miércoles, 13 de enero de 2010

LAS REBAJAS

En aquella mañana, lluviosa como la de casi todos los días, se apiñaban, casi hasta la calzada, las gentes que esperaban, nerviosas, que se abrieran las puertas del comercio. Hablaban poco, pero todos miraban, brillándole en los ojos una ilusión ingenua, lo que los rodeaba. Eran masa global. Multitudes anónimas distantes siempre del interés del otro, aunque todas unidas para cumplir ahora la pauta programada del consumo fácil.

El reloj de la plaza marcaba con sus toques la hora convenida. Las puertas comenzaban a abrirse lentamente. La emoción del momento invadía al comprador-cliente. Era el tiempo esperado: las rebajas…

Todos, al abrirse las puertas, en forma ritual, corrieron por los largos pasillos del comercio, rodeados de ofertas tentadoras. Se fueron adentrando hacia la “ganga”, buscando siempre la oferta tentadora.

Por encima de todo -era así la consigna-, había que “consumir” productos a “precios de descuento”. Lo imponía así la promesa anual del comerciante.

Es verdad que la compra -lo sabían casi todos- quizás se abandonara a los pocos días en el armario de las cosas usadas. Pero se había cumplido el objetivo: descargar al comercio de mercancías de difícil venta… Y obedientes a la consigna, generosa y útil, todos (también los vendedores) encontraron -y adquirieron- la “ganga” pretendida…

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