de los hijos de la señora, 2) cerrar la persiana a cal y canto para no ver lo que estaba sucediendo en la calle, 3) tomarme otro whisky, y 4) despertar de la pesadilla que me estaba impidiendo dormir.

Elegí una de las cuatro opciones. ¿Qué habrían hecho ustedes?

Fuengirola, 6 de enero de 2009

martes, 5 de enero de 2010

AQUEL LUGAR



En aquel lugar, luminoso siempre y polifónico, todos los bienes lograban alcanzar la estatura de sus deseos, y demonios multicolores danzaban ante sus ojos al simple roce del dedo con la lámpara genial del nuevo Adalino. Hasta los arcanos ocultos de todos los tiempos se hacían patente a su mente al conjuro de algún abracadabra verbal, y sobre su frente se le posaba la sabiduría como lenguas de fuego, casi lo mismo que a aquellos apóstoles al paso santo de espíritu. Se le veía sonriente, con las mejillas encendidas, mascullando palabras en variada y permanente conversación con seres semejantes del mundo entero, escondidos a los ojos de todos, menos a los suyos iluminados. Y la misma manzana perversa del Edén hacía correr por las comisuras de sus labios un jugo más dulce y espeso…

Después, cuando cerraba el ordenador, su rostro se ensombrecía y las espaldas se les encorvaban al paso cansino y mal resignado en busca de sus rutinarias tareas pendientes…

lunes, 4 de enero de 2010

Cuento de invierno_5


Nocheviejas pretéritas: segundo intento en falso


Prometí hablar de las “nocheviejas pretéritas” y acabé disertando sobre un pacto extraño entre el tiempo y yo. Alguien, a quien va dirigido este relato, me preguntó un día, usando el instrumento tecnológico más importante de la comunicación actual, el correo electrónico, ¿siempre hablamos del tiempo, pero qué es eso, lo sabes?

Después de esa pregunta, arribaron a mi cabeza una serie de imágenes, ya viradas al sepia por el tiempo, en las que se me aparecían un conjunto de cosas que tuve que ordenar. Eran las siguientes: una estilográfica y papel, un teléfono negro con dial giratorio, una postal, el edificio de la telefónica lleno de cabinas para realizar conferencias a distancia, un bombo de lotería provisto de panel plegable y bolas de madera; luego, como si estuviesen algo apartadas de todo lo que he mencionado, se encontraban un teléfono móvil y un ordenador abierto por la página del correo electrónico. ¡Qué extraño!, pensé, todo esto querrá decir algo. Después de mucho pensar, exclamé, ¡el tiempo, esto es el tiempo!

Alguien me dirá que el tiempo es todo: cosas, sentimientos, ideas, saberes, odios, rencores, vida y muerte. Y yo lo aceptaré, porque no pretendo, como hacían los viejos románticos, imponer mis ideas sino expresarlas. La belleza del pensamiento romántico es esa y no otra. Sin embargo, la idea de que el tiempo es el conjunto de cosas que he mencionado y de que puede emplearse como criterio de ordenamiento es interesante.

Verán que he intentado hablar de las “nocheviejas pretéritas”, tema del que llevo ya dos intentos baldíos, porque mi imaginación es enorme y mi verborrea mayor aún.

¿Resultará posible establecer el pacto con el tiempo al que me referí anteriormente? Más difícil, digo yo que soy un profano en temas filosóficos, más difícil fue el pacto de Fausto y el diablo y se logró. A cambio del alma de Fausto. ¿Qué habrá que darle al tiempo a cambio de su magia? Yo hablé de la experiencia, porque cada instante de tiempo es diferente a los anteriores y, por lo tanto, está carente de experiencia. Y me pregunto, yo que soy un terrible preguntón, ¿qué es la experiencia?

Creo honestamente que me estoy metiendo en un terrible callejón sin salida, pero me atreveré a encontrar un hueco por donde escapar: la experiencia puede ser el contraste que existe entre la vida pensada y la vivida. Categóricamente, sí. Lo que sucede es que resulta más fácil cambiar la magia del tiempo a través del intercambio de cosas tales como la estilográfica, el teléfono negro, el bombo de lotería, el edificio de la telefónica, el teléfono móvil y el correo electrónico. Ese es el pacto más común, entendiendo por común lo que afecta al mayor número de personas. Sin embargo, el conflicto entre la vida pensada y la vivida es la más sutil de las manifestaciones de la experiencia, porque solamente se observa en personas con una gran sensibilidad.


