domingo, 29 de noviembre de 2009

El paisaje

El paisaje

Mi vista se detuvo en el paisaje que se me ofrecía con generosidad sin límites, como la rosa que despliega sus pétalos sin rubor para que se disfrute con su contemplación: el paisaje me ofrecía un camino que primero es recto y dspués corcovado, un arroyo de cristalina agua que sigue los caprichos del camino, o quizá sea el camino quien se amolde a los del río, una pequeña alameda de chopos jóvenes que ofrecen su doble color verde, una casa de campo a lo lejos, marrones de diferentes matices y tonalidades esparcidos por el suelo, boñigos de burro sobre el recto camino y ausencia de marcas de coches en él. Después de mirar largamente el panorama que tenía delante de mí, llegué a la conclusión de que el paisaje es el elemento más frecuene de la naturaleza. Y no contento con esta afirmación, grandiosa por su simplicidad, alcancé a pensar que el paisaje es nuestro primer interlcutor. Definitivamente, el paisaje habla como cualquier otro personaje; más aún, él es quien primeramente nos habla y se comunica con nosotros. Lo miras y él te habla y a ti te gusta o te disgusta; raramente pasa desapercibido porque es inagotable, a pesar de ser más antiguo que la humanidad misma.
Esta mañana he vuelto, como el delincuente que regresa al lugar de sus fechorías, para disfrutar de mi paisaje, porque una vez visto ya es de uno y al mismo tiempo de todos, pero solamente pude contemplar la frondosa vegetación que se localiza en las cercanías. Lo demás estaba cubierto por una densa niebla, como si hubiese encontrado que el secreto de la larga vida es ocultarse de vez en cuando.
Entonces preferí dar media vuelta y dirigirme al mar. Ahora contemplo en su inmensidad un mar repleto de esquinas.
Como estoy seguro de que no sabrán interpretar eso de las esquinas del mar, otro día les hablaré de ellas.

viernes, 27 de noviembre de 2009

OLVIDOS


Había yo leído a un escritor vienés del siglo diecinueve, Ferdinand Kürnberger, que “todo lo que uno sabe, más allá de meros sonidos en la lejanía, puede resumirse en tres palabras”.

Y me acordé de un viejo amigo que me aseguraba haber leído un libro en su juventud del que no recordaba ni el título ni al autor, solamente unas cuantas palabras del comienzo: “
En un lugar de la Mancha…”.

jueves, 26 de noviembre de 2009

SER ALGUIEN

He salido, en este veraniego otoño, a “ver escaparates”, acicalados ya con la falsa plata y el musgo verdinegro del tiempo navideño…

Y, al verme entre los hombres dedicados a mi mismo “deporte”, escuchaba mil palabras pronunciadas por la envolvente masa de los hombres anónimos. Todos estábamos marcados con señales idénticas: remeros, en la brega, de una trainera anónima…

Mientras vamos bogando, los hombres gritamos las palabras para que se nos oiga. Deseamos que se nos escuche. Queremos, a pesar del anonimato que conlleva ser “masa”, sentir que somos “alguien”.

Es bueno, comentaba, como siempre, a mi amigo, resistirse a esa especie de muerte de nuestra yo profundo. Resistirse a ser sencillamente “masa”. Conviene, en base a la autoestima, sentir nuestra importancia. A pesar de ser -porque lo somos-, solamente una “caña pensante” -lo decía así Pascal-, agitada por indecibles vientos, somos imprescindibles, únicos, necesarios, para hacer frente a la imparable brisa que sopla, ineludiblemente, por la tarde.

martes, 24 de noviembre de 2009

El hombre que caminaba con la cabeza gacha

El hombre que caminaba con la cabeza gacha

El hombre de mediana edad caminaba por la calle principal, que iluminaba sus escaparates llenos de colorido, con la cabeza gacha; no parecía estar interesado en lo que sucediera a su alrededor. Tampoco parecía ir pensando; su mente simulaba un vacío total, ausente de acontecimientos pasados o presentes. Mirándole a los ojos, nadie se atrevería a afirmar que la nostalgia, o la melancolía, habían hecho escala en él.
A mí, que soy un observador de las realidades que cuento después, su visión me inundó de desasosiego. Yo soy de los que piensan que los sentimientos, las sensaciones o las actitudes llenan el aire que respiramos, como las bacterias y los virus, y nos infectan de vez en cuando sin que ello suponga haber contraído enfermedad alguna. Simplemente se introducen en nosotros y nos hacen sentir alegría, tristeza, amor, odio, felicidad, credulidad o incredulidad, etc., mientras estén dentro. A diferencia de las bacterias, esas sensaciones no son patológicas. A diferencia de los virus, sobre todo de los retrovirus, no ponen a nuestros cuerpos a trabajar compulsivamente para mantenerlas indefinidamente. No. Solamente las experimentamos durante un cierto tiemp y luego nos abandonan o son reemplazadas por otras.
Sin embargo, el hombre de mediana edad iba caminando de la forma ya descrita y nadie podrá afirmar si iba a lugar concreto.
Yo imploré a la vida para que algunas de esas cualidades, que como las bacterias flotan en el aire, llene su espíritu vacío de todo.
Soledad, pensé, su cuerpo está lleno de ella.
Sin apenas darme cuenta de lo sucedido, vi cómo una mujer de mediana edad, cargada con bolsas de plástico llenas de compras, y el hombre chocaron, o tropezaron, o hicieron por toparse. Él ayudó a la mujer a recoger todas las cosas del suelo y esbozó una sonrisa amistosa. Luego se dijeron adios, pero el hombre de mediana edad continuó su lento caminar con la sonrisa en los labios.
A partir de ese momento tenía algo para recordar con agrado.

