martes, 29 de diciembre de 2009

OTRO CUENTO DE NAVIDAD


Tenía una sensación extraña, como de estar ajeno de si mismo. Aquel día, ni vio los colores débilmente naranja y aceituna del amanecer invernal, ni le conmovió la dulce melancolía de la lluvia sobre los árboles deshojados del parque… El aroma de los manjares que se preparaban para la ritual cena de familia no le despertaba la menor apetencia, ni parecía que tampoco le trajeran recuerdos y añoranzas los villancicos recurrentes que se filtraban por las paredes vecinales. Indiferente al diminuto bichón maltés, blanco de espumas y de lana, que brincaba entre sus piernas pidiéndole caricias, abrió el periódico del día. Sin leerlo, lo dejó desganadamente sobre el sofá, ¿qué me importa a mí lo que pasa en el mundo? Le oyó decir a su propio pensamiento.
Una repentina mirada afectuosa de su mujer, le hizo volver el rostro. Se palpó con las dos manos el pecho, las piernas… ¿Soy yo mismo?, le preguntó, ¿pero qué me está pasando?

Y, de pronto, cayó en la cuenta: aquella mañana, con las prisas, se le había olvidado ponerse el corazón.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Cuento de invierno_3



Shiohu



Será una tarea casi imposible que yo pueda relatar de manera creíble esta historia. No puedo poner la mano por ella; sin embargo, les transcribo lo que a mí me han contado testigos presenciales y he leído en los informes oficiales.

Se llama, no sé si debo emplear este tiempo verbal o decir que seguirá llamándose durante la vida eterna Shihou. Habrán comprendido que la joven es japonesa. De Tokio por más señas, aunque no puedo precisar el barrio en el que vivirá eternamente. Shihou sufrió un accidente de coche. A la salida de una cena familiar, el coche que ella misma conducía se salió en una recta y, tras atravesar una zona plana en la que raleaba la hierba, fue a chocar contra un sauce pelado, cuyas ramas duras y tristes se introdujeron en su cabecita. En el hospital, el neurocirujano exclamó: “ella parece muerta,sin embargo, su pensamiento vive”. Y continuó, señores, estamos en presencia de uno de los pocos casos que deben de existir en el mundo: se trata de los llamados pensadores. La estadística ha previsto que cada dos mil años tiene que aparecer un pensador en el universo. Ellos jamás mueren, lo que quiere decir que Shihou se encuentra ahora mismo viviendo su vida pensada. El pensamiento, señores, no vive en el tiempo sino en él mismo, es decir, en su propia consciencia.

Nadie creyó en lo que les había dicho el Dr. Mahoda; no obstante, a la mañana siguiente, cuando los doctores se dirigieron a la morgue, contemplaron que su lugar se hallaba vacío. Alguien, con la cara pálida, dijo que la había visto levantarse y salir del recinto.

Una vez más la vida eterna, o la eternidad, llámenle como guste, ha jugado una mala pasada a los humanos.

Les he contado lo que he leído y otros me han contado a mí. He sido un simple intermediario en la transmisión de esta historia en la que el pensamiento y la consciencia se escapan de los límites del tiempo y establecen un nuevo concepto de la eternidad. La eternidad atemporal viene a ser algo así como una herramienta que divide al tiempo en porciones tan minúsculas que el fenómeno conocido como pensamiento ya no depende de él.

¿Habrá algún pensador entre nosotros sin que lo sepamos?

La estadística predice que deberíamos pasar otros dos mil años pero siempre queda la duda de...



Fuengirola, 26 de diciembre de 2009

domingo, 27 de diciembre de 2009

ATAUD

Fue la peor noticia de su vida. Pero él nunca lo supo.
Encerrado en aquella caja, a hombros sobre sus seres más queridos, le fue imposible leer las esquelas del periódico.

sábado, 26 de diciembre de 2009

EL DIOS DE LA NAVIDAD

Días de Navidad… La lluvia -mansa, unas veces, alocada, otras- va horadando la tierra. Un cielo de color ceniza lo va envolviendo todo. Es tarde, hoy, de lectura serena y sosegada. De contemplar, absorto, el discurrir nervioso de las gotas de agua rodando en los cristales para buscar alfeizares y detenerse lentas. Es momento, esta tarde de recrearse con mirada ingenua en las pequeñas figurillas de un Belén miniatura… Tarde para leer, para pensar al tiempo, para soñar y recordar imágenes, a veces olvidadas, que se fueron perdiendo tras las nubes del tiempo…

Leo, hoy, sin duda con mirada distraída y rápida, algunas narraciones que tratan de los dioses. Leyendas mitológicas, leídas muchas veces. Cosas de “buenos” dioses que entraron en la tierra para ayudar o castigar al hombre. Y descubro, al leer, el hallazgo de siempre: la mágica presencia de los dioses cuando la vida se convierte en sacra. Cuando el dios aparece, lo más trivial del hombre cobra sentido misterioso y mágico. Es el poder del dios.

Mientras leo, me pregunto: ¿son los dioses los que nos invaden o somos los humanos -pequeños indigentes- los fabricantes de criaturas mágicas que han servido para poder explicar lo inexplicable?

La interrogante se nos queda en la tarde envuelta en la misma tristeza del paisaje. Las figurillas de mi Belén casero no me dan la respuesta. Quizás sea lo mejor, mientras podamos, mirar la entrecortada luz que aún le queda al día y adivinar, sin muchas evidencias, el misterio de un dios en Navidad. Un dios que mientras habla siempre la lengua de los hombres, transforma nuestro paso profano en huella trascendente.

¿Quién soy?



Se miraba al espejo cada mañana, y lo que veía era siempre lo mismo: una figura somnolienta, desorientada, despeinada y anodina, con un cepillo de dientes en la mano y la boca chorreante de pasta blanca…
Pero aquel día, al mirarse, se llevó una sorpresa. Es que aquel día, una mañana cualquiera de finales de diciembre, había visto reflejado en el espejo a su verdadero yo.
¿Fue una sorpresa agradable o deprimente?
Que eso lo digan cada uno de mis lectores, cuando logren descubrir la verdadera imagen de su yo, al mirarse en el espejo.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cuento de invierno_2


El río


La situación era bastante compleja: ella asomaba su rostro sobre el pequeño río pero no veía su cara reflejada en las aguas que circulaban a un ritmo bajo. Solamente podía contemplar una gaviota, deforme por el suave movimiento del agua, un árbol que parecía doblarse caprichosamente y que era imposible detener su movimiento, y un reloj circular, que marcaba una hora extraña porque aparecía casi doblado por el centro del círculo en el que se alojaban los números en forma radial. Nada más era visible en aquellas aguas cristalinas que corrían por el río hacia ese lugar extraño que la gente lugareña conocía, y al mismo tiempo temía, con el nombre de tinieblos.

Ella no mostraba cara de asombro; parecía reconocer ese momento como uno de los momentos ya vividos en aquel mismo lugar. Y yo, que soy un observador de los hechos y acontecimientos no normales, -no los denominaré ni anormales ni paranormales-, tomé buena nota de lo que estaba viendo: el agua se mostraba como un espejo que no muestra lo que ve sino otra realidad diferente.

Se tratará del sitio de la doble realidad, pensé.

Alguien me había hablado de ese lugar. Más aún, me habían sugerido, o pedido, puede ser que ordenado, hacer una visita al lugar de las dos realidades. Me sentí incómodo y no deseaba por nada del mundo que ella levantase su linda cabecita, me viese y decidiera hablar conmigo. No lo hizo, ¡menos mal!, resoplé, mientras tomaba notas sobre lo que estaba viendo.

Regresé a mi lugar de la única realidad y le leí a mi jefe, con toda veracidad, las notas que había escrito. Esto decían:

Llegué al lugar, tomé buena posición detrás de un árbol, ella llegó y se miró en el río. No olvidaré jamás la cara tan bella de la chica que se reflejó en las aguas bravas que circulaban a una velocidad increíble. ¿Cómo es posible ver en esas aguas una cara tan perfecta?

Nunca he regresado a aquel sitio, al lugar de las dos realidades, pero me asusta pensar que todo lo que vi, escribí y conté sea verdadero.



Fuengirola, 23 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

Cuento de invierno

El bosque



Creo que soñé hace dos noches.; no obstante, no puedo asegurar que no fuese real lo que yo confundí con un sueño. Les aseguro que no había bebido nada; para ser más exactos, tomé un whisky John Danields con hielo. El whisky con agua no me dice nada y solo me produce dolor de cabeza; el whisky ha sido concebido para ser tomado con hielo. Uno vierte el whisky sobre el vaso que contiene dos o tres cubitos de hielo y rápidamente ve que aquellas dos sustancias están hechas una para la otra. Comienza a disolverse algo del cubito, el líquido se colorea de un amarillo pálido, como espirales que se difunden en el resto de la mezcla; luego comienza la homogeneización del conjunto. Decididamente, hielo y whisky son complementarios. Reconozco que tomé un whisky después de cenar, mientras escuchaba ‘Deed I do, del álbum Live in Paris, de Diana Krall. Cena, whisky y canción me indujeron a soñar: en mi sueño, yo caminaba a través de un bosque siguiendo las directrices que marcaba un pequeño riachuelo que lo recorría de norte a sur, a base de meandros, y tuve la sensación de que los ríos jamás deberían correr en esa extraña dirección. Veía como más aconsejable de este a oeste. A la derecha del río, no mencionaré el punto cardinal de referencia porque ya estarán ustedes hechos el mismo lío que yo, es decir, si el río corre de este a oeste, el árbol al que me voy a referir después estaría situado sobre el norte, pero si fuese de norte a sur, ese extraño árbol habría que localizarlo mirando hacia el este.

Todo es relativo, pensé mientras soñaba. Aunque yo creí en el lado relativo de todas las cosas, mi corazón, pensando que me había extraviado, comenzó a latir muy rápido. ¿Cómo es posible, me pregunté a mí mismo, que un simple sueño me haya hecho entrar en un casi infarto? Todo es relativo, me volví a decir, piensa, ¿estás extraviado en un bosque, acaso soñando, o caminas por el lugar correcto y sin problemas?

