A alguien –según me dice- le ha producido extrañeza (hay quien me ha dicho también “admiración”) que me haya metido, a estas alturas de la navegación platónica, en una nueva aventura “internáutica”.
Les contestaré con el microrrelato de hoy:
¿LOCURAS?
Me cuenta mi amigo haberle leído a Umbral una idea de Voltaire, la de que Don Quijote se “inventaba pasiones”..., como por necesidad de ejercitarse, de mantenerse vivo, despierto y entrenado.
En el declive de sus años -continúa mi amigo-, para no dejarse arrastrar, río abajo, por las aguas sombrías de la entropía, la desgana vital y la decepción, el viejo caballero se inventaba cortesanos amores incongruentes, fantaseaba hazañas deslumbrantes, recorría caminos, madrugaba al alba, cabalgaba incansable, se sometía a ayunos y penitencias… “para ejercitarse”, pensaba Voltaire.
No estaba tan loco el Caballero Andante, fue la conclusión de Umbral.
No estaba tan loco el Caballero Andante, fue la conclusión de Umbral.
Y es verdad –me quedo pensando- porque con su “triste figura” se inventó para sí mismo una terapia de entrenamiento imaginario y físico, que le recomendaría hoy cualquier buen psiquiatra o psicoterapeuta…
Fernando, amigo, hermosa terapia la de Alonso Quijano, el Bueno. Qué bien suena, por eso, el epitafio que Sansón Carrasco escribió en su tumba: “Yace aquí el Hidalgo fuerte / que a tanto extremo llegó / de valiente, que se advierte / que la muerte no triunfó / de su vida con su muerte…”
ResponderEliminarDesfacer, sin cansancio, los antiguos entuertos, recrear aventuras, reinventarse de nuevo hasta la propia vida, es la mejor manera de acercarse a lo eterno.