Cuando colgó la estrella en la cima del árbol, recordó de nuevo aquel momento de la infancia: el día que descubrió el secreto de los Reyes Magos decidió que, a pesar de todo, sentiría la magia de la Navidad.
Desde entonces, la ha buscado cada año entre las luces que deslumbran crisis y miserias, los anuncios de perfumes, las comidas familiares que reagrupan las sillas para camuflar las ausencias, los puestecillos callejeros, los programas solidarios que reconfortan conciencias, o las miradas ansiantes e ilusionadas de un niño.
Y descubre que la encuentra cada diciembre cuando corona el árbol con una estrella.
Como escribí hace un año: "la Navidad tiene el rostro risueño y se cubre con un manto rojo para proteger la ilusión que nos permite seguir soñando".
Felices Fiestas a todos.
lunes, 21 de diciembre de 2009
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Gracias, Faustina. Es una sorpresa encantadora verte entrar, tan sigilosamente, con tu estrella, tu arbol de Navidad y con tu sonrisa leve que encubre el secreto de una ilusión que hoy nos desvelas y comparte con nosotros...
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