Desde un pequeño montecillo, rodeado de olivares verde-plata y de cortos caminos de herradura, releía una frase de Rudolp H. Lotze que, por paradójica, siempre me impactó: “Si me dieran a escoger entre la verdad y el camino para hallarla, escogería éste último”…
Y pensaba, mientras el cielo azul de mi exiguo terruño me invitaba a la paz y al pensar sosegado, en el misterio que conlleva la inquietud radical del espíritu humano. Porque el dinamismo de la vida es búsqueda. Y siempre en ella, realiza el hombre su dimensión profunda.
Contemplando este rítmico y suave movimiento de los mares de olivos, con mirada lejana bañada por la brisa, imaginaba al hombre buscando la respuesta a sus preguntas. Y pensaba que si el hombre busca, como le exige su sino ineludible, deberá, en buena lógica, existir lo buscado, el término objetivo de la inquieta pregunta. ¿O es que el hombre en su ser y en su búsqueda se determina sólo por objetos fantásticos tan sólo imaginados?
Desde mi pequeña atalaya, el montecillo leva, me preguntaba por la esencia del hombre. Qué gran misterio el suyo: rodeado siempre de preguntas… pidiendo a los que cruzan el camino su pan de cada día y buscando en el mar verde y plata de su entorno, el objeto buscado… ¿Pero, existe?
Y pensaba, mientras el cielo azul de mi exiguo terruño me invitaba a la paz y al pensar sosegado, en el misterio que conlleva la inquietud radical del espíritu humano. Porque el dinamismo de la vida es búsqueda. Y siempre en ella, realiza el hombre su dimensión profunda.
Contemplando este rítmico y suave movimiento de los mares de olivos, con mirada lejana bañada por la brisa, imaginaba al hombre buscando la respuesta a sus preguntas. Y pensaba que si el hombre busca, como le exige su sino ineludible, deberá, en buena lógica, existir lo buscado, el término objetivo de la inquieta pregunta. ¿O es que el hombre en su ser y en su búsqueda se determina sólo por objetos fantásticos tan sólo imaginados?
Desde mi pequeña atalaya, el montecillo leva, me preguntaba por la esencia del hombre. Qué gran misterio el suyo: rodeado siempre de preguntas… pidiendo a los que cruzan el camino su pan de cada día y buscando en el mar verde y plata de su entorno, el objeto buscado… ¿Pero, existe?
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