Amigos, leo vuestras reflexiones que son, sin duda, profundas, estimulantes, enriquecedoras… Y me admira vuestra disquisición sobre los más complejos conceptos de la filosofía: la unidad, la verdad, la belleza. “Lo uno”… “Lo verdadero”…“Lo bello”… No hay duda que estos conceptos eliminan la deformante multiplicidad en la que se expresa y vive lo real.
Yo hoy, también, quiero hablaros de lo bello. De la belleza que habla desde las mágicas estrellas, que en su ocultación, en 1919, sirvieron para confirmar la veracidad de la Ley de la Relatividad, como nos decía Fernando el sábado 19… Deseo hablaros también de los sueños que ellas nos provocan… Y voy a hacerlo, como “aprendiz de filósofo”, revistiéndome, atrevidamente, de la vida y palabras de Tales de Mileto.
Como sabéis, amigos, Tales, matemático, geómetra, astrónomo…, observaba a menudo las estrellas, demostrando, mediante ellas, que la Filosofía que enseñaba “era cosa de mucho provecho”.
Cierto día, mientras miraba al cielo, se cayó en un pequeño pozo del camino. Al verle, una mujer de Mileto le dijo: “Por tanto mirar al cielo, no te das cuenta de lo que tienes debajo de tus pies”… A pesar de ello, Tales, siguió, durante toda su vida, mirando las estrellas y quizás soñando…
En el momento de morir, lo recuerda Diógenes Laercio, su plegaria fue: “Te alabo, ¡oh, Zeus!, porque me acercas a ti… Por haber envejecido, no podía ya ver las estrellas desde la tierra”.
Buen colofón para una vida dedicada a contemplar la belleza, misteriosa y única, de las estrellas…
Yo hoy, también, quiero hablaros de lo bello. De la belleza que habla desde las mágicas estrellas, que en su ocultación, en 1919, sirvieron para confirmar la veracidad de la Ley de la Relatividad, como nos decía Fernando el sábado 19… Deseo hablaros también de los sueños que ellas nos provocan… Y voy a hacerlo, como “aprendiz de filósofo”, revistiéndome, atrevidamente, de la vida y palabras de Tales de Mileto.
Como sabéis, amigos, Tales, matemático, geómetra, astrónomo…, observaba a menudo las estrellas, demostrando, mediante ellas, que la Filosofía que enseñaba “era cosa de mucho provecho”.
Cierto día, mientras miraba al cielo, se cayó en un pequeño pozo del camino. Al verle, una mujer de Mileto le dijo: “Por tanto mirar al cielo, no te das cuenta de lo que tienes debajo de tus pies”… A pesar de ello, Tales, siguió, durante toda su vida, mirando las estrellas y quizás soñando…
En el momento de morir, lo recuerda Diógenes Laercio, su plegaria fue: “Te alabo, ¡oh, Zeus!, porque me acercas a ti… Por haber envejecido, no podía ya ver las estrellas desde la tierra”.
Buen colofón para una vida dedicada a contemplar la belleza, misteriosa y única, de las estrellas…
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