NOSTALGIA



Le confieso a mi amigo que para mi eso de la nostalgia, que significa etimológicamente " retorno doloroso " o “dolor de lo pasado”, es casi una enfermedad, como una cefalea recurrente.

Pero es también un sentimiento noble (me reconoce): es fidelidad a lo que fuimos, a nosotros mismos, aunque lo sea también, al mismo tiempo, de afligida rebeldía, romántica, impotente, un tanto desesperanzada, por lo que no volverá...

Lo cantó encantadoramente el poeta Woordsworth, le contesto: “Aunque ya nada pueda devolver la hora / del esplendor en la hierba, / de la gloria en las flores,/ no debemos afligirnos porque la belleza / pervive en el recuerdo”.

A mí me viene también la nostalgia en oleadas recurrentes, pero no tengo que preocuparme, es un sentimiento del fondo del armario, a la vez que doloroso, dulce, desgarrador, tierno y amable. ¡Qué razón tenía Félix Grande!, concluyó mi amigo, “En la nostalgia el universo cabe”…

lunes, 23 de noviembre de 2009

Otoño, otoño, ¡ay mi otoño!

Otoño, otoño, ¡ay mi otoño!

¿Cómo hablar del otoño si no se sienten las características de esa estación del año?
Hoy he comido en el albaicín granadino, en la Plaza Larga para ser más explícito, en el Mesón de la Porrona, sentado a la intemperie. Sobraban las prendas de abrigo; por eso yo colgué mi vieja chaqueta de pana en el respaldo de la silla y me remangué la camisa. Vecinos muy pulcros limpiaban las calles dejando que el agua, que manaba de una goma larga y amarilla, se deslizara por las correderas de piedra blanca, situadas en meitad de la callejuela, a modo de espina dorsal que la recorre en toda su longitud. Cualquier sensación menos la del otoño.
Recuerdo los otoños de mi infancia, y también los de mi adolescencia: calles recubiertas de hojas amarillas o marrones, que decrepitaban al ser pisadas por nuestros zapatos "gorila", una sierra cubierta de nieve desde los mil quinientos metros, abrigos con el cuello alzado para evitar el enfriamiento del cuello, o para ir a la moda de James Dean, guantes de lana (con algún pequeño agujero), esquinas soleadas y pobladas por buscadores de las "recachas", etc. Sin embargo, hoy la gitana, la Porrona, iba ataviada con atuendo veraniego, a pesar de su edad, -me ha estado contando cuántos nietos tiene-, y los demás vestíamos camisas y rebecas en las manos.
Así no se puede hablar del otoño. Por eso he decidido no hablar de él. A la hora de elegir el tema de mi relato, yo habría preferido hablar de esa bellísima estación; sin embargo, hoy el tema otoñal da para poco. Por esa razón he preferido hablar de la globalización, esa extraña palabra que ha venido a sustituir a otras no menos traumáticas, tales como la conquista, el descubrimiento y la colonización. Las hazañas heroicas que fueron las conquistas fueron sustituidas por las colonizaciones (siglos cercanos al nuestro): no se detengan mucho en esta palabra porque colonizar fue, en su momento, hacer que todos beban la misma bebida embotellada (por pudor y para no hacer propaganda no escribiré su nombre), conseguir que todos vistan igual ropa bajo el influjo de la palabra moda, provocar que todos crean en las mismas verdades y obedezcan a las mismas leyes, etc. ¿Alguien recuerda la película Los dioses deben estar locos? Hasta aaquí llega el juego de la colonización.
Ahora la situación es diferente, diríase que más sofisticada, al aparecer el término globalización. He pensado mucho en esta palabra y en su significado, y he llegado a la conclusión de que lo que se quiere decir con la palabra globalización es redistribuir la riqueza de tal forma que el que más tiene más se lleve y que el que menos tenga eso también perderá. ¿Creen ustedes que exagero o que no digo la verdad? Pues analicen el término y las consecuencias de la llamada crisis.
Por todo eso que les digo, yo habría preferido hablar del otoño, pero la globalización ha conseguido también unificar las cuatro estaciones del año en una sola estación, un único tiempo bobo, prolongado y triste.

sábado, 21 de noviembre de 2009

LA HISTORIA DE AMOR DE EURÍDICE Y ORFEO

Querría contarte hoy, amigo, otra bonita historia de amor. De amores mitológicos. De dioses del Parnaso. La historia del amor entre Orfeo y Eurídice.