El árbol, que ha sido la causa de mis males, tenía un tronco grueso y una copa baja, redonda, verde y llena de florecillas rojas o algo por el estilo. No supe clasificar botánicamente su especie. Sin embargo, en mi sueño alguien me dijo que si lograba alcanzar el lugar en el que se hallaba ese árbol, mi mente se haría clarividente.

Ahora, dos días después de aquel sueño, me encuentro nuevamente escuchando la canción ‘Deed I do de Diana krall, en la mano tengo un whisky con hielo, tres cubitos para un par de dedos de bebida alcohólica, y he terminado de cenar. Esta noche espero no tomar más de un whisky con hielo, porque creo sinceramente que lo de hace dos noches no fue un sueño sino una horrorosa pesadilla durante la borrachera que estuvo a punto de costarme un infarto.


Fuengirola, 22 de diciembre de 2009

ADIÓS, OTOÑO




Había estado escuchando, con estremecimiento y escalofríos, la voz de Ives Montand, voz de lluvias y cavernas, remedando la lenta muerte de las hojas secas cuando las ventoleras del Otoño…
Y pensó que las experiencias de la vida son como un revoltijo de hojas muertas, desparramadas por los entresijos del cerebro; y que la memoria no es más que el esfuerzo por recoger, con la pala de los recuerdos, los fragmentos que no echaron a volar.
Y le reconfortó algo irónico que le había leído a Kafka: que “los recuerdos bonitos, mezclados con un poco de tristeza, saben mejor”…


***Se lo dedico a Rocío Carrascosa, con agradecimiento por habernos regalado esas preciosas “feuilles mortes” de Yves Montand.



Las Hojas Muertas (Canción)

Oh, quisiera tanto que tú te acordaras
De los días felices en que éramos amigos
En aquel tiempo la vida era más bella
Y el sol más ardiente que hoy
Las hojas muertas las recoge la pala
Verás que yo no he olvidado…
Las hojas muertas las recoge la pala
Los recuerdos y las penas también
Y el viento del norte los traslada
Hacia la noche fría del olvido
Tú verás que yo no he olvidado
La canción que tú me cantabas.

Es una canción que nos reúne
Tú, tú me amabas y yo te amaba
Y nosotros vivíamos juntos
Tú que me amabas, yo que te amaba
Pero la vida separa a los que se aman
Muy suavemente, sin hacer ruido
Y el mar borra sobre la arena
Los pasos de los amantes desunidos.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Mi musa

Mi musa


Acabo de tomar asiento en mi viejo sillón con pintas blancas y en relieve. Delante tengo la pequeña mesa de camilla, tan pequeña es que se podría decir de ella que es una mesa de camilla personal. Sobre la mesita, un ordenador portátil. Antes de comenzar a escribir, dirijo la mirada hacia la pared que tengo frente a mí, la que es más larga, y veo un armario de comedor con algunas botellas: hay una de brandy español, dos de vino de reserva, una de whisky escocés y creo que la última es de ron brugal. Alguna está medio llena, pero las dos de vino están sin empezar. Las reservo para una ocasión especial. Muevo mis ojos hacia la izquierda y veo un televisor plano apagado. Yo me encuentro en el lado del sofá que se sitúa a la derecha del rincón ocupado por la mesa de camilla, mi viejo sillón y una lámpara de pie, que enciendo cuando leo. Sobre la mesa, un libro con la carátula rosa, que se titula “El Museo de la Inocencia”, última obra de Pamuk, el turco.

Estoy solo en la habitación. Hoy no deseo abandonarme a mis recuerdos porque pretendo situarme en el presente, aunque éste tome tintes de lluvia gris, monótona, persistente y, a veces, tormentosa. Así ha sido hoy el día para media España; para la otra media ha sido blanco de nieve, problemático y muy frío.

Deseo abrir ya mi ordenador pero presiento que hoy no me ha visitado la inspiración, esa extraña figura a quien denominamos musa. Cuando ella está presente, uno comienza a escribir y las palabras juegan unas con otras y se enlazan y bailan, giran y se trasladan hasta encontrar su sitio, el lugar justo en el que dicen lo que tienen que decir. Las palabras, cuando las maneja la musa, tienen magia.

No obstante, la musa no viene todos los días. Entonces, y eso es lo que me pasa hoy, dudo si salir a su encuentro o quedarme sentado esperando su aparición. Mi intención primera había sido la de salir a su encuentro, como el pueblo de Pepe Isbert, en Bienvenido Mr. Marshall, que quería ir al encuentro de los americanos. Los americanos, para los que les habían hecho una canción, pasaron de largo y el pueblo, con su alcalde a la cabeza, se quedaron con un palmo de narices.

Mi musa me ha hecho hoy la misma jugada y aquí me tienen ustedes con el par de narices, entreteniendo el tiempo. Escribo estas líneas con la intención de provocar a mi musa, pero ella hoy parece entretenida en asesorar e inspirar a otro autor o autora. Posiblemente haya inspirado a nuestra querida amiga Faustina en esa preciosa historia-felicitación navideña. Si ha sido mi musa, la animaré a que se quede con ella. Yo mientras tanto entretendré mi tiempo escribiendo tonterías sentado en mi viejo sillón con pintas azules y en relieve.

Así podré entretener mi vista en la hermosura de una lluvia que se ha hecho rogar.



Fuengirola, 21 de diciembre de 2009

COLGAR UNA ESTRELLA

Cuando colgó la estrella en la cima del árbol, recordó de nuevo aquel momento de la infancia: el día que descubrió el secreto de los Reyes Magos decidió que, a pesar de todo, sentiría la magia de la Navidad.

Desde entonces, la ha buscado cada año entre las luces que deslumbran crisis y miserias, los anuncios de perfumes, las comidas familiares que reagrupan las sillas para camuflar las ausencias, los puestecillos callejeros, los programas solidarios que reconfortan conciencias, o las miradas ansiantes e ilusionadas de un niño.

Y descubre que la encuentra cada diciembre cuando corona el árbol con una estrella.

Como escribí hace un año: "la Navidad tiene el rostro risueño y se cubre con un manto rojo para proteger la ilusión que nos permite seguir soñando".

Felices Fiestas a todos.

domingo, 20 de diciembre de 2009

MIRANDO LAS ESTRELLAS

Amigos, leo vuestras reflexiones que son, sin duda, profundas, estimulantes, enriquecedoras… Y me admira vuestra disquisición sobre los más complejos conceptos de la filosofía: la unidad, la verdad, la belleza. “Lo uno”… “Lo verdadero”…“Lo bello”… No hay duda que estos conceptos eliminan la deformante multiplicidad en la que se expresa y vive lo real.

Yo hoy, también, quiero hablaros de lo bello. De la belleza que habla desde las mágicas estrellas, que en su ocultación, en 1919, sirvieron para confirmar la veracidad de la Ley de la Relatividad, como nos decía Fernando el sábado 19… Deseo hablaros también de los sueños que ellas nos provocan… Y voy a hacerlo, como “aprendiz de filósofo”, revistiéndome, atrevidamente, de la vida y palabras de Tales de Mileto.

Como sabéis, amigos, Tales, matemático, geómetra, astrónomo…, observaba a menudo las estrellas, demostrando, mediante ellas, que la Filosofía que enseñaba “era cosa de mucho provecho”.

Cierto día, mientras miraba al cielo, se cayó en un pequeño pozo del camino. Al verle, una mujer de Mileto le dijo: “Por tanto mirar al cielo, no te das cuenta de lo que tienes debajo de tus pies”… A pesar de ello, Tales, siguió, durante toda su vida, mirando las estrellas y quizás soñando…

En el momento de morir, lo recuerda Diógenes Laercio, su plegaria fue: “Te alabo, ¡oh, Zeus!, porque me acercas a ti… Por haber envejecido, no podía ya ver las estrellas desde la tierra”.

Buen colofón para una vida dedicada a contemplar la belleza, misteriosa y única, de las estrellas…

Cuento de Navidad

Cuento de Navidad



Siempre he deseado escribir un cuento de Navidad pero he de reconocer mi incapacidad para hacerlo. Por esa sencilla razón, nunca he tenido la fortuna de escribirlo y jamás la tendré. Escribiré sobre otros temas, como de lo Uno y el Dos, de lo bello y sus formas (que por ciento he recordado que es de Hegel), de la soledad de los números primos o de lo divino o humano. Pero no me veo a mí, un sencillo hombre que ha dedicado a vivir dentro del marco cuadriculado de la ciencia, escribiendo una historia de ese tipo.

Decidido a escribirlo, tomé pluma y papel y me dije, “escribe una historia de Navidad”.

Y todo lo que ha salido de mi pluma han sido letras desordenadas y palabras colocadas en cualquier dirección, que no podían decir nada porque no habían sido escritas para decir nada cálido. Desesperado, salí a dar un pequeño paseo por el centro de la ciudad. Después regresé. A veces es una buena estrategia ver en los demás lo que tú quieres expresar con unas pocas palabras: felicidad, amor, familia, fraternidad, descanso, alegría, esperanza, y tantas otras palabras que deben figurar en un cuento de ese tipo. Después de caminar y de regresar con las manos y la cara entumecidas por el frío reinante, volví a tomar el mismo papel y me encontré, como ya le sucediera al zapatero prodigioso, que cada noche se pinchaba con la aguja y se acostaba sin realizar su trabajo, pero a la mañana siguiente se encontraba los mejores pares de zapatos que habían sido fabricados por unos duendes que solamente existen en tiempos de Navidad,sí, como si esos mismos pequeños y extraordinarios seres hubiesen entrado en mi casa para darme una lección y enseñarme qué es la Navidad, me encontré escrito el cuento.

Por pudor no lo hago público, pero todas las palabras que antes les he mencionado están contenidas en él.

Les aseguro que no es mi cuento de Navidad, pero si yo hubiese logrado escribir uno, con toda seguridad que habría escrito ése que me he encontrado sobre la mesa y no otro.


