martes, 15 de septiembre de 2009

El tiempo

El tiempo
Hace años de esta historia. La traigo hoy aquí a modo de que sea mi pequeña contribución, mi pequeña pieza del rompecabezas, mi tesela del mosaico que todos pretendemos construir.
Me visitó Charles Rees, un científico inglés del Imperial College, acompañado de su esposa y de uno de sus discípulos españoles. Los llevé a Las Alpujarras y nos detuvimos en Capileira. Yo trataba de explicarles que el concepto de tiempo es diferente allí que en el resto de los lugares y culturas del mundo: allí el tiempo parece caminar a una velocidad variable; a veces parece detenerse, en otros momentos se dispara como un cohete y, finalmente, en las demás ocasiones circula a una velocidad moderada. Después de mi explicación ellos no entendieron nada.
Continuamosnuestro paseo por el lugar. Una mujer de edad claramente superior a los ochenta años estaba sentada en una silla de enea en plena calle, y dirigía su mirada perdida hacia el amplio valle. Ella personificaba a la quietud. Nos acercamos y yo le pregunté, ¿buena mujer, qué hace usted sentada y sin mover ni un solo músculo? Ella contestó, aquí sentada, atravesando la vida.
Charles Rees me tomó del brazo y me dijo, querido amigo, acabo de entender el concepto del tiempo que reina aquí.
Charles y su mujer ya han atravesado la vida. Sirva esta tesela como humilde homenaje póstumo

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