Orfeo no era un dios guerrero. Su don era la música. Cantaba y se acompañaba con la lira. Los animales, los dioses, las aguas, y hasta los mismos árboles se quedaban embelesados escuchándole…

Amaba Orfeo apasionadamente a su esposa Eurídice. Un día, huyendo ésta de las persecuciones de Aristeo, fue mordida por una serpiente que estaba oculta entre la hierba. Y murió.

Orfeo, consternado, entonces, tocaba canciones tan tristes, cantaba tan lastimeramente, que todas las ninfas lloraron y le aconsejaron que bajara al inframundo a rescatarla.

Lo hizo y por su armoniosa música, Hades y Perséfone, guardianes del infierno, permitieron a Eurídice que regresara con Orfeo a la tierra. Pero en su viaje de regreso no debían mirar hacia atrás hasta que alcanzaran el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice.

Cuando ya alcanzaban las puertas del Hades, Orfeo, cediendo a su amor, se volvió imprudentemente a mirar a su esposa para contemplarla. Pero aún no había sido completamente bañada por el sol… Y Eurídice, así, se vio arrastrada, de nuevo, a las sombrías moradas del Hades, desapareciendo para siempre.

Algunos mitos de la Tracia, donde a Orfeo lo consideraban como a su héroe, cuentan que, desconsolado por este triste desenlace, murió de pena por el amor perdido… Aunque es verdad que existen otras mil tradiciones, también, sobre su muerte…

jueves, 19 de noviembre de 2009

PELIGROSIDADES



¿Fue acaso el sofista Protágoras quien dijo que los humanos crearon las ciudades en medio de las selvas vírgenes, para poder defenderse de los ataques imprevisibles de los animales feroces?, pregunté un día a mi amigo, que llevaba bajo el brazo -como era su costumbre desde nuestra época de acné y estudios clásicos- un grueso tomo de Filosofía.

Sí, pero añadió que enseguida descubrieron que más peligrosos que de los animales eran imprevisibles, feroces y crueles los ataques de los propios con-ciudadanos, y de otros humanos que pugnaban para apropiarse de las ciudades que ellos habían construido. Porque a las fieras se les veía venir…

Y se cuenta –se me ocurrió decir en aquel momento- que durante varias siglos los habitantes de aquellas primeras ciudades, fortificadas por temor a los humanos, tenían un dicho que repetían unos a otros de generación en generación: “con los animales vivíamos mejor”…

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL POETA Y LO REAL

Me admira, comentaba hoy con mi amigo, la ausencia casi total de lo intelectual en la gestión y en el análisis de los asuntos complejos de la “polis”. Las ideas y las soluciones discurren más por ámbitos de opinión, muchas veces no excesivamente bien fundada, que por los cauces hondos del pensamiento intelectual.

“Los grandes pensadores son los poetas”, me respondía mi amigo, esbozando una sonrisa intuitiva, profunda. Lo dijo así Unamuno.

Es cierto, comentaba yo. Lo son porque a través de su visión poética irradian sutiles y limpios destellos de luz sobre una realidad, normalmente, cargada de oscuridades. La razón, a pesar de su vocación por entender ultimidades, no puede llegar a desvelar el peso profundo que tiene lo real.

La intuición poética, coincidíamos los dos en ello apoyándonos en la misma etimología de la palabra -(“poieo” = fabricar, crear con la palabra, imaginar)-, no sólo comprende y abarca la realidad, sino que transforma lo existente. La razón da forma conceptual a lo que comenzó siendo, en el poeta, presencia intuitiva y comprensión vital de lo real.