Fuengirola, 20 de diciembre de 2009

Les Feuilles Mortes

Sé que a Fernando le gusta mucho la canción de Yves Montand "Les Feuilles Mortes". Desde mi tierra linarense, en esta tarde de domingo, se la mando para que goce con la calidez y nostalgias del otoño que se acaba...


http://www.youtube.com/watch?v=8W2Kgpoyuww

Dedicado a mi gran amigo el Dr. D. Fernando Jiménez


Los números primos, el lector de sueños y otras paranoias

Lo reconozco, me habría gustado ser un lector de sueños.

También deseo reconocer ante ustedes que soy un lector leal de Haruki Murakami, entre otros distinguidos autores. Mis dos reconocimientos hecho públicos tienen relación; no se tratan de hechos casuales e inconexos. De todos los personajes de su última obra editada en español, el lector de sueños es con quien más me he identificado. No obstante, ni lo soy ni lo seré jamás, porque para realizar tal menester es preciso vivir en la ciudad de los cuerpos sin sombras y a mi me encanta llevar la mía siempre pegada a mí por los zapatos. Allí, como en el país de Alicia, nadie explica nada a quien no sabe lo que sucede; simplemente, las explicaciones son siempre innecesarias porque la explicación de todo se concebirá exclusivamente cuando los habitantes se quedan sin corazón. Solamente, defiende el autor japonés, cuando no hay corazón la mente funciona a pleno rendimiento, se hace fluida y ágil y todo resulta comprensible. Yo diría que clarividente.

Yo, que soy un profano en las cosas del saber, pienso que el gran triunfo de los humanos se esconde en la belleza que supone el alto grado de simetría que tenemos: dos piernas, dos manos, dos ojos. Dos es el número mágico de casi todo lo que nos distingue. Entonces, ¿qué papel juegan nuestros órganos únicos, corazón, mente, pene, nariz, etc.? ¿Acaso ellos no son bellos? Yo, que sigo siendo un enamorado de lo bello y sus formas, pienso que ellos forman pareja con otros órganos que se encuentran fuera de los cuerpos en dónde radican aquellos.

Les provoco para que imaginen todo lo que deseen.

De esta forma tan sencilla, la soledad de los números primos (a la que me he referido en otro relato) queda circunscrita a ellos, a los pobres y aburridos números que no encuentran más divisor que ellos mismos y la unidad.

Los números pares y los divisibles son instrumentos que expresan eso que antes he dicho: la simetría y belleza.

Ser un lector de sueños no significa vivir dentro de un personaje mágico y adivino; ser un lector de sueños quiere decir que uno desarrolla la capacidad, o inteligencia, suficientes para descubrir la intencionalidad de todo lo que es uno y que debe de tener su pareja fuera de sí mismos: dios, el universo, el amor, la solidaridad, la igualdad, y tantas otras cosas que siguen habitando en el maravilloso mundo de los números primos.

Por eso a mí me encantaría ser un lector de sueños; sin embargo, ni lo soy ni lo seré jamás. Si algunos de los lectores de este pequeño relato ha conseguido ser lectores de sueños, por favor, háganlo saber para que podamos hablar largamente.

Fuengirola, 19 de diciembre de 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

RELATIVIDAD



Dedicado al profesor Antonio Espinosa

Ella solía atemperar sus efluvios estéticos con una pequeña dosis de escepticismo: “Es demasiado bello para ser verdad”, repetía ocasionalmente.
Y le conté algo que sucedió tras el eclipse solar de 1919, que sirvió para confirmar la veracidad de la Ley de la Relatividad (divulgada por aquellos años), al quedar ocultas las estrellas por un cambio de la posición del sol.
Hubo entonces un pensador inglés, reticente hasta entonces a esta teoría, que le mandó a Einstein un telegrama felicitándole por haber quedado demostrado que su teoría era verdadera. Y le añadó con insolente curiosidad: “¿Qué pasaría si se hubiera demostrado que era falsa?”.
A lo que Einstein le contestó: “Yo estaba seguro de que era verdad, porque la teoría de la Relatividad es demasiado bella para ser falsa”.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Noche de lluvia

Noche de lluvia, reflexiones atípicas y la verdad estadística.


Noche de lluvia intensa. La mar y yo estamos separados por no sé cuántos finos chorros de lluvia fina e intensa. ¡Tan cerca y tan lejos al mismo tiempo estamos esta noche la mar y yo! Ciertamente, la cuestión de la proximidad o de la lejanía es una cuestión sometida a la crítica de lo relativo. ¿Será todo relativo en este mundo en el que nos movemos? Proximidad y lejanía, verdad y mentira, eficaz o ineficaz, práctico y teórico, todo debe de tener un sentido relativo. Dependerá de miles de circunstancias; a veces bastará con una de esas circunstancias para hacer una verdad otra mentira.

Yo pienso, y digo con cierta frecuencia, sobre todo en el ejercicio de mi profesión, que al no conocer con certeza cómo son las cosas tendremos que aceptar que las cosas son lo que parecen ser.

Posiblemente os esté haciendo sonreír en esta noche de intensa lluvia. No obstante, me gustaría complicar aún más esta teoría de aprendiz de filósofo. La verdad tiene una fuerte componente estadística: la verdad es lo que solemos aceptar con frecuencia como tal.

No sé dónde he leído, posiblemente también lo haya escuchado a alguien, y lo que es más probable, lo habré leído y escuchado también, que todo es cambiante. Nada permanece. Y creo que esto también tiene una fuerte componente de relatividad y de estadística: observamos que lo material, lo fabricado por los humanos, son entidades cambiantes; sin embargo, el amor podría permanecer siempre anidando en algún espíritu o en algún cuerpo. ¿Es relativo el concepto de amor, o tiene una componente de verdad estadística? La Revolución Francesa nos trajo conceptos que parecen inmutables. Necesitamos más revoluciones como la francesa. No lo pregunto, lo afirmo.

No lo sé. posiblemente tampoco me importe demasiado muchas de las cosas que estoy escribiendo esta noche, pero la noche lluviosa me ha traído la necesidad de escribir algo y yo he tomado pluma y papel y esto es lo que ha salido.

Y como hago siempre, lo que ha salido lo dejo tal y como salió. No lo modifico porque si lo hiciera, lo escrito estaría condicionado, y por lo tanto ya habría una componente de relatividad, por el estilo, la sintaxis, o el tema.

Termino mis reflexiones de inexperto que disfruta de las sensaciones inducidas por una noche de lluvia intensa, afirmando que la creatividad es siempre algo que se puede perfeccionar en una segunda mirada sobre lo creado.

Sigue la lluvia y en mi calle se está formando una buena bolsa de agua; cada vez que pasa un coche siento desde la posición que ocupo cómo el agua encharcada se aparta para dejar pasar las gomas del coche. ¿Qué sucedería si el agua no se apartase?

Continuarán las carcajadas de mis lectores; mientras, yo sigo pensando en el sentido que tiene la creación, como verdad sobre el origen del universo y del hombre, si no se ha realizado con perfección, es decir, con una segunda o tercera revisión de lo creado.

Otra cosa distinta es que, con la crítica que supone la relatividad y la verdad estadística, yo sea como soy porque no he sido creado.

Pero esto es una reflexión estúpida porque lo que yo quería decir esta noche es que la lluvia está resultando agradable, intensa y que, sin quererlo, su agua me separa de esa mar a la que adoro.


Fuengirola, 18 de diciembre de 2009

TAMBIÉN AQUÍ HABITAN LOS DIOSES...

Cuenta Diógenes Laercio que estaba Heráclito calentándose en la estufa cuando llegaron unos visitantes que habían hecho un largo camino para verlo. Al contemplarlo acurrucado junto al fogón, tratando de paliar en algo el frío de Éfeso, su desilusión fue grande. Esperaban, sin duda, encontrar al filósofo en actitud más reflexiva y noble.

Al verlo así junto a la estufa, en actitud humilde, decidieron regresar a su lugar de origen en el mismo momento. Ante lo cual Heráclito les dijo: “Quédense, también aquí habitan los dioses”.

No debían ignorar, decía mi amigo al escuchar la historia, que Heráclito establecía el fuego como principio primordial y único de todas las cosas. Era la base de su filosofía…

Es cierto, le contesté. Pensaba Heráclito que todo salía del fuego, que todo se componía de fuego y que todo se deshacía, finalmente, en fuego. Sin duda al contemplar Heráclito el fuego de la estufa, veía en él algo más que una simple llama que irradiaba calor. Descubría el principio divino, emergiendo en el cambiar continuo de la llama. Con mirada profunda, contemplaba a los dioses. Y percibía lo que estaba oculto: en el silencio de su humilde fogón veía el misterio y la magia que era origen de todo.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Y les llamamos bárbaros

Y les llamamos bárbaros


Sí, a los bárbaros del norte, a los que espada en mano, teas incendiarias, caballos medio salvajes como ellos, corazas protectoras hechas a mano, barba de siempre y suciedad en sus corazones y en sus rostros, atacaban cualquier ciudad, que se defendía con las mismas armas aunque sus rostros aparentasen mayor limpieza, o cualquier indefensa aldea poblada de gentes sencillas donde se acumulaban los niños, que representaban el futuro, y los ancianos, ostensible representación de lo que ya había sido una vida. Sí, digo de nuevo, esta clase de gente ha pasado a la historia de la humanidad como los bárbaros del norte. La lucha era desigual ya que la provocaba la parte guerrera, los denominados bárbaros, en contra de la ciudadanía, que entonces no se llamaba así pero no por ello no vamos a dejar de describirla con tal nombre. Dicho en otros términos, entonces existían dos clases de humanos: los amigos de la muerte y los enemigos de la misma. Todos nos declaramos enemigos de la muerte pero algunos, en su miedo a morir, se alinean con ella y provocan la extinción de los demás: monarquías absolutas, bárbaros del norte, señores feudales, inquisidores de cualquier fe, reyes de taifas, dictadores, etc., han dedicado su vida a jugar con la muerte de los demás. Pero con la vida no se debe jugar, podemos vivirla mejor o peor pero la vivimos mientras estemos vivos; la muerte es irreversible y asimétrica. Es lo único asimétrico… aunque se nos prometa una vida al otro lado de la muerte. ¡Ojalá así sea!, aunque me temo que la muerte es un proceso individual y no un fin colectivo. Nos morimos de uno en uno y no colectivamente… a menos que actúen los denominados bárbaros.

