En el gran teatro de nuestras vidas, unas invisibles manos tiranas nos manejan desde ultratumba…
Él me escuchaba casi con horror.
Te estoy hablando, prosigo, de la famosa teoría del viejo profesor húngaro, Szondi, sobre el papel que representan los antepasados en la vida y el destino de los seres humanos.
Pensaba Szondi que, de los genes heredados de nuestros antepasados, los que van quedando en ‘estado de latencia’ por no haber encontrado su pareja genéticamente complementaria, buscan con insistencia exasperada un camino para su expansión, dirigiendo y forzando nuestras elecciones (de amor, de amistad, de profesión…). Como si una mano negra del oscuro pasado manejara los hilos de las marionetas humanas y condicionara de destino de cada persona.
Se queda pensativo: Esos ojos azules de mi padre –musita-, esa reactiva impulsividad vital de mi madre, dones de los que yo evidentemente carezco, ¿qué elecciones y decisiones mías estarán forzando para hacerse luz y vida en alguno de mis descendientes, igual que la rama de la higuera fuerza y taladra los muros lóbregos de un viejo convento para salir a la luz y expandirse al aire de la vida?
Decido dejar en el aire la respuesta…
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