domingo, 13 de septiembre de 2009

EN EL CAMINO

Sentado en una piedra del camino, notaba que el bagaje que había ido acumulando a lo largo del tiempo era pesado. Demasiado bagaje para llevar a cuestas…

Cuando empezó su andar entre los hombres iba guardando en su viejo zurrón de caminante todo lo que encontraba en el camino. Así coleccionaba, con ilusiones nuevas, pequeñas figuritas con sabor de belenes, de atardeceres grises, sonrisas alocadas, palabras escuchadas ya perdidas, imágenes amigas…

La ruta tenía así sentido de logro y de aventura por los pequeños tesoros encontrados. (En verdad, baratijas, casi siempre, guardadas con ilusión y encanto).

Pero el camino, que empezó entre tonalidades tenues y sonrisas, fue adquiriendo tintes grises entre la bruma densa.

La tarde ya caía. Miró a lo lejos. Igual que D. Quijote tenía que maquinar nuevas batallas, nuevas misiones, desfacer los entuertos de antiguos malandrines. Miró la ruta larga que se abría ante sus ojos. Y, con cierta ironía, acompasada de inteligente porte, cargó sobre sus hombros el pesado zurrón. Era preciso retomar con ritmo decidido su camino.

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