La nube caprichosa
Antes de regresar a Granada he vuelto la mirada hacia la mar. Aguas de un difícil color, entre marrón, verde y blanco, establecían una línea lejana con el azul rayado de blanco. Una nube caprichosa se creía que era un avión a punto de despegar, y desplegaba unas alas de cirros que se alineaban a ambos lados de la cabina de la nave, formada íntegramente por nimbos. Tomé una fotografía de esa extraña nube, -los oriundos de allí dicen que cuando aparecen aviones de nubes es signo seguro de lluvia-, y más tarde, cuando observé la fotografía con detenimiento en el ordenador, pude comprobar que una gaviota volaba delante de la extraña nube y extendía sus alas de forma tal que uno podía pensar que la nube era la sombra de la pequeña ave.
Los hombres del lugar que predijeron lluvia no se han equivocado. Y las aguas de la mar, al recoger todo ese material líquido una veces y embarrado otras, se volvieron de ese extraño color.
De vuelta a casa, y rodeado del blanco puro de la nieve, mis recuerdos se mueven en torno a esa imagen de la nube viajera con forma de avión, o de la gaviota que subió tan alta para cerciorarse de si aquello que veía era un avión o una nube caprichosa; también se detienen, mis recuerdos digo, en ese color tan extraño, mezcla de marrón, verde y blanco, a partes desiguales, que indica que la mar es parte de una naturaleza a la que muchos humanos parecen no querer pertenecer.
Entonces abrí mi ordenador y leí el precioso relato del animalillo de corta vida y de la ola en la que vivía.
"EN BUSCA DEL TIEMPO"
ResponderEliminarSuelo tomar copas con los amigos en el mesón-restaurante "En busca del tiempo" -situado en la calle "Barcelona" de Madrid-. Sobre el ordenador -desde donde ahora escribo- tengo la "tarjeta de visita" de este lugar; en la parte izquierda, junto al nombre, aparece el dibujo de un reloj de Dalí. (Qué diferente, por cierto, al reloj de la "Puerta del Sol"... La diferencia entre ambos es, nada más y nada menos, la eternidad... ¡¡Nada más, y nada menos!!