Plutón
Más que gustarle, a Carlos le complacía ir al cine. Era algo así como su particular refugio, el lugar donde lograba aislarse de los demás. Él era un chico muy tímido. Nadie conocía sus cualidades ni sus defectos, simplemente porque no se dejaba ver. Ver sin se visto, era el lema que llevaba a la práctica como nadiese lo hiciese jamás. Y en ese largo tiempo de aislamiento Carlos pensaba que el único aspecto negativo de su vida era el que puede derivar de amar sin ser amado.
Soy como Plutón, pensaba muchas veces, mientras leía y releía los cuentos de ciencia ficción de Alfred Juillet.
Así transcurría la vida de aque´muchacho frío, calculado, distante y escondido. Pero cierto día..., aí, cierto día experimentó una nueva sensación, algo que jamás había sentido y que le hizo ruborizarse externamente y llenarse de ansiedad interiormente. Se encontraba viendo por enésima vez La guerra de las galaxias en el oscuro cine de su barrio, conocido por todos como El canuto, debido a su estrechez y longitud, cuando un penetrante aroma le rodeó como el león rodea con las garras a su presa, que ya se da por muerta y se deja coger para recibir el abrazo definitivo. Todos conocemos que algo de nosotros sobra y que otras cosas nos faltan; así, la ingenua y atemorizada presa del león sabe que le ha sobrado el último paseo, otros, los más, tienen la sensación de que le faltan palabras para expresar sus sentimientos y, finalmente, Carlos descubrió, cuando se sintió rodeado por la fragancia, que vivir es algo más que estar oculto, lejano y distante como está Plutón.
¿La Tierra?, se preguntó?, quiero ser La Tierra.
Continuó en su asiento porque Plutón no puede transformarse en La Tierra tan rápido como él deseaba. Inquieto en su butaca habría deseado darse media vuelta para ver el origen del embriagador olor. Hizo de todo, se retrepó en su asiento dejando resbalar su escuálido culo para encontar una posición desde la que poder ver el origen de sus inquietudes, bajó la cabeza con la intención de mirar debajo del asiento, con la intención de encontrar alguna pista que le permitiese, sin ser visto, de acuerdo con su lema, ver la causa de su desequilibrio, arrojó al suelo algún pequeño objeto; finalmente, convencido ya de su decisión de dejar de ser Plutón, volvió descaradamente la cara atrás, pero solamente vio la cara de un hombre que hacía extraños gestps irreconocibles por él. El aroma estaba allí pero no era visible. Su desconcierto fue total porque había descubierto que la dueña de la esencia era capaz de hacerse presente sin ser vista, ¿le habría robado su secreto?
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