Estuve leyendo en un verso del poeta Rilke que el animal humano necesita “ir al otro lado de las cosas”. Yo lo entiendo –le comentaba a mi amigo- como que los humanos somos un complejo sistema abierto a lo trascendente, a lo que nos sobrepasa, a lo que nos maravilla y aterra.
Poseemos (no sé quién lo dijo) una “dimensión abismática”… Y eso da vértigo, amigo; el vértigo de asomarse al abismo. Necesitamos agarrarnos a algo que nos proporcione alguna seguridad, que nos permita sobrevivir en medio de la incertidumbre y el riesgo. ¿Es eso la fe?.
Ten en cuenta –me respondió- que la palabra fe viene del vocablo latino ”fides”, del mismo que deriva también la palabra “confianza”. Necesitamos alguna fe: alguien o algo en lo que confiar… Y conste –me aclaraba- que no me estoy refiriendo solamente a la “fe” oficial de los distintos países y civilizaciones del planeta que se enseñan oficialmente en las escuelas y los templos, que han inspirado tal altas realizaciones estéticas y humanitarias, a través de los siglos...
Y con las que tantas veces “los poderosos” han abusado de nuestra confianza, le recordé.
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