martes, 17 de noviembre de 2009

La ola y el beso

La ola y el beso
El día era ventoso, raro, cálido y estaba presidido por una especial claridad. Solo que hacía bastante viento. Manolo Mira paseaba con Maribel junto al mar. Él deseaba decirle algo importante pero no sabía cómo hacerlo. Sobre la arena de la playa, un hombre con el torso descubierto, un escultor de arena, levantaba la efigie de lo que ya parecía un cocodrilo o algo parecido. Había trabajado muchas horas para conseguir aquella obra de arte popular. Un golpe de viento la derribó. La cabeza del animal, que se dirigía en escorzo hacia arriba, salió volando a pesar de los esfuerzos del hombre por protegerla.
Maribel no pudo contener su contrariedad. Manolo se comportaba como lo que realmente era, un filósofo que trata de explicar todo lo que ve o piensa. En este caso, el tema de lo efímero de la obra humana fue su discurso. Ella, afectada por lo que había visto, no podía creer lo que estaba oyendo. Entonces preguntó:
¿Así es también el amor, Manolo?
No, contestó él de manera rápida. El amor no es obra de los hombres.
Entonces, dime, ¿de quién es obra el amor?
Manolo, el joven filósofo, parecía atrapado. Ella estaba usando su misma estrategia, la de usar trampas dialécticas.
El amor es un sentimiento humano y es muy probable que tenga un sentimiento génico, contestó el muchacho saliendo así del apuro intelectual.
¿Y cuál es la diferencia entre obra y sentimiento?, ¿acaso el sentimiento tiene un origen externo al hombre? De nuevo la trampa estaba sobre el tapete de juego.
Verás, Maribel, yo creo que los cuerpos tienen la propiedad de crear sus propios sentimientos de amor y odio, de interpretar lo que consideran aceptable o rechazable, etc. Sí, se envalentonó el muchacho, la corporeidad crea al espíritu, si entendemos este término como todo lo que abarca a lo inmaterial.
La chica se acercó a Manolo y lo besó apasionadamente. Él no entendió lo que estaba sucediendo. Ella preguntó:
¿En qué parte de tu cuerpo has sentido lo que yo he experimentado al besarte así?, ¿es en ese lugar donde se encuentra la corporeidad, Manolo?
El chico se ruborizó y, al mismo tiempo, volvió a besarla de la misma forma. Ella miró hacia la ola que se acercaba llena de espuma y arrastrando algo de arena y contempló cómo desaparecía al acercarse a la orilla y se transformó en agua remansada. Luego se volvió hacia el muchacho y le dijo:
Manolo, yo no quiero que seas como la ola, que después de mostrar su bravura se deshace. Me gustaría que fueses como el beso que nos hemos dado: cálido, sincero, lleno de paz y mensajero de algún recado que no te sientes capaz de dar.
Él miró al mar, luego giró su cara hacia ella y la volvió a besar.

lunes, 16 de noviembre de 2009

EL RELOJ



El tiempo exacto, frío, implacable, del reloj, ajeno a nuestros sentimientos, indiferente de nuestro destino… Pasa la hora, llega la hora, es la hora… Los amores pasan, el placer se esfuma, las recompensas tardan, la muerte llega...
Y el reloj sigue, prosigue, avanza, con su paso exacto, puntual, preciso, gélido, inalterable, inexorable, obstinado, impío…

sábado, 14 de noviembre de 2009

DEMÉTER Y EL RAPTO DE PERSÉFONE

El poeta del Himno Homérico, le comentaba a mi amigo mientras juntos leíamos los versos clásicos, expresaba con fuerza el dolor de Deméter, la madre, que pudo oír los gritos desesperados de su hija cuando Hades la arrastraba a las profundidades infernales: “la madre sintió un agudo dolor en su corazón”... “Echó sobre sus hombros un velo oscuro y se lanzó como un ave a la tierra, sobre las olas, buscando a la hija que le había sido raptada”.

Convendrás conmigo, le decía yo, que el rapto de Perséfone es de una gran belleza trágica y poética dentro de la mitología olímpica: “Se encontraba Perséfone cogiendo flores con sus compañeras en el llano de Nisa, cuando vio frente a ella un narciso de singular atractivo. Se agachó para cogerlo, pero en ese mismo instante la tierra se abrió y dejó paso a Hades que arrastró a la joven a las profundidades subterráneas”.

Por espacio de nueve días y nueve noches, continuaba narrando el poeta, la madre, “sufriendo el dolor en su corazón”, recorrió el mundo habitado, llevando en la mano antorchas encendidas que la iluminaran en su búsqueda…

Mi amigo y yo no sacamos ninguna conclusión de aquel hermoso y ajustado relato del poeta. Sólo nos limitamos, esa tarde, a gozar la belleza, y también la tragedia, de aquellos casi humanos dioses del Olimpo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

