miércoles, 2 de diciembre de 2009

ENDIMIÓN Y SELENE



Recordaba haberlo contemplado hace años en Florencia, Galería de los Uffizi, y ahora había vuelto a encontrarlo en Madrid, en la muestra “Las lágrimas de Eros”: Un lienzo de embrujo singular, el del joven de desnudo torso delicado que, en suave escorzo, sostiene su sueño con la palma de la mano bajo su mejilla, apoyado el bastón y desmayada la zamarra en una mesa, a la luz débil de la luna menguante…

Cuenta la leyenda que Selene, la diosa Luna, prendada de la belleza juvenil del pastor Endimión, consiguió de Apolo que lo mantuviera de por siempre dormido, para que ella, con sus pálidos ojos inmortales, pudiera contemplarle cada noche, en arrobo sin tregua, desde el cielo.

La diosa y el humano. Humanizada ella por un amor terrenal; divinizado él en alas del sueño, que es umbral de la eternidad.

2 comentarios:

  1. Querido Fernando: con tu microrrelato me has recordado un libro precioso que leí hace muchos años. Se trata de "La vieja sirena", de José Luis San Pedro; cuenta la historia de una mujer-sirena que se vuelve terrenal para poder amar al hombre del cual está enamorada. (Trataré de localizar el libro y escribir aquí algunas lineas, tíene reflexiones muy hermosas sobre el amor y la libertad).

    Y ya que he nombrado a este gran escritor, comentar que no olvidaré sus palabras cuando -en una entrevista- le preguntaron por el secreto de la sabiduria: -"La profunda comprensión de los demás, unida al buen sentido del humor" -contestó. (Cito de memoria).

    Me cautivan cada día el ingenio y la amorosa creativiad de vuestras historias. A propósito de "Nuestro tiempo", aquí dejo unas líneas sobre el valor del presente:

    La madre hablaba por el móvil con su hija sobre los planes para las próximas vacaciones de Navidad.

    -"Mamá, yo te ayudo para los preparativos de las fiestas. Volveré muy pronto a casa¡con el turrón! y en cuanto terminen las clases. Espérame y organizamos juntas las compras y demás..." -le respondía la hija que cruzaba la calle en ese momento, distraida con la conversación.

    De pronto, un fuerte ruido sonó de fondo. Un conductor tocó varias veces el cláxon mientras frenaba precipitadamente dejando el impacto en la noche helada del alma.

    -La madre oye el zumbido antes de que el móvil se apague dejando al tiempo de escuchar la voz de la hija.

    -"Hija mía, ¿qué ha ocurrido? ¡por qué no te oigo..." -grita desesperada.

    Pero la hija no responderá...

    A los quince minutos, suena de nuevo el teléfono de casa.

    "-Mamá, me había quedado sin batería" -contesta tranquilamente.

    Su madre, temlando aún por los quince minutos vividos en agonía, dijo: "He pasado el peor momento de mi vida, hija mía. Pensaba que te habían atropellado, cariño mío".

    (No esperó a Navidad para volver a casa; ese mismo día tomó el primer tren... y volvió a casa para abrazar a la madre).

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  2. Muy bien, amiga Tánger: hay en tu historia (que reconozco: en la que te reconozco) sabiduría... y también sentido del humor.

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