Con mis amigos, recordaba un ejemplillo típico de cuando, envueltos en leyes escolásticas, indagábamos en la filosofía. Discutíamos si el devenir del cosmos era estático o dinámico… Y nos perdíamos en mil disquisiciones de escuela y en opiniones múltiples.
El “ejemplillo típico” era simple: postulábamos la existencia de un ser inteligente cuya vida duraba sólo unos segundos. Nacía, vivía y moría en el agua del mar, en el instante en que la ola empezaba a romperse en la arena de la playa. Y en ese instante de su vida-muerte, el ser inteligente razonaba así: “La ola del mar siempre permanece en forma de rompiente para darme sombra y librarme de un sol abrasador…” Una vez formulado su juicio, nuestro ser moría. Su ciclo vital era, sencillamente, ese: nacer, formular un juicio y morir… Ignoraba que la ola terminaba rompiendo sobre la gris arena de la playa y que todo, de nuevo, volvía a ser como al principio. En su atrevido juicio pretendía fijar, y así entender, el devenir dinámico del cosmos partiendo sólo de la corta experiencia de su vida.
En la charla con mis amigos recordábamos las muchas opiniones que hoy se ofertan sobre el cambio climático, sobre los aumentos de la capa de ozono, sobre los ciclos cambiantes de la naturaleza. Y pensábamos si no serían nuestras afirmaciones tan banales, por nuestro corto tiempo de experiencia, como las que hacía aquel ser limitado en su existir acuático… Fácilmente, los hombres, instauramos con valor inmutable, leyes de un macrocosmos que es, en su ser, dinámico y cambiante. Y afirmamos que las pautas del cambio que hoy suceden seguirán siendo siempre de la misma manera, sintiéndonos casi protagonistas exclusivos del devenir del cosmos. Pareciera, así, que sólo el hombre puede alterar ahora, casi en exclusiva, el cambio natural de un cosmos que deviene. Pero ¿es así la cosa?
El “ejemplillo típico” era simple: postulábamos la existencia de un ser inteligente cuya vida duraba sólo unos segundos. Nacía, vivía y moría en el agua del mar, en el instante en que la ola empezaba a romperse en la arena de la playa. Y en ese instante de su vida-muerte, el ser inteligente razonaba así: “La ola del mar siempre permanece en forma de rompiente para darme sombra y librarme de un sol abrasador…” Una vez formulado su juicio, nuestro ser moría. Su ciclo vital era, sencillamente, ese: nacer, formular un juicio y morir… Ignoraba que la ola terminaba rompiendo sobre la gris arena de la playa y que todo, de nuevo, volvía a ser como al principio. En su atrevido juicio pretendía fijar, y así entender, el devenir dinámico del cosmos partiendo sólo de la corta experiencia de su vida.
En la charla con mis amigos recordábamos las muchas opiniones que hoy se ofertan sobre el cambio climático, sobre los aumentos de la capa de ozono, sobre los ciclos cambiantes de la naturaleza. Y pensábamos si no serían nuestras afirmaciones tan banales, por nuestro corto tiempo de experiencia, como las que hacía aquel ser limitado en su existir acuático… Fácilmente, los hombres, instauramos con valor inmutable, leyes de un macrocosmos que es, en su ser, dinámico y cambiante. Y afirmamos que las pautas del cambio que hoy suceden seguirán siendo siempre de la misma manera, sintiéndonos casi protagonistas exclusivos del devenir del cosmos. Pareciera, así, que sólo el hombre puede alterar ahora, casi en exclusiva, el cambio natural de un cosmos que deviene. Pero ¿es así la cosa?
Te pondré otro "ejemplillo": Ese animalito inteligente cuya vida dura unos segundos, divididos en etapas de centésimas de segundos, que a su vez se dividen en milésimas de segundos (¡toda una vida!), estaba descansando debajo de un cocotero, cuando vio que se había desprendido un coco. Y murió iluminado por este descubrimiento: El cocotero es un arbol que deja caer sus frutos, pero se quedan en el aire sin llegar hasta la tierra...
ResponderEliminar¿Es más larga nuestra vida para comprender los procesos cósmicos del infinito universo que la vida de ese animalillo inteligente para descubrir la trayentoria de la caída de la fruta?
Los reyes mágicos rezagados:
ResponderEliminarQueridos amigos del camino (no del "Camino de Santiago", ¡sino del camino a Ítaca"): deseo que la festividad de estos días os haya colmado de parabienes y de feliz prosperidad para el año que comienza.
Este año me he levantado con el mejor pie, quiero decir: que ha sido mi "niña interior" -la misma que ahora escribe- la que ha puesto el primer paso en el suelo. El segundo ha sido el "adulto" dispuesto a trabajar -trabajando ya- en todas sus responsabilidades y, acompañando a los dos dos anteriores, el "padre" con el "Súper Yo" con el "Ideal de Yo", es decir: con los principios morales y éticos y con los ideales del alma.
El día cinco mi niña interior escribió una larga carta a los Reyes Mágicos solicitando cosas para mis amigos y para mi; uno de los regalos que solicité para mi fue seguir leyendo el blog (al que -por cierto- no me he asomado en las vacaciones. Y es que, aunque parezca mentira, todavia hay quien puede desconectarse de internet durante ¡12 días seguidos!).
Lo dicho, aquí estoy de nuevo: haciéndome el bendito regalo de leeros.
Para vosotros, amigos, solicité lo que piden todos los niños, es decir: ¡¡Todo, todo, y todo!!
Y para Fernando: que esté pasando momentos entrañables en este tiempo en el que, con todo cariño, celebramos su cumpleaños; que en el 2010 todos "SUS YOS" sigan siendo "chicos" excelentes y maravillosos... y nos siga deleitando con la perfección sublime en su palabra, y su "figura".
Querido Fernando, te dejo este pensamiento como humilde detalle: El arte es una emoción rayana en la locura.
He pensado mucho en ese animalillo. En el fondo, no somos, me refiero a los humanos inteligentes, más que ese animalillo si nos comparamos con eso que llamamos tiempo: vivimos un instante y tenemos una panorámica restringida de la vida.
ResponderEliminarConsideramos que somos los dominadores de la naturaleza, pero solo dominamos la naturaleza en el tiempo que dura la ola antes de desvanecerse. Y lo sabemos. Creo que lo sabemos. Es más, me gustaría pensarque lo sabemos. Entonces hacemos otras cssas y así se hablará de nosotros y de nuestras obras.