jueves, 10 de diciembre de 2009

La gaviota (cuento abierto a la imaginación)

La gaviota

Solía caminar descalza junto al mar. Los días soleados recorría unos cuatro kilómetros de ida y otros tantos de regreso. Decía que el mar es su fuente de inspiración. Luego escribía las sugerencias del mar en unas cuartillas y las guardaba junto a las anteriores de forma ordenada. Por fecha. Yo hubiese preferido leerlas dispuestas por temas pero ella prefirió organizarlas según la fecha en la que habían sido escritas, de tal forma que los tres grandes archivadores podían considerarse como su diario personal.

Las últimas cuartillas escritas de su puño y letra contaban la historia del viaje sin retorno que realizó una gaviota que extrañamente se llamaba como ella.

Ahora, cuando el verano ha sido reemplazado temporalmente por la estación de las hojas secas, echo en falta el momento en el que diariamente tomábamos café, ella me leía mi futuro analizando la forma de los posos en el fondo de la taza, hablábamos de lo divino y lo humano y, finalmente, me daba a leer sus últimas sugerencias del mar escritas en unas cuartillas de papel reciclado.

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