Quiero empezar esta semana compartiendo en esta páginas un particular homenaje. Me he permitido, para ello, alejarme del concepto de relato que habitualmente seguimos, porque me apetecía contarlo como lo sentía:
EN LA VEJEZ
Me gusta estar con ellos.
Cada tarde, recorro la distancia entre el jardín y el salón para encontrarlos reunidos, en el mismo sitio, con la misma pose, en la misma lentitud de un tiempo que ya no avanza.
La mayoría refuerza el lento caminar de sus años cansados, con el bastón tallado por la experiencia misma.
Son rostros contorneados a golpes de vida. Son miradas nostálgicamente ausentes.
Me gusta oirles repetir sus infancias bien recordadas y entrelazadas con los olvidos del presente que espera, rutinario, el turno para la cena.
Y , sobre todo, me gusta aprender la lección de sus sonrisas sabias y sinceras que se abren hueco en la triste soledad que resta entre el haber sido mucho y el estar dependiendo tanto.
Cuando llega la hora y recorro el camino inverso, pienso que algún dia otro bastón sostendrá mi tiempo futuro,en un salón tras un jardín. Deseo que, para entonces, no haya olvidado sonreir.
lunes, 21 de septiembre de 2009
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