Y les llamamos bárbaros. Sí, a los que, una vez provocada la destrucción de todo y eliminado el poder de ciudades y aldeas, se transformaban en el nuevo poder de ciudades y aldeas. La idea era muy simple, acabar con el injusto, prevaricador y tiránico poder establecido y, al mismo tiempo, dar un escarmiento a las gentes sencillas, hombres, mujeres, niños y ancianos, muchos de los cuales debían morir colectivamente para el cumplimiento de los objetivos planeados. El resultado final era el caos inicial y, lo que es peor, el odio generado, un odio personal, un odio entre clases y un odio entre culturas y religiones.

Por todo esto llamamos bárbaros solamente a los guerreros medievales que procedían del norte.

Pero la situación es hoy diferente. Verán, ni las espadas ni las teas incendiarias, ni el aceite hirviendo eran artilugios inteligentes ya que obedecían sólo las órdenes del brazo que los maniobraba, mientras que las armas, sobre todo los misiles actuales, son inteligentes y se dirigen a su objetivo, previamente fijado, pase lo que pase excepto si son destruidos con anterioridad a su lanzamiento. ¡Qué delicadeza, qué sutileza y qué tranquilidad! Podemos estar contemplando la guerra desde la primera fila en la seguridad de que la destrucción es cosa de otros y la muerte no se dirige a nosotros. A menos que alguien decida que da lo mismo el número de muertos y apunte a tu balcón. Primera diferencia con los que llamamos bárbaros.

Recuerdo un viejo chiste que me contaba mi abuelo, una sencilla broma ingenua, llena de sentido común – y ésta será, como ahora se verá, la segunda diferencia, el sentido común actual -, un chiste de abuelo. Decía así, un individuo le decía su amigo del alma, “oye Paco, ¿si tuvieras diez millones de pesetas me darías cinco millones a mí? Por supuesto, le contestó el amigo. ¿Y si tuvieses dos millones me darías uno a mí? Por supuesto, contestó el amigo adinerado. ¿Y si tuvieras cien mil pesetas me darías cincuenta mil a mí? No, dijo el amigo con gran sentido común, ésas las tengo”. El sentido común es otra de nuestras diferencias con los que llamamos bárbaros. Por sentido común, y no por otra cosa por favor, deseamos que los demás no tengan lo que nosotros tenemos. Por sentido común, vendemos lo que fabricamos pero después, los denunciamos por tener lo que nosotros tenemos y, por sentido común claro, hacemos lo mismo que los bárbaros. Pero debe quedar claro que lo hacemos por sentido común.

No quiero molestarles más con mis absurdos pensamientos. Solamente les voy a entretener unas líneas más para concluir diciendo que no todo son diferencias entre las dos épocas. Hay alguna coincidencia. La más coincidente, desde mi humilde punto de vista es que entonces, como ahora, el señor de la guerra se rodeaba de una corte y de algún bufón.

Por todas estas razones considero que la denominación de bárbaros está bien aplicada para aquellos fornidos guerreros invasores. Sin embargo, no existen palabras en el diccionario que definan con exactitud a los guerreros inteligentes actuales, a sus líderes, a sus cortesanos y a su bufón. Habrá que inventarlas. Llamo a vuestra imaginación. Sí he encontrado palabras que definen a los demás, a los que no necesitamos clases de geografía moderna, a los ciudadanos rebeldes que no queremos las guerras. Somos gentes de paz.


EXCUSA



Me cuenta que Agamenón en la Ilíada, cuando quiso congraciarse con Aquiles, a quien le había arrebatado la esclava Briseida, esta fue la excusa que se le ocurrió: “Es que Zeus me cegó…”.

Siempre es cómodo, le comento, tener en quien descargar la responsabilidad de nuestros errores.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

LO APOLÍNEO Y LO DIONISÍACO

Hace unos días asistía, junto a unos amigos, a un delicioso y bien trabajado corto cinematográfico de José Manuel Asensio, director y amigo común. Se escenificaba un sugestivo proceso en el que la dualidad de un solipsista “yo” respondía de forma dialéctica a un idéntico estímulo. Su título era “Cuando Apolo encontró a Dionisos”.

Uno de los amigos, que visionaba el corto conmigo, me recordaba, siguiendo el esquema nietzscheano sobre el Genio Griego, que el hombre, sobre todo el mediterráneo, o el influido por culturas mediterráneas, era siempre una mezcla de “Apolo” y de “Dionisos”. La mesura y el equilibrio se funden con el desenfreno y la pasión. En nuestra vida, añadía el amigo, normalmente, domina “Apolo”. La racionalización, el orden, el control, se imponen sobre la pasión y sobre las otras fuerzas pulsionales del “yo”.

Es cierto, le respondía. Sin embargo, coincidirás conmigo que el hombre necesita romper las trabas de “Apolo”. Siente la imperiosidad de dejar que afloren las “pulsiones” profundas del “Dionisos”. Es su victoria sobre “Apolo”: el instinto, la vivencia, la afectividad, la pasión, se configuran, así, en formas dominantes.

Coincidíamos todos en que estas fuerzas, sin duda, son también necesarias para manifestar la imagen rica y profunda de lo que el hombre es. “Dionisos” junto con “Apolo” manifiestan la imagen del hombre total.

lunes, 14 de diciembre de 2009

El pastor de los domingos

(Escrito hace un par de semanas, justo cuando tenían que jugar un simple partido de fútbol los equipos Barcelona y Madrid. Los medios audiovisuales lo convirtieron en una especie de guerra usando calificativos tales como el partido del siglo, la revancha, etc. Entonces, un simple pastor dio una lección de equilibrio). A ese pastor desconocido por mí le dedico este relatillo.


Esta mañana, como la de todos los domingos, he escuchado a un pastor de ovejas hablando en uno de esos programas radiofónicos que te entretienen mientras te duchas y afeitas. Ha hablado después de hacerlo un grupo de científicos notables de este país nuestro. En estos momentos, transcurridas ya varias horas del hecho, solamente recuerdo las sencillas palabras del pastor. Debe de tratarse de un hombre bastante mayor porque al hacer referencia al hecho de que el presidente del Parlamento le ha enviado una carta a él, a un pastorcillo de pueblo, se ha referido al Presidente de las Cortes, aunque luego corrigiese para aclarar que lo era del Parlamento español.

Refiriéndose al tiempo meteorológico, relativizó con elegancia: “hoy hace un buen día, un día otoñal”, y ante una pregunta sobre el partido de fútbol que hoy se jugará entre los dos equipos más conocidos de este país, contestó que lo verá pero que no es de ninguno de ellos. Que gane el que mejor lo haga, dijo. Y muchísimas más cosas que ya he casi olvidado.

Lección de sencillez, de realismo, de humildad, de entusiasmo y de equilibrio. Entonces arribó a mi mente una sensación grisácea de tristeza, que no tiene nada que ver con el color que hoy ofrece el día, el cielo y mi ciudad, al recordar la facilidad con que los humanos nos situamos en cualquiera de los lados del desequilibrio: en política, en religión, en deportes, en las relaciones hombre-mujer; en todas nuestras actividades somos diferentes al pastorcillo que ha recibido una carta del Presidente del Parlamento Español.

¿Tan difícil es vivir y mantenerse en el equilibrio correcto? ¿Qué sucedería si el universo, ese gigante que sólo puede vivir dentro del equilibrio, tomase partido por un simple partido de fútbol, o una sencilla discusión política, religiosa, moral o filosófica?

sábado, 12 de diciembre de 2009

AMADEO



Ninguno de aquellos rostros miraba a los demás, pero sentía que todos estaban fijos en él. En casi todos ellos podía atisbar un rictus, un gesto, una señal, una llamada, un grito, como si le rodearan las máscaras en un baile de disfraces. Mientras iba posando en cada uno de ellos su mirada, le parecía adivinar la hostilidad, el miedo, la ilusión, el dolor, la resignación, el disgusto, la alegría, la indiferencia, la pena, la ansiedad, el sosiego…

Cuando salió de la Exposición de los cuadros de Amadeo Modigliani, ya en la calle, miraba el rostro de los transeúntes que se le cruzaban, como si fueran lienzos de un museo.

jueves, 10 de diciembre de 2009

La gaviota (cuento abierto a la imaginación)

La gaviota

Solía caminar descalza junto al mar. Los días soleados recorría unos cuatro kilómetros de ida y otros tantos de regreso. Decía que el mar es su fuente de inspiración. Luego escribía las sugerencias del mar en unas cuartillas y las guardaba junto a las anteriores de forma ordenada. Por fecha. Yo hubiese preferido leerlas dispuestas por temas pero ella prefirió organizarlas según la fecha en la que habían sido escritas, de tal forma que los tres grandes archivadores podían considerarse como su diario personal.

Las últimas cuartillas escritas de su puño y letra contaban la historia del viaje sin retorno que realizó una gaviota que extrañamente se llamaba como ella.

Ahora, cuando el verano ha sido reemplazado temporalmente por la estación de las hojas secas, echo en falta el momento en el que diariamente tomábamos café, ella me leía mi futuro analizando la forma de los posos en el fondo de la taza, hablábamos de lo divino y lo humano y, finalmente, me daba a leer sus últimas sugerencias del mar escritas en unas cuartillas de papel reciclado.

LA BUSQUEDA

Desde un pequeño montecillo, rodeado de olivares verde-plata y de cortos caminos de herradura, releía una frase de Rudolp H. Lotze que, por paradójica, siempre me impactó: “Si me dieran a escoger entre la verdad y el camino para hallarla, escogería éste último”…

Y pensaba, mientras el cielo azul de mi exiguo terruño me invitaba a la paz y al pensar sosegado, en el misterio que conlleva la inquietud radical del espíritu humano. Porque el dinamismo de la vida es búsqueda. Y siempre en ella, realiza el hombre su dimensión profunda.