EL DIOS SOL



Mientras contemplaba al sol elevarse en su carro resplandeciente (que decían los antiguos poetas) como un cuajo de oro, y desde allí ir descendiendo, majestuosamente, hasta desaparecer, entre cenizas, en vientre materno de la noche (que así lo metaforizaba también, creo, algún poeta de la antigüedad) inundando al mundo de luz, de energía y de sombras…, fue entonces cuando comprendió –según su propia confesión- que la vida es una convocatoria al amor, y la muerte una serena llamada a la paz…

martes, 10 de noviembre de 2009

El túnel

El túnel

Nadie ha pasado por ese túnel durante los últimos cinco o seis años. La última persona que lo hizo contó que se le apareció un fantasma. De esta forma, la historia del túnel embrujado corrió de boca en boca y, aunque nadie conozca con exactitud lo que sucedió dentro de ese orificio, por el túnel solo pasaban, muy de vez en cuando, personas que no conocían su historia.
Yo acababa de recibir una llamada telefónica de mi amigo Manolo para decirme que se encontraba muy mal y deseaba verme. Como estaba anocheciendo, atravesé el túnel porque permitía recortar en unos seis o siete kilómetros la distancia hasta el pueblo. Nada sucedió aunque yo sentí el miedo dentro de mi cuerpo. Mis brazos conducían encogidos y mis manos se encontraban agarrotadas y apretadas al volante. Nada de fantasmas. Sonreí al salir del túnel y me relajé.
Efectivamente Manolo estaba muy mal. Hablamos durante una hora y me despedí de él con un hasta mañana. Regresé atravesando nuevamente el túnel. Conducía relajado, aunque preocupado por la salud de mi amigo. Cuando faltaba algo menos de doscientos metros para salir de él, lo vi.
Me estremecí porque entonces fui consciente de que Manolo había muerto.

EXTRANJERO EN SU TIERRA

En medio de aquel campo había un solitario olivo. Un olivo pequeño, ajado por los años, pero que aún conservaba sus hojas de color verde plata. Y allí sentados, mi amigo y yo, mirando lejos campo y soledad, le leía unos versos que había escrito:

“Ser hombre es esto:
cruzar por unas calles
ausentes de palabras,
y esperar
unas enrojecidas migajas de dolor.
Un pan gastado por todas las edades.

La vida, me respondía, es una sencilla peregrinación de costumbres. Solemos aceptar de buen grado lo de cada día. Por ello, repetimos los mismos gestos, afianzamos los mismos recorridos. En esta repetida cotidianidad cada día nos hacemos más hombres...

Algunos, sin embargo, pensaba yo, -mientras mi vista se perdía en la calina azul de una tarde en poniente-, desean probar nuevos proyectos, abrirse a nuevas rutas. No soportan hacer siempre lo mismo… Se han convertido en aventureros de su propia vida. Y en la aventura, casi han perdido el nombre, su propia identidad. Han emprendido un lejano viaje al extranjero donde ignoran si los conoce alguien…

La ventaja que tiene romper con los esquemas, vivir en la aventura, decía mi amigo, es que así se vive en solitario. Se acaba con la tela de araña entretejida con multitud de gastados convencionalismos… Pero, claro, a partir de ahí uno se convierte en extraño entre su propia gente. Extranjero en su tierra. Un solitario apátrida rebelde…
Y yo, dubitativo, ágil, con mirada profunda, sentenciaba: “Poned atención que un corazón solitario, no es un corazón”. Así decía el poeta…

lunes, 9 de noviembre de 2009

El diálogo humano

El diálogo humano


En el Salón de los Hombres Erguidos uno de los allí reunidos tomó la palabra:
¡Uhm!, dijo a los congregados.
¡Uhm, uhm!, le replicó otro con contundencia.
Los Hombres Agachados (HA), los Hombres Encorvados (HE), los Hombres Bisagra (HB) y otros que podrían ser definidos con las siglas HCCE, que circunvalaban a los oradores, desde un prudente segundo nivel comenzaron a emitir los mismos sonidos guturales que sus respectivos líderes.
En el exterior, los Hombres y Mujeres Pensadores (HP, MP) se reunían y gritaban
¡No!,
sin embargo, las gruesas paredes del Salón impedían ser escuchados por los allí reunidos.
Tres días después comenzó la justificada guerra necesaria. Los argumentos a favor, ¡Uhm!, ¡Uhm!, resultaron convincentes y decisivos.
Gracias a dios el diálogo humano había salido nuevamente victorioso.

LA LEYENDA DEL HÉROE



La Mitología, con la que nuestros más antiguos antepasados culturales elaboraban y transmitían las enseñanzas de la humanidad, contiene muchas veces increíbles narraciones truculentas y aterradoras.

Fíjate, por ejemplo, me dijo mi amigo, en la historia del griego Heracles, cuando a su paso por Troya, antes de la gran guerra, llevando como trofeo el cinturón de oro de la Reina de las Amazonas (Hipólita se llamaba), se encontró con la sorpresa de que Poseidón, el Rey del Mar, había enviado un monstruo (hoy lo llamaríamos Maremoto, o, quizás, Tsunami) que salía a la playa desde las negras profundidades, asolaba la ciudad y se tragaba a toda la gente, que corrían despavoridas, intentando escapar por las llanuras.

