domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad

Cuento de Navidad



Siempre he deseado escribir un cuento de Navidad pero he de reconocer mi incapacidad para hacerlo. Por esa sencilla razón, nunca he tenido la fortuna de escribirlo y jamás la tendré. Escribiré sobre otros temas, como de lo Uno y el Dos, de lo bello y sus formas (que por ciento he recordado que es de Hegel), de la soledad de los números primos o de lo divino o humano. Pero no me veo a mí, un sencillo hombre que ha dedicado a vivir dentro del marco cuadriculado de la ciencia, escribiendo una historia de ese tipo.

Decidido a escribirlo, tomé pluma y papel y me dije, “escribe una historia de Navidad”.

Y todo lo que ha salido de mi pluma han sido letras desordenadas y palabras colocadas en cualquier dirección, que no podían decir nada porque no habían sido escritas para decir nada cálido. Desesperado, salí a dar un pequeño paseo por el centro de la ciudad. Después regresé. A veces es una buena estrategia ver en los demás lo que tú quieres expresar con unas pocas palabras: felicidad, amor, familia, fraternidad, descanso, alegría, esperanza, y tantas otras palabras que deben figurar en un cuento de ese tipo. Después de caminar y de regresar con las manos y la cara entumecidas por el frío reinante, volví a tomar el mismo papel y me encontré, como ya le sucediera al zapatero prodigioso, que cada noche se pinchaba con la aguja y se acostaba sin realizar su trabajo, pero a la mañana siguiente se encontraba los mejores pares de zapatos que habían sido fabricados por unos duendes que solamente existen en tiempos de Navidad,sí, como si esos mismos pequeños y extraordinarios seres hubiesen entrado en mi casa para darme una lección y enseñarme qué es la Navidad, me encontré escrito el cuento.

Por pudor no lo hago público, pero todas las palabras que antes les he mencionado están contenidas en él.

Les aseguro que no es mi cuento de Navidad, pero si yo hubiese logrado escribir uno, con toda seguridad que habría escrito ése que me he encontrado sobre la mesa y no otro.


Fuengirola, 20 de diciembre de 2009

1 comentario:

  1. ¡Encantador cuento de navidad! Se ve que la búsqueda del Verum de los científicos es conciliable con el Pulchrum de los artistas. Einstein, por lo que dice Fernando, fue un buen ejemplo de este aserto, y Antonio también lo está haciendo evidente.

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