Química, vida y sentido común
La química entretiene a mis neuronas y las divierte, como un rompecabezas o un puzzle que permite múltiples soluciones. Éste ha sido el tema del que hoy les he hablado a mis alumnos. Hemos de saber adónde queremos llegar para elegir el camino a seguir: las mismas piezas nos permiten llegar a diferentes situaciones finales. No obstante, siempre exista una solución que responde fielmente al sentido común; por ejemplo, desde Granada a Málaga se puede ir por diversos caminos pero solamente uno es el que nuestro sentido común nos dice que es el más adecuado. Sin embargo, siempre tendremos la posibilidad de elegir cualquier otra opción, porque nuestras decisiones son tema de elección personal. En otros términos, cada uno decide el camino por el que desea transitar, de tal forma que, al caminar por dicho sendero, las neuronas y las demás células se sienten alegres y se divierten. Solo así se entiende la vida explicada desde un punto de vista personal. Vivo mi vida para ser feliz, sería la conclusión final.
Después de esta reflexión, que a algunos les podrá parecer frívola y simplista, nuestras elecciones se ven muy influenciadas por los mensajes que recibimos de otros: unas son de tipo religioso, otras de índole social, las más entrañan mensajes económicos. Y dejamos de ser felices. Y nuestras neuronas y las demás células, entendidas como las piezas de nuestro complejo puzzle, dejan de ser felices.
La vida biológica y las vidas religiosa, social, política, económica o laboral, por citar algunas de las facetas que pueden adoptar nuestras vidas, no se entienden: lo que me hace feliz a mí, resulta desgraciado si establezco otros puntos de referencia.. Alguien tiene que poner orden. Y ese alguien debemos ser cada uno de nosotros porque, en el fondo, muy en el fondo, lo que pretenden otros es que nuestro viaje desde Granada a Málaga lo llevemos a cabo por Córdoba, Badajoz, Sevilla para finalmente alcanzar la bella ciudad de la costa del sol.
Yo callo prudentemente, pero mis neuronas y las demás células cada vez se aferran más a la idea de que vivir es organizar su propio puzzle con sentido común.
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