Guardar el bañador y sacar el paraguas no son sólo gestos.
Hoy, recogiendo el agua de tormenta almacenada en el lugar de trabajo, he comenzado a predisponer mis sentidos y mi sentir ante el nuevo otoño.
La ventana de todos los dias ha dejado de ser radiantemente luminosa y seguro que los soles que quedan por venir, la vestirán con menos brillos.
Tiene razón la vieja oliva en la distancia.
Ella y yo compartimos cada mañana un rato de espacio y tiempo. Ahora, ella está empapada y yo sostengo el paraguas recién sacado de otros otoños.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
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