Pero un día, cuando con gran estrépito la bestia marina rompió la superficie de las aguas, abriendo sus enormes fauces, Heracles que la esperaba escondido en la playa, se zambulló por su garganta, le despedazó el vientre con su espada y la dejó muerta bajo las pacificadas olas del mar…

¡Bueno!, exclamé con sarcasmo, ¿qué se nos puede enseñar hoy con esta historia inverosímil que ya no asustaría ni a los niños?

Simplificándolo mucho, replicó mi amigo, te diré una de sus enseñanzas: Que por muy poderosas y terribles que sean las fuerzas desatadas de la naturaleza, mayor es la sabiduría, el ingenio y la pericia del ser humano, el héroe que todos llevamos dentro, fruto también y perfección de la misma naturaleza que, tantas veces, nos amedrenta con su furia…

sábado, 7 de noviembre de 2009

PINTANDO LA EXISTENCIA

Mientras recorríamos pausadamente aquel jardincillo de la vega granadina, al que familiarmente llamábamos “los Paralelos”, con la nieve casi eterna del “Veleta” al fondo, hablábamos mi amigo y yo sobre aquellos versos de Pablo Neruda, que tantas veces habíamos comentado: “Sucede que me canso de ser hombre…” Versos de angustia, de horizonte cerrado, de tardes sin futuro. Momentos de existencia, los que hablaba el poeta, que para muchos, en lo aparente, al menos, convertían el vivir en tarea pesada, en demasiado ardua.

Me parece sentir, decía mi amigo, que en la cerrada frase de Neruda gravita la dolorosa condición del hombre que se sabe arrastrando la pesada roca impuesta por los dioses, sabiendo de antemano que cuando llegue a la cima de la montaña, la piedra volverá a rodar hasta la base.

La frase de Neruda, añadía yo, igual que aquella otra de Blas de Otero (“Humanamente hablando es un suplicio ser hombre y soportarlo hasta las heces…), clásica también en nuestras conversaciones de entonces, anunciaban con profunda evidencia la muerte del racionalismo, ideológicamente, imperante hasta entonces. Se buscaban nuevos paradigmas. El “Logos”, que había dominado en Occidente desde la Grecia “Parmesiana” hasta la Europa de Hegel, cedía su lugar a un nuevo estilo de pensamiento: el de la vivencia, el del devenir, el de la existencia, el del vivir total.

Y coincidíamos los dos en que las hermosas acuarelas del paisaje que refleja la vida ya no podían seguir siendo trazadas por exclusivos designios de los dioses… El hombre, en su vivir de siempre, es quien da la pincelada, -incluso, muchas veces, el brochazo gordo- a este cuadro que compone el claroscuro de su vida humana.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Universo

Universo

Tomé un café con un buen amigo cierto día en el que ambos habíamos regresado a Granada pero nuestras familias aún disfrutaban de los últimos momentos de un agosto que ha reinado como nunca lo había hecho. Mi amigo es uno de los astrofísicos con mayor relieve internacional. Plaza de Mariana Pineda (o plaza de la Mariana, en argot más popular) y café Fútbol en el que los churros tienen fama, fueron los lugares elegidos para hablar del universo.
Solamente un 3-5% del mismo es materia, en el sentido que le damos a este término. La conversación fue amena, más que amena fue entusiasta para un profano como yo. Reconozco que me sentí viajando por un enigmático universo: ahora transportado en un agujero negro, luego sintiéndome repelido por algún planeta desconocido que, por retrasar milésimas de un tiempo infinitesimal la órbita de mi vida, permite su propio descubrimiento.
Hice la pregunta que tanto tiempo tenía oculta: ¿cómo es posible que el universo sea algo en expansión? No entendí bien la respuesta; sin embargo, algo retumbó en mi mente, como el ruido rítmico de un tren de longitud infinita, cuyas ruedas hablan de un trac-trac que jamás termina: “todo apunta a que el universo, querido amigo, es plano”.
Tomé el café de un único trago porque el trozo de churro que tenía en la boca estuvo a punto de atragantarse.
Y es que en la ciencia, como en la música, la pintura y las matemáticas y en todas las manifestaciones en las que interviene lo sensorial, cuanto más se profundiza en ella menos sentido de retrato físico tiene lo estudiado. De esta forma, el átomo no es más que la probabilidad de encontrar ciertas partículas en un punto del espacio y del tiempo o, como me acaban de decir, el universo es plano. ¿Y el hombre, qué son el hombre yla mujer, realidad, probabilidad, puntos en ese plano universal?

