lunes, 11 de enero de 2010

MÁS DE BESOS



(Dedicado, para su regocijo, a nuestra amiga Tánger)

En aquella ciudad ignorada, todas las personas, de todo sexo, edad o condición, habían nacido y nacían con un granito de azúcar en la punta de la lengua. Era, dicen los sabios, una peculiaridad genética, transmitida en el ADN germinal de generación en generación, tan connatural para ellos que ni lo advertían.

Sólo llegaban a notarlo quienes se besaban…

1 comentario:

  1. ¡Mi gratitud más excelsa, querio Fernando! Acabo de leer este lindo microrrelato que me ha colmado de regocijo y alegría. ¡Gracias de verdad!

    Aquí os dejo una frase que, precisamente, escribí hace un rato mientras paseaba por la nieve, bajo el gran sol.

    Amándonos tu y yo se aman todos los hombres / se salvan todos los mundos.

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