martes, 29 de diciembre de 2009

OTRO CUENTO DE NAVIDAD


Tenía una sensación extraña, como de estar ajeno de si mismo. Aquel día, ni vio los colores débilmente naranja y aceituna del amanecer invernal, ni le conmovió la dulce melancolía de la lluvia sobre los árboles deshojados del parque… El aroma de los manjares que se preparaban para la ritual cena de familia no le despertaba la menor apetencia, ni parecía que tampoco le trajeran recuerdos y añoranzas los villancicos recurrentes que se filtraban por las paredes vecinales. Indiferente al diminuto bichón maltés, blanco de espumas y de lana, que brincaba entre sus piernas pidiéndole caricias, abrió el periódico del día. Sin leerlo, lo dejó desganadamente sobre el sofá, ¿qué me importa a mí lo que pasa en el mundo? Le oyó decir a su propio pensamiento.
Una repentina mirada afectuosa de su mujer, le hizo volver el rostro. Se palpó con las dos manos el pecho, las piernas… ¿Soy yo mismo?, le preguntó, ¿pero qué me está pasando?

Y, de pronto, cayó en la cuenta: aquella mañana, con las prisas, se le había olvidado ponerse el corazón.

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