Contemplando este rítmico y suave movimiento de los mares de olivos, con mirada lejana bañada por la brisa, imaginaba al hombre buscando la respuesta a sus preguntas. Y pensaba que si el hombre busca, como le exige su sino ineludible, deberá, en buena lógica, existir lo buscado, el término objetivo de la inquieta pregunta. ¿O es que el hombre en su ser y en su búsqueda se determina sólo por objetos fantásticos tan sólo imaginados?

Desde mi pequeña atalaya, el montecillo leva, me preguntaba por la esencia del hombre. Qué gran misterio el suyo: rodeado siempre de preguntas… pidiendo a los que cruzan el camino su pan de cada día y buscando en el mar verde y plata de su entorno, el objeto buscado… ¿Pero, existe?

AMOR Y MATRIMONIO



He leído que en la India, politeista, polícroma y mística, el matrimonio es más todavía (en muy alto porcentaje) una inversión negociada y pactada que una elección amorosa…

Pero eso es un desastre –me protesta-, nunca podrá salir bien en estos tiempos de libertades conquistadas y aseguradas.

¿Pero tú crees –le replico- que en nuestro occidente las parejas se elijen en tan cándida libertad? La elecciones matrimoniales enuclean un amasijo de encanto, intereses, obstinación, magia, estrógenos y testosterona, sometidos, con insospechada frecuencia, a códigos familiares, a complicidades sociales, a estereotipos culturales, a intoxicaciones hormanales y a reacciones indeliberadas… ¿Crees que garantizan más el “amor para toda la vida” que las ancestrales costumbres del misterioso Oriente?

Eso del amor, me dice, será siempre un enigma irresuelto bajo este sol caminante, desde Oriente hasta Occidente…

lunes, 7 de diciembre de 2009

LOS GENES




En el gran teatro de nuestras vidas, unas invisibles manos tiranas nos manejan desde ultratumba…
Él me escuchaba casi con horror.
Te estoy hablando, prosigo, de la famosa teoría del viejo profesor húngaro, Szondi, sobre el papel que representan los antepasados en la vida y el destino de los seres humanos.
Pensaba Szondi que, de los genes heredados de nuestros antepasados, los que van quedando en ‘estado de latencia’ por no haber encontrado su pareja genéticamente complementaria, buscan con insistencia exasperada un camino para su expansión, dirigiendo y forzando nuestras elecciones (de amor, de amistad, de profesión…). Como si una mano negra del oscuro pasado manejara los hilos de las marionetas humanas y condicionara de destino de cada persona.
Se queda pensativo: Esos ojos azules de mi padre –musita-, esa reactiva impulsividad vital de mi madre, dones de los que yo evidentemente carezco, ¿qué elecciones y decisiones mías estarán forzando para hacerse luz y vida en alguno de mis descendientes, igual que la rama de la higuera fuerza y taladra los muros lóbregos de un viejo convento para salir a la luz y expandirse al aire de la vida?
Decido dejar en el aire la respuesta…

viernes, 4 de diciembre de 2009

FE Y CONFIANZA




Estuve leyendo en un verso del poeta Rilke que el animal humano necesita “ir al otro lado de las cosas”. Yo lo entiendo –le comentaba a mi amigo- como que los humanos somos un complejo sistema abierto a lo trascendente, a lo que nos sobrepasa, a lo que nos maravilla y aterra.
Poseemos (no sé quién lo dijo) una “dimensión abismática”… Y eso da vértigo, amigo; el vértigo de asomarse al abismo. Necesitamos agarrarnos a algo que nos proporcione alguna seguridad, que nos permita sobrevivir en medio de la incertidumbre y el riesgo. ¿Es eso la fe?.

Ten en cuenta –me respondió- que la palabra fe viene del vocablo latino ”fides”, del mismo que deriva también la palabra “confianza”. Necesitamos alguna fe: alguien o algo en lo que confiar… Y conste –me aclaraba- que no me estoy refiriendo solamente a la “fe” oficial de los distintos países y civilizaciones del planeta que se enseñan oficialmente en las escuelas y los templos, que han inspirado tal altas realizaciones estéticas y humanitarias, a través de los siglos...
Y con las que tantas veces “los poderosos” han abusado de nuestra confianza, le recordé.

jueves, 3 de diciembre de 2009

LOS DIOSES Y LOS HOMBRES

Leo en el blog hermosas narraciones mitológicas. Dioses que reviven situaciones del mundo de los hombres. Su Olimpo siempre es mágico. Demasiado cercano al mundo terrenal, aunque alejado siempre. Dioses resurgiendo en amores y odios y hombres envueltos por una misteriosa esfera de lo alto que les invita a ser como su dios.

¿Cuándo nacieron los dioses y por qué entraron tan decidida y poderosamente en la historia del hombre?

Sin duda, nacieron con el hombre mismo. Y entraron en su historia convirtiendo la dimensión profana de lo humano en historia sagrada. Eran imprescindibles. Fueron amparo necesario, protectores de todo, “Algo” en lo que el hombre, inexplicablemente, casi siempre era.

Desde su nacimiento, los dioses se erigieron en protagonistas: señalaron los signos culturales, establecieron márgenes al convivir del hombre, perfilaron sus límites. La epifanía del dios, diferente en el tiempo, determinaba siempre los acontecimientos de la vida humana.

Nunca, por esto, lo profano se pudo realizar sin ellos. Esa fue la tragedia. Los hombres renunciaron a vivir su dimensión profana y fueron convirtiendo sus acontecimientos en historias sagradas. “Nuestros” dioses envolvieron en juegos trascendentes el vivir de unos hombres que los contemplaban como el “gran misterio”… Un misterio, por cierto, en el que siempre resultaban envueltos.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

ENDIMIÓN Y SELENE



Recordaba haberlo contemplado hace años en Florencia, Galería de los Uffizi, y ahora había vuelto a encontrarlo en Madrid, en la muestra “Las lágrimas de Eros”: Un lienzo de embrujo singular, el del joven de desnudo torso delicado que, en suave escorzo, sostiene su sueño con la palma de la mano bajo su mejilla, apoyado el bastón y desmayada la zamarra en una mesa, a la luz débil de la luna menguante…

Cuenta la leyenda que Selene, la diosa Luna, prendada de la belleza juvenil del pastor Endimión, consiguió de Apolo que lo mantuviera de por siempre dormido, para que ella, con sus pálidos ojos inmortales, pudiera contemplarle cada noche, en arrobo sin tregua, desde el cielo.

La diosa y el humano. Humanizada ella por un amor terrenal; divinizado él en alas del sueño, que es umbral de la eternidad.

martes, 1 de diciembre de 2009

NUESTRO TIEMPO

En realidad, comentaba con mi amigo, estamos penetrados por el tiempo, porque "somos durando". Es nuestra estructura más radical. La temporalidad nos afecta en la dimensión profunda de lo que vamos siendo.

Es cierto, me contestaba, pero a pesar de nuestro ser transitorio, casi siempre olvidamos la condición temporal que más nos afecta: el presente.

Llevas razón, le respondía. Anticipamos el futuro porque, para nuestro deseo, es lento en llegar; recordamos y añoramos el pasado porque se fue demasiado pronto y no nos detenemos en el único tiempo que nos pertenece: el presente. Vivimos en tiempos irreales -pasado y futuro- y dejamos escapar la vivencia profunda y existencial del único tiempo que tiene sentido en nuestro momento histórico.

Ante el presente nos comportamos con ambivalencia: cuando nos molesta o nos daña, lo escamoteamos rápidamente; cuando es gratificante, sentimos nostalgia, dolor, pena, al constatar que se nos va.

Así, vivimos para el futuro, anticipamos sus vivencias, aunque sabemos que no tenemos la seguridad de que vayamos a llegar a él. A lo largo de nuestra vida, pareciera que el futuro es nuestro único fin. Aunque aún está por llegar. Curiosamente, el pasado y el presente son sólo medios para llegar a él.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El paisaje

El paisaje

Mi vista se detuvo en el paisaje que se me ofrecía con generosidad sin límites, como la rosa que despliega sus pétalos sin rubor para que se disfrute con su contemplación: el paisaje me ofrecía un camino que primero es recto y dspués corcovado, un arroyo de cristalina agua que sigue los caprichos del camino, o quizá sea el camino quien se amolde a los del río, una pequeña alameda de chopos jóvenes que ofrecen su doble color verde, una casa de campo a lo lejos, marrones de diferentes matices y tonalidades esparcidos por el suelo, boñigos de burro sobre el recto camino y ausencia de marcas de coches en él. Después de mirar largamente el panorama que tenía delante de mí, llegué a la conclusión de que el paisaje es el elemento más frecuene de la naturaleza. Y no contento con esta afirmación, grandiosa por su simplicidad, alcancé a pensar que el paisaje es nuestro primer interlcutor. Definitivamente, el paisaje habla como cualquier otro personaje; más aún, él es quien primeramente nos habla y se comunica con nosotros. Lo miras y él te habla y a ti te gusta o te disgusta; raramente pasa desapercibido porque es inagotable, a pesar de ser más antiguo que la humanidad misma.
Esta mañana he vuelto, como el delincuente que regresa al lugar de sus fechorías, para disfrutar de mi paisaje, porque una vez visto ya es de uno y al mismo tiempo de todos, pero solamente pude contemplar la frondosa vegetación que se localiza en las cercanías. Lo demás estaba cubierto por una densa niebla, como si hubiese encontrado que el secreto de la larga vida es ocultarse de vez en cuando.
Entonces preferí dar media vuelta y dirigirme al mar. Ahora contemplo en su inmensidad un mar repleto de esquinas.
Como estoy seguro de que no sabrán interpretar eso de las esquinas del mar, otro día les hablaré de ellas.

viernes, 27 de noviembre de 2009

OLVIDOS


Había yo leído a un escritor vienés del siglo diecinueve, Ferdinand Kürnberger, que “todo lo que uno sabe, más allá de meros sonidos en la lejanía, puede resumirse en tres palabras”.

