Cuando abrió el balcón, la distancia entre la calle y su soledad se hizo más pequeña.
Las gotas resbaladizas en los cristales acompañaron su rotundo suspiro cuando aspiró en un trago profundo la bocanada del húmedo aroma de la tierra.
Dejó que el aire cargado de gentes se colara despacio hasta los rincones y luego regresó hacia su silencio, dejando las puertas abiertas de par en par.
Decidió que sentirlo así era la vida y vivirlo, compañía.
Y le gustó.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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