Mientras contemplaba al sol elevarse en su carro resplandeciente (que decían los antiguos poetas) como un cuajo de oro, y desde allí ir descendiendo, majestuosamente, hasta desaparecer, entre cenizas, en vientre materno de la noche (que así lo metaforizaba también, creo, algún poeta de la antigüedad) inundando al mundo de luz, de energía y de sombras…, fue entonces cuando comprendió –según su propia confesión- que la vida es una convocatoria al amor, y la muerte una serena llamada a la paz…
jueves, 12 de noviembre de 2009
EL DIOS SOL
Mientras contemplaba al sol elevarse en su carro resplandeciente (que decían los antiguos poetas) como un cuajo de oro, y desde allí ir descendiendo, majestuosamente, hasta desaparecer, entre cenizas, en vientre materno de la noche (que así lo metaforizaba también, creo, algún poeta de la antigüedad) inundando al mundo de luz, de energía y de sombras…, fue entonces cuando comprendió –según su propia confesión- que la vida es una convocatoria al amor, y la muerte una serena llamada a la paz…
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...¡Ay!, querido Fernado: visto de esa manera, me quedo con el envite al amor; y apuesto por la inteligencia de saber hallar, aún en el mismo caos de la vida, la armonía entre la realidad y los sueños... Los hermosos, libres sueños.
ResponderEliminar... Como llevo unos días vertiginosamente envuelta en la espiral de lo cotidiano (todo eso que, a veces, nos aleja de la esencia y de las cosas más puras), ando leyendo las últimas entradas del blog. Sobre el "Extranjero en su tierra" quería comentar que no estoy de acuerdo con la sentencia del poeta; sin ir más lejos, tenemos como prueba de una sensibilidad exquisita del corazón, la humanísima mirada de Albert Camus en "L´ètranger". Que una cosa es un corazón libertado y, otra muy distinta: no tener corazón.
ResponderEliminarDe lo mismo trata Hoffman en su relato "El caldero de oro"; en éste nos invita a no vernos abismados a los límites opresores de "un frasco de cristal"-como muy bien metaforiza-. Atados a los convencialismos de los demás; y a los propios hábitos con los cuales, normalmente, nos hacemos esclavos a nosotros mismos.
... Perdón, quise decir "convencionalismos", claro.
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