La frescura del barro entre sus manos era la motivación inicial. Después, idear, cambiar, recomponer e incluso adivinar las formas que ni él mismo predeterminaba.
Sentía que la materia húmeda y dócil le pertenecía y juntos creaban un tiempo muerto al mundo y vivo en ellos. Porque aquella figura que moldeaba cada día, vivía en él mientras estaba siendo.
Cuando, una vez seca y alineada en el estante con las demás, la miraba más allá de sus propias manos y la perdía en la mirada de otros, ella ya era ella y él buscaba de nuevo la frescura del barro entre los dedos.
jueves, 17 de septiembre de 2009
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