Cuentan que el filósofo chino Chiang Tzu llegó a ser sabio, y mundialmente respetado, cuando descubrió la inutilidad de cualquier esfuerzo y se despojó de todos los deseos…
-Creo que a eso le llaman “entregarse al Tao”, me comenta mi amigo. Es como habituarse a la paradoja de vivir: da igual la soledad que la compañía, el placer que el sufrimiento, el día que la noche, la vida que la muerte…
--¡No da igual, no puede darme igual!, protesto.
-Da igual que no de igual..., me contesta, imperturbable, mi amigo.
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