Fuengirola, 3 de enero de 2010



CIUDAD DESENTERRADA



Comentábamos el pensamiento de Sigmund Freud de que la mente humana es como un museo arqueológico donde todos los restos del pasado se depositan y se conservan.

Del pasado de las experiencias personales vividas desde la infancia, precisó mi amigo, y las del largo pasado de la humanidad, transmitido de padres a hijos en el misterioso cofre del genoma originario. Para eso emprendió Freud la aventura terapéutica del Psicoanálisis, equiparable a las excavaciones arqueológicas que descubren los restos o los tesoros de una ciudad enterrada…

No pude reprimirme: ¡qué maravillosa es la frágil criatura humana, exclamé, con toda la riqueza y la belleza de un museo, toda la grandeza resplandeciente de una ciudad y todo el misterio que permanece oculto desde tenebrosos siglos remotos!...

sábado, 2 de enero de 2010

Cuento de invierno_4

Nocheviejas pretéritas


Recuerdo, estrujando mi mente como se aprieta el paño mojado, girándolo con ambas manos en sentidos contrarios, las primeras celebraciones familiares de Nochevieja. Me he remontado a 1951 o 1952, no porque antes yo no tenga conciencia de esas celebraciones sino porque, simplemente, no celebrábamos nada. Bastante teníamos con sobrevivir en aquel barrio mísero. Pero la vida se vive en un lugar mágico llamado tiempo y el tiempo actuó lleno de su magia. Yo le había pedido al tiempo un trueque: él me regalaba magia, -algo que yo no tenía-, y yo a él le llenaría de experiencia. Porque el tiempo nunca es experimentado; no, el tiempo siempre es nuevo y necesita de experiencia. Hicimos el trato y aceptó. Y mi familia y yo, por la magia que nos había infundido el tiempo, salimos de aquel lugar y ¡abra cadabra!, aparecimos en Granada, la bella Granada, un mediodía otoñal. Recuerdo aquel paseo, entonces llamado con un nombre que no deseo recordar, por el que avanzábamos pisando hojas marrones y crujientes, como si las hojas se quejasen de las pisadas de los miembros de una familia que migraban en busca de tiempos mejores.

Recuerdo, estrujando mi mente como se retuerce la gamuza con que seca la chapa y los cristales de los coches recién lavados, apretándola con rabia contenida en las manos y dedos, para sacar hasta la última gota de agua. Sí, yo retorcí mi mente en busca de algo agradable que poder contarles; pero necesitaba establecer otros trueques con el tiempo para llenar mi cabeza y mi corazón, sobre todo éste, de recuerdos. Porque los recuerdos son una expresión de la vida.

Como pueden ustedes comprender de lo tratado en este relato, yo me pongo a hablar y se me va el santo al cielo, o mejor sería decir, me voy por los cerros de Úbeda, que como saben, es mi segundo apellido.

Otro día les hablaré de esas Nocheviejas prometidas: de las familiares y de las que disfrutábamos en el Liceo. Ahora me basta con, empleando la magia y el trueque con el tiempo, desear a todos un feliz año.


Fuengirola, 2 de enero de 2010

NAVIDADES DE AYER

Al contemplar las antiguas imágenes de calles y plazuelas, ya casi inexistentes, decoradas con anuncios y ofertas comerciales hoy desaparecidas, él recuerda momentos imborrables y vivencias de consistencia débil.

Revive con nitidez, la “circunstancia” externa de lo que fue el camino, pero sólo tiene destellos en penumbra de lo que entonces era la huella allí marcada. Apenas, así lo comentaba a sus amigos, si perduran esas antiguas marcas sobre la suave arena del camino.

Todo ello le vino a la memoria al recordar la antigua Navidad de los años 60. Un amigo le había enviado un “pps” de aquella Navidad. Cincuenta años ya, había pensado, de tiempos y recuerdos… Y así lo comentaba a los amigos…