El bosque
Creo que soñé hace dos noches.; no obstante, no puedo asegurar que no fuese real lo que yo confundí con un sueño. Les aseguro que no había bebido nada; para ser más exactos, tomé un whisky John Danields con hielo. El whisky con agua no me dice nada y solo me produce dolor de cabeza; el whisky ha sido concebido para ser tomado con hielo. Uno vierte el whisky sobre el vaso que contiene dos o tres cubitos de hielo y rápidamente ve que aquellas dos sustancias están hechas una para la otra. Comienza a disolverse algo del cubito, el líquido se colorea de un amarillo pálido, como espirales que se difunden en el resto de la mezcla; luego comienza la homogeneización del conjunto. Decididamente, hielo y whisky son complementarios. Reconozco que tomé un whisky después de cenar, mientras escuchaba ‘Deed I do, del álbum Live in Paris, de Diana Krall. Cena, whisky y canción me indujeron a soñar: en mi sueño, yo caminaba a través de un bosque siguiendo las directrices que marcaba un pequeño riachuelo que lo recorría de norte a sur, a base de meandros, y tuve la sensación de que los ríos jamás deberían correr en esa extraña dirección. Veía como más aconsejable de este a oeste. A la derecha del río, no mencionaré el punto cardinal de referencia porque ya estarán ustedes hechos el mismo lío que yo, es decir, si el río corre de este a oeste, el árbol al que me voy a referir después estaría situado sobre el norte, pero si fuese de norte a sur, ese extraño árbol habría que localizarlo mirando hacia el este.
Todo es relativo, pensé mientras soñaba. Aunque yo creí en el lado relativo de todas las cosas, mi corazón, pensando que me había extraviado, comenzó a latir muy rápido. ¿Cómo es posible, me pregunté a mí mismo, que un simple sueño me haya hecho entrar en un casi infarto? Todo es relativo, me volví a decir, piensa, ¿estás extraviado en un bosque, acaso soñando, o caminas por el lugar correcto y sin problemas?
El árbol, que ha sido la causa de mis males, tenía un tronco grueso y una copa baja, redonda, verde y llena de florecillas rojas o algo por el estilo. No supe clasificar botánicamente su especie. Sin embargo, en mi sueño alguien me dijo que si lograba alcanzar el lugar en el que se hallaba ese árbol, mi mente se haría clarividente.
Ahora, dos días después de aquel sueño, me encuentro nuevamente escuchando la canción ‘Deed I do de Diana krall, en la mano tengo un whisky con hielo, tres cubitos para un par de dedos de bebida alcohólica, y he terminado de cenar. Esta noche espero no tomar más de un whisky con hielo, porque creo sinceramente que lo de hace dos noches no fue un sueño sino una horrorosa pesadilla durante la borrachera que estuvo a punto de costarme un infarto.
Fuengirola, 22 de diciembre de 2009
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