jueves, 5 de noviembre de 2009

LA VARA DE ZAFRA

He paseado estos días por tierra de Extremadura y me he dejado sorprender por inesperados y encantadores paisajes y rincones.
En la Plaza Chica de Zafra hay una columna con una vara tallada. Una vara de medir.
La historia de varios siglos la refiere como unidad de medida para comerciantes y gentes del lugar. A falta de metros.
Resulta curioso que durante tantos años todos los lugareños y visitantes unificaran sus criterios y cálculos acercándose a una columna de mármol.
Hoy, constato que utilizamos variadas y distintas varas de medir. Demasiadas:
Para lo que nos gusta y para lo que nos molesta.
Con aquellos a los que queremos y con quienes desconocemos.
Cuando somos felices y cuando el tiempo nos incomoda.
Comparándonos con lo que situamos por arriba y respecto a lo que consideramos por abajo.
Mido mis esperanzas, mis fracasos y mis vivencias según los dias, los momentos y los años porque a la columna que me sostiene nadie le ha tallado una vara de medir.
Como la vara unificadora de la Plaza Chica de Zafra.

COLUMNAS Y CAPITELES


Me hablaba de alguien que dividía a las personas en “columnas” y “capiteles”….

Yo le añadiría, le sugerí, los “basamentos”: hay quienes son columnas, que se mantienen erectas y enderezadas en la vida; a veces, derrumbadas también, entre ruinas. Hay personas como capiteles, subidos a la cabeza, que se lucen, y tal vez sirvan de ornato. Pero están también, no debemos olvidarlos, los basamentos: quienes dan apoyo, quienes sostienen y soportan, a quienes a veces se les pisa para prolongar la propia altura…

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Una rosa sin cortar

Una rosa sin cortar

Llegó a este mundo como venimos todos, llorando, y con la herencia escrita de ser hombre. Él se creyó una estrella en el espacio y deseaba dar luz.
Pensó, sólo se siente dolor al nacer de un vientre. Y erró en su cálculo. Caminando, vio gente muerta de hambre, otros entre sollozos y llantos, vacío de amor, angustia. También vio amor, y una rosa sin cortar bajo un cielo azul claro. Y besos. Muchos besos.
Más tarde comprendió que no somos rosas de jardín florido; somos estelas de espuma que se disipan en la mar serena y olas que se desvanecen al alcanzar la orilla.
Sonrió después de su descubrimiento: acababa de entender el misterio de la vida.

LO ETERNO FEMENINO

No podía eludir su viejo tono profesoral. Me hablaba, con énfasis, de cómo en casi todas las culturas, a medida que la mentalidad primitiva se va depurando, su actitud cultual evoluciona, casi necesariamente, del totemismo hacia una religiosidad monoteísta. Buscan un solo dios, aunque esté rodeado éste de un gran número de deidades inferiores. (Yo lo escuchaba en silencio).

En la cultura incaica, por ejemplo (proseguía en su tono magisterial), por referirnos a un modelo relativamente cercano y fuerte, el totemismo inicial de los antiguos peruanos cedió su lugar al Sol (“Inti” o “Apu-Puchan” = El Jefe del Día) e, inmediatamente, se lo unió a la diosa femenina incaica “La Pachamama” (La Diosa Tierra).

Pareciera en este caso y en otros similares que existe, como pensaba Carl G. Jung, unos arquetipos simbólicos de especie, me aventuré a insinuarle, arquetipos que alcanzan su maduración en la pareja “Dios-Padre” y “Diosa-Madre”, de acuerdo a las necesidades simbólicas y cosmogónicas del hombre.

Cierto, me respondió. Lo eterno femenino (la tierra abierta en surco) cobra fuerza sagrada frente al padre fecundador (sol, lluvia, rocío de lo alto). El surco, en la madre tierra se abre para ser sembrado. “Dios-Padre” deposita y fecunda su semilla en ella. La “pachamama” incaica, sírvanos como ejemplo, es la mujer que gesta en su seno el fruto de la vida.

Y terminó recordándome unos versos de LAO TSE, tal como lo expone gráficamente en uno de sus “Tao”:

