Nocheviejas pretéritas
Recuerdo, estrujando mi mente como se aprieta el paño mojado, girándolo con ambas manos en sentidos contrarios, las primeras celebraciones familiares de Nochevieja. Me he remontado a 1951 o 1952, no porque antes yo no tenga conciencia de esas celebraciones sino porque, simplemente, no celebrábamos nada. Bastante teníamos con sobrevivir en aquel barrio mísero. Pero la vida se vive en un lugar mágico llamado tiempo y el tiempo actuó lleno de su magia. Yo le había pedido al tiempo un trueque: él me regalaba magia, -algo que yo no tenía-, y yo a él le llenaría de experiencia. Porque el tiempo nunca es experimentado; no, el tiempo siempre es nuevo y necesita de experiencia. Hicimos el trato y aceptó. Y mi familia y yo, por la magia que nos había infundido el tiempo, salimos de aquel lugar y ¡abra cadabra!, aparecimos en Granada, la bella Granada, un mediodía otoñal. Recuerdo aquel paseo, entonces llamado con un nombre que no deseo recordar, por el que avanzábamos pisando hojas marrones y crujientes, como si las hojas se quejasen de las pisadas de los miembros de una familia que migraban en busca de tiempos mejores.
Recuerdo, estrujando mi mente como se retuerce la gamuza con que seca la chapa y los cristales de los coches recién lavados, apretándola con rabia contenida en las manos y dedos, para sacar hasta la última gota de agua. Sí, yo retorcí mi mente en busca de algo agradable que poder contarles; pero necesitaba establecer otros trueques con el tiempo para llenar mi cabeza y mi corazón, sobre todo éste, de recuerdos. Porque los recuerdos son una expresión de la vida.
Como pueden ustedes comprender de lo tratado en este relato, yo me pongo a hablar y se me va el santo al cielo, o mejor sería decir, me voy por los cerros de Úbeda, que como saben, es mi segundo apellido.
Otro día les hablaré de esas Nocheviejas prometidas: de las familiares y de las que disfrutábamos en el Liceo. Ahora me basta con, empleando la magia y el trueque con el tiempo, desear a todos un feliz año.
Fuengirola, 2 de enero de 2010
Antonio: Los conmovedores recuerdos de tu último "Cuento de invierno" me han inspirado un microrrelato que ingresaré mañana, con el título "Ciudad desenterrada". Un abrazo y feliz año, a ti y a todos los amigos que concurrimos en este blog...
ResponderEliminar