El viento racheado, eso que se expresa mejor con la frase las ráfagas de viento, ha hecho llegar hasta mí sensaciones muy variadas: un intenso olor a tilos (no debo ocultar que me encuentro en el paseo conocido como de los tilos, en Berlín), el rumor de la soldadesca nazi, formada delante de la Bundestag, que gritan dos palabras terribles para la humanidad, el sonido de los aviones de combate cargados de munición y el desagradable tufo de los hornos crematorios. No deseo evocar esos recuerdos.
Por ello abrí los ojos, después de mantenerlos entretenidos en ese largo minuto dedicado al recuerdo, y veo una ciudad en la que me encantaría vivir, organizada, moderna, llena de equilibrio con la naturaleza, poblada de gente amable, en la que el techo de la Bundestag ha sido sustituido por la bellísima cúpula de Foster, la soldadesca por unos jardines verdes amplios y bien organizados y los ruídos por el silbo de las aves.
Continúo mi lento caminar, sosegado y sin prisas por el lugar en el que hace poco varios miles de personas han corrido la maratón, y me dirijo tranquilamente a ver el busto de Nefertiti.
Volviendo al tema de las palabras largas, hoy he recibido una invitación para asistir a un Congreso de la Asdocación Argentina de
ResponderEliminarPSICONEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA.
Después de pronunciarla y deletrearla, he recuparado en sosiego leyendo el delicioso relato de Antonio, paseando por Berlín en busca del busto enigmático de Nefertiti.