Querría contarte hoy, amigo, otra bonita historia de amor. De amores mitológicos. De dioses del Parnaso. La historia del amor entre Orfeo y Eurídice.
Orfeo no era un dios guerrero. Su don era la música. Cantaba y se acompañaba con la lira. Los animales, los dioses, las aguas, y hasta los mismos árboles se quedaban embelesados escuchándole…
Amaba Orfeo apasionadamente a su esposa Eurídice. Un día, huyendo ésta de las persecuciones de Aristeo, fue mordida por una serpiente que estaba oculta entre la hierba. Y murió.
Orfeo, consternado, entonces, tocaba canciones tan tristes, cantaba tan lastimeramente, que todas las ninfas lloraron y le aconsejaron que bajara al inframundo a rescatarla.
Lo hizo y por su armoniosa música, Hades y Perséfone, guardianes del infierno, permitieron a Eurídice que regresara con Orfeo a la tierra. Pero en su viaje de regreso no debían mirar hacia atrás hasta que alcanzaran el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice.
Cuando ya alcanzaban las puertas del Hades, Orfeo, cediendo a su amor, se volvió imprudentemente a mirar a su esposa para contemplarla. Pero aún no había sido completamente bañada por el sol… Y Eurídice, así, se vio arrastrada, de nuevo, a las sombrías moradas del Hades, desapareciendo para siempre.
Algunos mitos de la Tracia, donde a Orfeo lo consideraban como a su héroe, cuentan que, desconsolado por este triste desenlace, murió de pena por el amor perdido… Aunque es verdad que existen otras mil tradiciones, también, sobre su muerte…
Orfeo no era un dios guerrero. Su don era la música. Cantaba y se acompañaba con la lira. Los animales, los dioses, las aguas, y hasta los mismos árboles se quedaban embelesados escuchándole…
Amaba Orfeo apasionadamente a su esposa Eurídice. Un día, huyendo ésta de las persecuciones de Aristeo, fue mordida por una serpiente que estaba oculta entre la hierba. Y murió.
Orfeo, consternado, entonces, tocaba canciones tan tristes, cantaba tan lastimeramente, que todas las ninfas lloraron y le aconsejaron que bajara al inframundo a rescatarla.
Lo hizo y por su armoniosa música, Hades y Perséfone, guardianes del infierno, permitieron a Eurídice que regresara con Orfeo a la tierra. Pero en su viaje de regreso no debían mirar hacia atrás hasta que alcanzaran el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice.
Cuando ya alcanzaban las puertas del Hades, Orfeo, cediendo a su amor, se volvió imprudentemente a mirar a su esposa para contemplarla. Pero aún no había sido completamente bañada por el sol… Y Eurídice, así, se vio arrastrada, de nuevo, a las sombrías moradas del Hades, desapareciendo para siempre.
Algunos mitos de la Tracia, donde a Orfeo lo consideraban como a su héroe, cuentan que, desconsolado por este triste desenlace, murió de pena por el amor perdido… Aunque es verdad que existen otras mil tradiciones, también, sobre su muerte…
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