Y me acordé de un viejo amigo que me aseguraba haber leído un libro en su juventud del que no recordaba ni el título ni al autor, solamente unas cuantas palabras del comienzo: “
En un lugar de la Mancha…”.

jueves, 26 de noviembre de 2009

SER ALGUIEN

He salido, en este veraniego otoño, a “ver escaparates”, acicalados ya con la falsa plata y el musgo verdinegro del tiempo navideño…

Y, al verme entre los hombres dedicados a mi mismo “deporte”, escuchaba mil palabras pronunciadas por la envolvente masa de los hombres anónimos. Todos estábamos marcados con señales idénticas: remeros, en la brega, de una trainera anónima…

Mientras vamos bogando, los hombres gritamos las palabras para que se nos oiga. Deseamos que se nos escuche. Queremos, a pesar del anonimato que conlleva ser “masa”, sentir que somos “alguien”.

Es bueno, comentaba, como siempre, a mi amigo, resistirse a esa especie de muerte de nuestra yo profundo. Resistirse a ser sencillamente “masa”. Conviene, en base a la autoestima, sentir nuestra importancia. A pesar de ser -porque lo somos-, solamente una “caña pensante” -lo decía así Pascal-, agitada por indecibles vientos, somos imprescindibles, únicos, necesarios, para hacer frente a la imparable brisa que sopla, ineludiblemente, por la tarde.

martes, 24 de noviembre de 2009

El hombre que caminaba con la cabeza gacha

El hombre que caminaba con la cabeza gacha

El hombre de mediana edad caminaba por la calle principal, que iluminaba sus escaparates llenos de colorido, con la cabeza gacha; no parecía estar interesado en lo que sucediera a su alrededor. Tampoco parecía ir pensando; su mente simulaba un vacío total, ausente de acontecimientos pasados o presentes. Mirándole a los ojos, nadie se atrevería a afirmar que la nostalgia, o la melancolía, habían hecho escala en él.
A mí, que soy un observador de las realidades que cuento después, su visión me inundó de desasosiego. Yo soy de los que piensan que los sentimientos, las sensaciones o las actitudes llenan el aire que respiramos, como las bacterias y los virus, y nos infectan de vez en cuando sin que ello suponga haber contraído enfermedad alguna. Simplemente se introducen en nosotros y nos hacen sentir alegría, tristeza, amor, odio, felicidad, credulidad o incredulidad, etc., mientras estén dentro. A diferencia de las bacterias, esas sensaciones no son patológicas. A diferencia de los virus, sobre todo de los retrovirus, no ponen a nuestros cuerpos a trabajar compulsivamente para mantenerlas indefinidamente. No. Solamente las experimentamos durante un cierto tiemp y luego nos abandonan o son reemplazadas por otras.
Sin embargo, el hombre de mediana edad iba caminando de la forma ya descrita y nadie podrá afirmar si iba a lugar concreto.
Yo imploré a la vida para que algunas de esas cualidades, que como las bacterias flotan en el aire, llene su espíritu vacío de todo.
Soledad, pensé, su cuerpo está lleno de ella.
Sin apenas darme cuenta de lo sucedido, vi cómo una mujer de mediana edad, cargada con bolsas de plástico llenas de compras, y el hombre chocaron, o tropezaron, o hicieron por toparse. Él ayudó a la mujer a recoger todas las cosas del suelo y esbozó una sonrisa amistosa. Luego se dijeron adios, pero el hombre de mediana edad continuó su lento caminar con la sonrisa en los labios.
A partir de ese momento tenía algo para recordar con agrado.

NOSTALGIA



Le confieso a mi amigo que para mi eso de la nostalgia, que significa etimológicamente " retorno doloroso " o “dolor de lo pasado”, es casi una enfermedad, como una cefalea recurrente.

Pero es también un sentimiento noble (me reconoce): es fidelidad a lo que fuimos, a nosotros mismos, aunque lo sea también, al mismo tiempo, de afligida rebeldía, romántica, impotente, un tanto desesperanzada, por lo que no volverá...

Lo cantó encantadoramente el poeta Woordsworth, le contesto: “Aunque ya nada pueda devolver la hora / del esplendor en la hierba, / de la gloria en las flores,/ no debemos afligirnos porque la belleza / pervive en el recuerdo”.

A mí me viene también la nostalgia en oleadas recurrentes, pero no tengo que preocuparme, es un sentimiento del fondo del armario, a la vez que doloroso, dulce, desgarrador, tierno y amable. ¡Qué razón tenía Félix Grande!, concluyó mi amigo, “En la nostalgia el universo cabe”…

lunes, 23 de noviembre de 2009

Otoño, otoño, ¡ay mi otoño!

Otoño, otoño, ¡ay mi otoño!

¿Cómo hablar del otoño si no se sienten las características de esa estación del año?
Hoy he comido en el albaicín granadino, en la Plaza Larga para ser más explícito, en el Mesón de la Porrona, sentado a la intemperie. Sobraban las prendas de abrigo; por eso yo colgué mi vieja chaqueta de pana en el respaldo de la silla y me remangué la camisa. Vecinos muy pulcros limpiaban las calles dejando que el agua, que manaba de una goma larga y amarilla, se deslizara por las correderas de piedra blanca, situadas en meitad de la callejuela, a modo de espina dorsal que la recorre en toda su longitud. Cualquier sensación menos la del otoño.
Recuerdo los otoños de mi infancia, y también los de mi adolescencia: calles recubiertas de hojas amarillas o marrones, que decrepitaban al ser pisadas por nuestros zapatos "gorila", una sierra cubierta de nieve desde los mil quinientos metros, abrigos con el cuello alzado para evitar el enfriamiento del cuello, o para ir a la moda de James Dean, guantes de lana (con algún pequeño agujero), esquinas soleadas y pobladas por buscadores de las "recachas", etc. Sin embargo, hoy la gitana, la Porrona, iba ataviada con atuendo veraniego, a pesar de su edad, -me ha estado contando cuántos nietos tiene-, y los demás vestíamos camisas y rebecas en las manos.
Así no se puede hablar del otoño. Por eso he decidido no hablar de él. A la hora de elegir el tema de mi relato, yo habría preferido hablar de esa bellísima estación; sin embargo, hoy el tema otoñal da para poco. Por esa razón he preferido hablar de la globalización, esa extraña palabra que ha venido a sustituir a otras no menos traumáticas, tales como la conquista, el descubrimiento y la colonización. Las hazañas heroicas que fueron las conquistas fueron sustituidas por las colonizaciones (siglos cercanos al nuestro): no se detengan mucho en esta palabra porque colonizar fue, en su momento, hacer que todos beban la misma bebida embotellada (por pudor y para no hacer propaganda no escribiré su nombre), conseguir que todos vistan igual ropa bajo el influjo de la palabra moda, provocar que todos crean en las mismas verdades y obedezcan a las mismas leyes, etc. ¿Alguien recuerda la película Los dioses deben estar locos? Hasta aaquí llega el juego de la colonización.
Ahora la situación es diferente, diríase que más sofisticada, al aparecer el término globalización. He pensado mucho en esta palabra y en su significado, y he llegado a la conclusión de que lo que se quiere decir con la palabra globalización es redistribuir la riqueza de tal forma que el que más tiene más se lleve y que el que menos tenga eso también perderá. ¿Creen ustedes que exagero o que no digo la verdad? Pues analicen el término y las consecuencias de la llamada crisis.
Por todo eso que les digo, yo habría preferido hablar del otoño, pero la globalización ha conseguido también unificar las cuatro estaciones del año en una sola estación, un único tiempo bobo, prolongado y triste.

sábado, 21 de noviembre de 2009

LA HISTORIA DE AMOR DE EURÍDICE Y ORFEO

Querría contarte hoy, amigo, otra bonita historia de amor. De amores mitológicos. De dioses del Parnaso. La historia del amor entre Orfeo y Eurídice.

Orfeo no era un dios guerrero. Su don era la música. Cantaba y se acompañaba con la lira. Los animales, los dioses, las aguas, y hasta los mismos árboles se quedaban embelesados escuchándole…

Amaba Orfeo apasionadamente a su esposa Eurídice. Un día, huyendo ésta de las persecuciones de Aristeo, fue mordida por una serpiente que estaba oculta entre la hierba. Y murió.

Orfeo, consternado, entonces, tocaba canciones tan tristes, cantaba tan lastimeramente, que todas las ninfas lloraron y le aconsejaron que bajara al inframundo a rescatarla.

Lo hizo y por su armoniosa música, Hades y Perséfone, guardianes del infierno, permitieron a Eurídice que regresara con Orfeo a la tierra. Pero en su viaje de regreso no debían mirar hacia atrás hasta que alcanzaran el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice.

Cuando ya alcanzaban las puertas del Hades, Orfeo, cediendo a su amor, se volvió imprudentemente a mirar a su esposa para contemplarla. Pero aún no había sido completamente bañada por el sol… Y Eurídice, así, se vio arrastrada, de nuevo, a las sombrías moradas del Hades, desapareciendo para siempre.

Algunos mitos de la Tracia, donde a Orfeo lo consideraban como a su héroe, cuentan que, desconsolado por este triste desenlace, murió de pena por el amor perdido… Aunque es verdad que existen otras mil tradiciones, también, sobre su muerte…

jueves, 19 de noviembre de 2009

PELIGROSIDADES



¿Fue acaso el sofista Protágoras quien dijo que los humanos crearon las ciudades en medio de las selvas vírgenes, para poder defenderse de los ataques imprevisibles de los animales feroces?, pregunté un día a mi amigo, que llevaba bajo el brazo -como era su costumbre desde nuestra época de acné y estudios clásicos- un grueso tomo de Filosofía.

