lunes, 23 de noviembre de 2009

Otoño, otoño, ¡ay mi otoño!

Otoño, otoño, ¡ay mi otoño!

¿Cómo hablar del otoño si no se sienten las características de esa estación del año?
Hoy he comido en el albaicín granadino, en la Plaza Larga para ser más explícito, en el Mesón de la Porrona, sentado a la intemperie. Sobraban las prendas de abrigo; por eso yo colgué mi vieja chaqueta de pana en el respaldo de la silla y me remangué la camisa. Vecinos muy pulcros limpiaban las calles dejando que el agua, que manaba de una goma larga y amarilla, se deslizara por las correderas de piedra blanca, situadas en meitad de la callejuela, a modo de espina dorsal que la recorre en toda su longitud. Cualquier sensación menos la del otoño.
Recuerdo los otoños de mi infancia, y también los de mi adolescencia: calles recubiertas de hojas amarillas o marrones, que decrepitaban al ser pisadas por nuestros zapatos "gorila", una sierra cubierta de nieve desde los mil quinientos metros, abrigos con el cuello alzado para evitar el enfriamiento del cuello, o para ir a la moda de James Dean, guantes de lana (con algún pequeño agujero), esquinas soleadas y pobladas por buscadores de las "recachas", etc. Sin embargo, hoy la gitana, la Porrona, iba ataviada con atuendo veraniego, a pesar de su edad, -me ha estado contando cuántos nietos tiene-, y los demás vestíamos camisas y rebecas en las manos.
Así no se puede hablar del otoño. Por eso he decidido no hablar de él. A la hora de elegir el tema de mi relato, yo habría preferido hablar de esa bellísima estación; sin embargo, hoy el tema otoñal da para poco. Por esa razón he preferido hablar de la globalización, esa extraña palabra que ha venido a sustituir a otras no menos traumáticas, tales como la conquista, el descubrimiento y la colonización. Las hazañas heroicas que fueron las conquistas fueron sustituidas por las colonizaciones (siglos cercanos al nuestro): no se detengan mucho en esta palabra porque colonizar fue, en su momento, hacer que todos beban la misma bebida embotellada (por pudor y para no hacer propaganda no escribiré su nombre), conseguir que todos vistan igual ropa bajo el influjo de la palabra moda, provocar que todos crean en las mismas verdades y obedezcan a las mismas leyes, etc. ¿Alguien recuerda la película Los dioses deben estar locos? Hasta aaquí llega el juego de la colonización.
Ahora la situación es diferente, diríase que más sofisticada, al aparecer el término globalización. He pensado mucho en esta palabra y en su significado, y he llegado a la conclusión de que lo que se quiere decir con la palabra globalización es redistribuir la riqueza de tal forma que el que más tiene más se lleve y que el que menos tenga eso también perderá. ¿Creen ustedes que exagero o que no digo la verdad? Pues analicen el término y las consecuencias de la llamada crisis.
Por todo eso que les digo, yo habría preferido hablar del otoño, pero la globalización ha conseguido también unificar las cuatro estaciones del año en una sola estación, un único tiempo bobo, prolongado y triste.

1 comentario:

  1. Antonio: la entrada que voy a hacer (la titulo NOSTALGIA) va a propósito de los recuerdos de tu infancia, levantados por los vientos del otoño... En mí han levantado también un revuelo de hojas secas...

    FERNANDO

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