El espíritu de la profundidad no muere.
Es lo eterno femenino.
La puerta de salida de lo eterno femenino
es la raíz de cielo y tierra…

martes, 3 de noviembre de 2009

Nefertiti

Nefertiti

El viento racheado, eso que se expresa mejor con la frase las ráfagas de viento, ha hecho llegar hasta mí sensaciones muy variadas: un intenso olor a tilos (no debo ocultar que me encuentro en el paseo conocido como de los tilos, en Berlín), el rumor de la soldadesca nazi, formada delante de la Bundestag, que gritan dos palabras terribles para la humanidad, el sonido de los aviones de combate cargados de munición y el desagradable tufo de los hornos crematorios. No deseo evocar esos recuerdos.
Por ello abrí los ojos, después de mantenerlos entretenidos en ese largo minuto dedicado al recuerdo, y veo una ciudad en la que me encantaría vivir, organizada, moderna, llena de equilibrio con la naturaleza, poblada de gente amable, en la que el techo de la Bundestag ha sido sustituido por la bellísima cúpula de Foster, la soldadesca por unos jardines verdes amplios y bien organizados y los ruídos por el silbo de las aves.
Continúo mi lento caminar, sosegado y sin prisas por el lugar en el que hace poco varios miles de personas han corrido la maratón, y me dirijo tranquilamente a ver el busto de Nefertiti.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Día de difuntos, el tiempo y los difuntos anticipados

Día de difuntos, el tiempo y los difuntos anticipados

En la ciudad de la luz, hoy la luz es distinta; parece todo más claro. Empero, desde el noroeste se acercan negras nubes, silenciosas y juguetonas, que presagian agua. Se percibe una sensación de bochorno impropio de estas fechas. Es día de difuntos y la gente va diciendo, casi proclamando, que ya nos merecemos otro tiempo.
Pero el tiempo no sigue las sugerencias de los humanos. El tiempo meteorológico tiene un comportamiento que es el que la propia ley natural impone.
El comportamiento de los humanos es diferente: el hombre crea intereses que sitúa por encima de las leyes, la natural y las de los hombres.
Me explico: si un humano piensa que ya se merece otro nivel de ingresos económicos pone manos a la obra e intentar incrementarlos. Los humanos sienten la necesidad y tratan de remediarla. En esto nos diferenciamos de otros animales. Sin embargo, algunos, -no todos los humanos se comportan de la misma forma-, manipulan lo que es patrimonio de todos (los millones al horno, de Julio Camba), y através de complejas operaciones matemático-financieras, sus cuentas corrientes, no las de aquí -¡qué ingenuidad la mía!- sino las que tienen en algún paraíso fiscal, sube rápidamente.
El tiempo meteorológico no hace esa operación. Sigue estrictamente la ley natural. Y por esa sencilla razón, hoy día de difuntos, hay algunos humanos que desearían que el tiempo transcurriese más rápidamente para que les sorpreanda su propia muerte, muerte política y social se entiende, porque ellos han experimentado la verguenza que produce la alteración de las reglas y normas de convivencia. Ayer fueron todopoderosos señores, muchos de ellos señores de la política, y hoy son difuntos anticipados.
Y todo eso por no seguir el ejemplo que da el tiempo meteorológico.
Hoy hace calor, mejor sería decir bochorno, aunque las nubes silenciosas y oscuras se acercan presagiando lo que se les avecina a todos los que han intentado cambiar el orden económico de sus conciudadanos.
Eso sí, todo ello dentro del más estricto respecto al concepto de la presunción de inocencia.

CEMENTERIO INGLÉS EN LINARES


Con motivo del Día de los Difuntos, he recordado el Cementerio Inglés de Linares. Allí se enterraban los técnicos y mineros ingleses que vinieron a Linares a dirigir y trabajar las minas de plomo argentífero, a finales del XIX y principios del XX y que fallecieron en esta cuidad. Este cementerio, que coexiste junto al cementerio católico, aún conserva en buen estado las lápidas e inscripciones de las tumbas existentes.
Estas dos fotos muestran el estado actual de algunos de los enterramientos.



domingo, 1 de noviembre de 2009

UN BLOG DE TRACERÍA

(En nuestro blog hemos estado estos días jugando con palabras. Hemos hablado del significado, de su onomatopeya, de la extensión, de su riqueza plástica… Me sumo ahora al juego…, y de palabras hablo).

Cada día tengo más la impresión de que las teselas, con las que vamos construyendo la obra de taracea de nuestro blog, van cobrando vida y se organizan en multicolores y poliédricas formas. Se unifican, así, para constituir un rico y variado juego de mil figuras imprevistas. Cada palabra, este es nuestro juego, se convierte en un diseño decorativo, en una visión artística.

Nuestros microrrelatos son, efectivamente, laboriosos trabajos de tracería: formas decorativas en piedra o en madera que, al formar combinaciones geométricas, conforman hermosos rosetones, variados arcos, o religiosas bóvedas.

Sabemos que la madera o la piedra en nuestro caso es una simple hoja de papel. Y sucede a menudo que el papel no conserva con el mismo aguante que la piedra o la madera la idea del artista. Por eso será bueno esmerarse en que la calidad del verbo, nuestro golpe maestro de cincel, supla la resistencia del material inerte. Será la vida, naciendo en la palabra, la que eternizará la obra resultante.