Sí, pero añadió que enseguida descubrieron que más peligrosos que de los animales eran imprevisibles, feroces y crueles los ataques de los propios con-ciudadanos, y de otros humanos que pugnaban para apropiarse de las ciudades que ellos habían construido. Porque a las fieras se les veía venir…

Y se cuenta –se me ocurrió decir en aquel momento- que durante varias siglos los habitantes de aquellas primeras ciudades, fortificadas por temor a los humanos, tenían un dicho que repetían unos a otros de generación en generación: “con los animales vivíamos mejor”…

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL POETA Y LO REAL

Me admira, comentaba hoy con mi amigo, la ausencia casi total de lo intelectual en la gestión y en el análisis de los asuntos complejos de la “polis”. Las ideas y las soluciones discurren más por ámbitos de opinión, muchas veces no excesivamente bien fundada, que por los cauces hondos del pensamiento intelectual.

“Los grandes pensadores son los poetas”, me respondía mi amigo, esbozando una sonrisa intuitiva, profunda. Lo dijo así Unamuno.

Es cierto, comentaba yo. Lo son porque a través de su visión poética irradian sutiles y limpios destellos de luz sobre una realidad, normalmente, cargada de oscuridades. La razón, a pesar de su vocación por entender ultimidades, no puede llegar a desvelar el peso profundo que tiene lo real.

La intuición poética, coincidíamos los dos en ello apoyándonos en la misma etimología de la palabra -(“poieo” = fabricar, crear con la palabra, imaginar)-, no sólo comprende y abarca la realidad, sino que transforma lo existente. La razón da forma conceptual a lo que comenzó siendo, en el poeta, presencia intuitiva y comprensión vital de lo real.

martes, 17 de noviembre de 2009

La ola y el beso

La ola y el beso
El día era ventoso, raro, cálido y estaba presidido por una especial claridad. Solo que hacía bastante viento. Manolo Mira paseaba con Maribel junto al mar. Él deseaba decirle algo importante pero no sabía cómo hacerlo. Sobre la arena de la playa, un hombre con el torso descubierto, un escultor de arena, levantaba la efigie de lo que ya parecía un cocodrilo o algo parecido. Había trabajado muchas horas para conseguir aquella obra de arte popular. Un golpe de viento la derribó. La cabeza del animal, que se dirigía en escorzo hacia arriba, salió volando a pesar de los esfuerzos del hombre por protegerla.
Maribel no pudo contener su contrariedad. Manolo se comportaba como lo que realmente era, un filósofo que trata de explicar todo lo que ve o piensa. En este caso, el tema de lo efímero de la obra humana fue su discurso. Ella, afectada por lo que había visto, no podía creer lo que estaba oyendo. Entonces preguntó:
¿Así es también el amor, Manolo?
No, contestó él de manera rápida. El amor no es obra de los hombres.
Entonces, dime, ¿de quién es obra el amor?
Manolo, el joven filósofo, parecía atrapado. Ella estaba usando su misma estrategia, la de usar trampas dialécticas.
El amor es un sentimiento humano y es muy probable que tenga un sentimiento génico, contestó el muchacho saliendo así del apuro intelectual.
¿Y cuál es la diferencia entre obra y sentimiento?, ¿acaso el sentimiento tiene un origen externo al hombre? De nuevo la trampa estaba sobre el tapete de juego.
Verás, Maribel, yo creo que los cuerpos tienen la propiedad de crear sus propios sentimientos de amor y odio, de interpretar lo que consideran aceptable o rechazable, etc. Sí, se envalentonó el muchacho, la corporeidad crea al espíritu, si entendemos este término como todo lo que abarca a lo inmaterial.
La chica se acercó a Manolo y lo besó apasionadamente. Él no entendió lo que estaba sucediendo. Ella preguntó:
¿En qué parte de tu cuerpo has sentido lo que yo he experimentado al besarte así?, ¿es en ese lugar donde se encuentra la corporeidad, Manolo?
El chico se ruborizó y, al mismo tiempo, volvió a besarla de la misma forma. Ella miró hacia la ola que se acercaba llena de espuma y arrastrando algo de arena y contempló cómo desaparecía al acercarse a la orilla y se transformó en agua remansada. Luego se volvió hacia el muchacho y le dijo:
Manolo, yo no quiero que seas como la ola, que después de mostrar su bravura se deshace. Me gustaría que fueses como el beso que nos hemos dado: cálido, sincero, lleno de paz y mensajero de algún recado que no te sientes capaz de dar.
Él miró al mar, luego giró su cara hacia ella y la volvió a besar.

lunes, 16 de noviembre de 2009

EL RELOJ



El tiempo exacto, frío, implacable, del reloj, ajeno a nuestros sentimientos, indiferente de nuestro destino… Pasa la hora, llega la hora, es la hora… Los amores pasan, el placer se esfuma, las recompensas tardan, la muerte llega...
Y el reloj sigue, prosigue, avanza, con su paso exacto, puntual, preciso, gélido, inalterable, inexorable, obstinado, impío…

sábado, 14 de noviembre de 2009

DEMÉTER Y EL RAPTO DE PERSÉFONE

El poeta del Himno Homérico, le comentaba a mi amigo mientras juntos leíamos los versos clásicos, expresaba con fuerza el dolor de Deméter, la madre, que pudo oír los gritos desesperados de su hija cuando Hades la arrastraba a las profundidades infernales: “la madre sintió un agudo dolor en su corazón”... “Echó sobre sus hombros un velo oscuro y se lanzó como un ave a la tierra, sobre las olas, buscando a la hija que le había sido raptada”.

Convendrás conmigo, le decía yo, que el rapto de Perséfone es de una gran belleza trágica y poética dentro de la mitología olímpica: “Se encontraba Perséfone cogiendo flores con sus compañeras en el llano de Nisa, cuando vio frente a ella un narciso de singular atractivo. Se agachó para cogerlo, pero en ese mismo instante la tierra se abrió y dejó paso a Hades que arrastró a la joven a las profundidades subterráneas”.

Por espacio de nueve días y nueve noches, continuaba narrando el poeta, la madre, “sufriendo el dolor en su corazón”, recorrió el mundo habitado, llevando en la mano antorchas encendidas que la iluminaran en su búsqueda…

Mi amigo y yo no sacamos ninguna conclusión de aquel hermoso y ajustado relato del poeta. Sólo nos limitamos, esa tarde, a gozar la belleza, y también la tragedia, de aquellos casi humanos dioses del Olimpo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

EL DIOS SOL



Mientras contemplaba al sol elevarse en su carro resplandeciente (que decían los antiguos poetas) como un cuajo de oro, y desde allí ir descendiendo, majestuosamente, hasta desaparecer, entre cenizas, en vientre materno de la noche (que así lo metaforizaba también, creo, algún poeta de la antigüedad) inundando al mundo de luz, de energía y de sombras…, fue entonces cuando comprendió –según su propia confesión- que la vida es una convocatoria al amor, y la muerte una serena llamada a la paz…

martes, 10 de noviembre de 2009

El túnel

El túnel

Nadie ha pasado por ese túnel durante los últimos cinco o seis años. La última persona que lo hizo contó que se le apareció un fantasma. De esta forma, la historia del túnel embrujado corrió de boca en boca y, aunque nadie conozca con exactitud lo que sucedió dentro de ese orificio, por el túnel solo pasaban, muy de vez en cuando, personas que no conocían su historia.
Yo acababa de recibir una llamada telefónica de mi amigo Manolo para decirme que se encontraba muy mal y deseaba verme. Como estaba anocheciendo, atravesé el túnel porque permitía recortar en unos seis o siete kilómetros la distancia hasta el pueblo. Nada sucedió aunque yo sentí el miedo dentro de mi cuerpo. Mis brazos conducían encogidos y mis manos se encontraban agarrotadas y apretadas al volante. Nada de fantasmas. Sonreí al salir del túnel y me relajé.
Efectivamente Manolo estaba muy mal. Hablamos durante una hora y me despedí de él con un hasta mañana. Regresé atravesando nuevamente el túnel. Conducía relajado, aunque preocupado por la salud de mi amigo. Cuando faltaba algo menos de doscientos metros para salir de él, lo vi.
Me estremecí porque entonces fui consciente de que Manolo había muerto.

EXTRANJERO EN SU TIERRA

En medio de aquel campo había un solitario olivo. Un olivo pequeño, ajado por los años, pero que aún conservaba sus hojas de color verde plata. Y allí sentados, mi amigo y yo, mirando lejos campo y soledad, le leía unos versos que había escrito:

“Ser hombre es esto:
cruzar por unas calles
ausentes de palabras,
y esperar
unas enrojecidas migajas de dolor.
Un pan gastado por todas las edades.

La vida, me respondía, es una sencilla peregrinación de costumbres. Solemos aceptar de buen grado lo de cada día. Por ello, repetimos los mismos gestos, afianzamos los mismos recorridos. En esta repetida cotidianidad cada día nos hacemos más hombres...

Algunos, sin embargo, pensaba yo, -mientras mi vista se perdía en la calina azul de una tarde en poniente-, desean probar nuevos proyectos, abrirse a nuevas rutas. No soportan hacer siempre lo mismo… Se han convertido en aventureros de su propia vida. Y en la aventura, casi han perdido el nombre, su propia identidad. Han emprendido un lejano viaje al extranjero donde ignoran si los conoce alguien…

La ventaja que tiene romper con los esquemas, vivir en la aventura, decía mi amigo, es que así se vive en solitario. Se acaba con la tela de araña entretejida con multitud de gastados convencionalismos… Pero, claro, a partir de ahí uno se convierte en extraño entre su propia gente. Extranjero en su tierra. Un solitario apátrida rebelde…
Y yo, dubitativo, ágil, con mirada profunda, sentenciaba: “Poned atención que un corazón solitario, no es un corazón”. Así decía el poeta…

lunes, 9 de noviembre de 2009

El diálogo humano

El diálogo humano


En el Salón de los Hombres Erguidos uno de los allí reunidos tomó la palabra:
¡Uhm!, dijo a los congregados.
¡Uhm, uhm!, le replicó otro con contundencia.
Los Hombres Agachados (HA), los Hombres Encorvados (HE), los Hombres Bisagra (HB) y otros que podrían ser definidos con las siglas HCCE, que circunvalaban a los oradores, desde un prudente segundo nivel comenzaron a emitir los mismos sonidos guturales que sus respectivos líderes.
En el exterior, los Hombres y Mujeres Pensadores (HP, MP) se reunían y gritaban
¡No!,
sin embargo, las gruesas paredes del Salón impedían ser escuchados por los allí reunidos.
Tres días después comenzó la justificada guerra necesaria. Los argumentos a favor, ¡Uhm!, ¡Uhm!, resultaron convincentes y decisivos.
Gracias a dios el diálogo humano había salido nuevamente victorioso.

LA LEYENDA DEL HÉROE



La Mitología, con la que nuestros más antiguos antepasados culturales elaboraban y transmitían las enseñanzas de la humanidad, contiene muchas veces increíbles narraciones truculentas y aterradoras.

Fíjate, por ejemplo, me dijo mi amigo, en la historia del griego Heracles, cuando a su paso por Troya, antes de la gran guerra, llevando como trofeo el cinturón de oro de la Reina de las Amazonas (Hipólita se llamaba), se encontró con la sorpresa de que Poseidón, el Rey del Mar, había enviado un monstruo (hoy lo llamaríamos Maremoto, o, quizás, Tsunami) que salía a la playa desde las negras profundidades, asolaba la ciudad y se tragaba a toda la gente, que corrían despavoridas, intentando escapar por las llanuras.

Pero un día, cuando con gran estrépito la bestia marina rompió la superficie de las aguas, abriendo sus enormes fauces, Heracles que la esperaba escondido en la playa, se zambulló por su garganta, le despedazó el vientre con su espada y la dejó muerta bajo las pacificadas olas del mar…

¡Bueno!, exclamé con sarcasmo, ¿qué se nos puede enseñar hoy con esta historia inverosímil que ya no asustaría ni a los niños?

Simplificándolo mucho, replicó mi amigo, te diré una de sus enseñanzas: Que por muy poderosas y terribles que sean las fuerzas desatadas de la naturaleza, mayor es la sabiduría, el ingenio y la pericia del ser humano, el héroe que todos llevamos dentro, fruto también y perfección de la misma naturaleza que, tantas veces, nos amedrenta con su furia…

sábado, 7 de noviembre de 2009

PINTANDO LA EXISTENCIA

Mientras recorríamos pausadamente aquel jardincillo de la vega granadina, al que familiarmente llamábamos “los Paralelos”, con la nieve casi eterna del “Veleta” al fondo, hablábamos mi amigo y yo sobre aquellos versos de Pablo Neruda, que tantas veces habíamos comentado: “Sucede que me canso de ser hombre…” Versos de angustia, de horizonte cerrado, de tardes sin futuro. Momentos de existencia, los que hablaba el poeta, que para muchos, en lo aparente, al menos, convertían el vivir en tarea pesada, en demasiado ardua.

Me parece sentir, decía mi amigo, que en la cerrada frase de Neruda gravita la dolorosa condición del hombre que se sabe arrastrando la pesada roca impuesta por los dioses, sabiendo de antemano que cuando llegue a la cima de la montaña, la piedra volverá a rodar hasta la base.

La frase de Neruda, añadía yo, igual que aquella otra de Blas de Otero (“Humanamente hablando es un suplicio ser hombre y soportarlo hasta las heces…), clásica también en nuestras conversaciones de entonces, anunciaban con profunda evidencia la muerte del racionalismo, ideológicamente, imperante hasta entonces. Se buscaban nuevos paradigmas. El “Logos”, que había dominado en Occidente desde la Grecia “Parmesiana” hasta la Europa de Hegel, cedía su lugar a un nuevo estilo de pensamiento: el de la vivencia, el del devenir, el de la existencia, el del vivir total.

Y coincidíamos los dos en que las hermosas acuarelas del paisaje que refleja la vida ya no podían seguir siendo trazadas por exclusivos designios de los dioses… El hombre, en su vivir de siempre, es quien da la pincelada, -incluso, muchas veces, el brochazo gordo- a este cuadro que compone el claroscuro de su vida humana.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Universo

Universo

Tomé un café con un buen amigo cierto día en el que ambos habíamos regresado a Granada pero nuestras familias aún disfrutaban de los últimos momentos de un agosto que ha reinado como nunca lo había hecho. Mi amigo es uno de los astrofísicos con mayor relieve internacional. Plaza de Mariana Pineda (o plaza de la Mariana, en argot más popular) y café Fútbol en el que los churros tienen fama, fueron los lugares elegidos para hablar del universo.
Solamente un 3-5% del mismo es materia, en el sentido que le damos a este término. La conversación fue amena, más que amena fue entusiasta para un profano como yo. Reconozco que me sentí viajando por un enigmático universo: ahora transportado en un agujero negro, luego sintiéndome repelido por algún planeta desconocido que, por retrasar milésimas de un tiempo infinitesimal la órbita de mi vida, permite su propio descubrimiento.
Hice la pregunta que tanto tiempo tenía oculta: ¿cómo es posible que el universo sea algo en expansión? No entendí bien la respuesta; sin embargo, algo retumbó en mi mente, como el ruido rítmico de un tren de longitud infinita, cuyas ruedas hablan de un trac-trac que jamás termina: “todo apunta a que el universo, querido amigo, es plano”.
Tomé el café de un único trago porque el trozo de churro que tenía en la boca estuvo a punto de atragantarse.
Y es que en la ciencia, como en la música, la pintura y las matemáticas y en todas las manifestaciones en las que interviene lo sensorial, cuanto más se profundiza en ella menos sentido de retrato físico tiene lo estudiado. De esta forma, el átomo no es más que la probabilidad de encontrar ciertas partículas en un punto del espacio y del tiempo o, como me acaban de decir, el universo es plano. ¿Y el hombre, qué son el hombre yla mujer, realidad, probabilidad, puntos en ese plano universal?

jueves, 5 de noviembre de 2009

LA VARA DE ZAFRA

He paseado estos días por tierra de Extremadura y me he dejado sorprender por inesperados y encantadores paisajes y rincones.
En la Plaza Chica de Zafra hay una columna con una vara tallada. Una vara de medir.
La historia de varios siglos la refiere como unidad de medida para comerciantes y gentes del lugar. A falta de metros.
Resulta curioso que durante tantos años todos los lugareños y visitantes unificaran sus criterios y cálculos acercándose a una columna de mármol.
Hoy, constato que utilizamos variadas y distintas varas de medir. Demasiadas:
Para lo que nos gusta y para lo que nos molesta.
Con aquellos a los que queremos y con quienes desconocemos.
Cuando somos felices y cuando el tiempo nos incomoda.
Comparándonos con lo que situamos por arriba y respecto a lo que consideramos por abajo.
Mido mis esperanzas, mis fracasos y mis vivencias según los dias, los momentos y los años porque a la columna que me sostiene nadie le ha tallado una vara de medir.
Como la vara unificadora de la Plaza Chica de Zafra.

COLUMNAS Y CAPITELES


Me hablaba de alguien que dividía a las personas en “columnas” y “capiteles”….

Yo le añadiría, le sugerí, los “basamentos”: hay quienes son columnas, que se mantienen erectas y enderezadas en la vida; a veces, derrumbadas también, entre ruinas. Hay personas como capiteles, subidos a la cabeza, que se lucen, y tal vez sirvan de ornato. Pero están también, no debemos olvidarlos, los basamentos: quienes dan apoyo, quienes sostienen y soportan, a quienes a veces se les pisa para prolongar la propia altura…

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Una rosa sin cortar

Una rosa sin cortar

Llegó a este mundo como venimos todos, llorando, y con la herencia escrita de ser hombre. Él se creyó una estrella en el espacio y deseaba dar luz.
Pensó, sólo se siente dolor al nacer de un vientre. Y erró en su cálculo. Caminando, vio gente muerta de hambre, otros entre sollozos y llantos, vacío de amor, angustia. También vio amor, y una rosa sin cortar bajo un cielo azul claro. Y besos. Muchos besos.
Más tarde comprendió que no somos rosas de jardín florido; somos estelas de espuma que se disipan en la mar serena y olas que se desvanecen al alcanzar la orilla.
Sonrió después de su descubrimiento: acababa de entender el misterio de la vida.

LO ETERNO FEMENINO

No podía eludir su viejo tono profesoral. Me hablaba, con énfasis, de cómo en casi todas las culturas, a medida que la mentalidad primitiva se va depurando, su actitud cultual evoluciona, casi necesariamente, del totemismo hacia una religiosidad monoteísta. Buscan un solo dios, aunque esté rodeado éste de un gran número de deidades inferiores. (Yo lo escuchaba en silencio).

En la cultura incaica, por ejemplo (proseguía en su tono magisterial), por referirnos a un modelo relativamente cercano y fuerte, el totemismo inicial de los antiguos peruanos cedió su lugar al Sol (“Inti” o “Apu-Puchan” = El Jefe del Día) e, inmediatamente, se lo unió a la diosa femenina incaica “La Pachamama” (La Diosa Tierra).

Pareciera en este caso y en otros similares que existe, como pensaba Carl G. Jung, unos arquetipos simbólicos de especie, me aventuré a insinuarle, arquetipos que alcanzan su maduración en la pareja “Dios-Padre” y “Diosa-Madre”, de acuerdo a las necesidades simbólicas y cosmogónicas del hombre.

Cierto, me respondió. Lo eterno femenino (la tierra abierta en surco) cobra fuerza sagrada frente al padre fecundador (sol, lluvia, rocío de lo alto). El surco, en la madre tierra se abre para ser sembrado. “Dios-Padre” deposita y fecunda su semilla en ella. La “pachamama” incaica, sírvanos como ejemplo, es la mujer que gesta en su seno el fruto de la vida.

Y terminó recordándome unos versos de LAO TSE, tal como lo expone gráficamente en uno de sus “Tao”:

El espíritu de la profundidad no muere.
Es lo eterno femenino.
La puerta de salida de lo eterno femenino
es la raíz de cielo y tierra…