domingo, 20 de diciembre de 2009

Dedicado a mi gran amigo el Dr. D. Fernando Jiménez


Los números primos, el lector de sueños y otras paranoias

Lo reconozco, me habría gustado ser un lector de sueños.

También deseo reconocer ante ustedes que soy un lector leal de Haruki Murakami, entre otros distinguidos autores. Mis dos reconocimientos hecho públicos tienen relación; no se tratan de hechos casuales e inconexos. De todos los personajes de su última obra editada en español, el lector de sueños es con quien más me he identificado. No obstante, ni lo soy ni lo seré jamás, porque para realizar tal menester es preciso vivir en la ciudad de los cuerpos sin sombras y a mi me encanta llevar la mía siempre pegada a mí por los zapatos. Allí, como en el país de Alicia, nadie explica nada a quien no sabe lo que sucede; simplemente, las explicaciones son siempre innecesarias porque la explicación de todo se concebirá exclusivamente cuando los habitantes se quedan sin corazón. Solamente, defiende el autor japonés, cuando no hay corazón la mente funciona a pleno rendimiento, se hace fluida y ágil y todo resulta comprensible. Yo diría que clarividente.

Yo, que soy un profano en las cosas del saber, pienso que el gran triunfo de los humanos se esconde en la belleza que supone el alto grado de simetría que tenemos: dos piernas, dos manos, dos ojos. Dos es el número mágico de casi todo lo que nos distingue. Entonces, ¿qué papel juegan nuestros órganos únicos, corazón, mente, pene, nariz, etc.? ¿Acaso ellos no son bellos? Yo, que sigo siendo un enamorado de lo bello y sus formas, pienso que ellos forman pareja con otros órganos que se encuentran fuera de los cuerpos en dónde radican aquellos.

Les provoco para que imaginen todo lo que deseen.

De esta forma tan sencilla, la soledad de los números primos (a la que me he referido en otro relato) queda circunscrita a ellos, a los pobres y aburridos números que no encuentran más divisor que ellos mismos y la unidad.

Los números pares y los divisibles son instrumentos que expresan eso que antes he dicho: la simetría y belleza.

Ser un lector de sueños no significa vivir dentro de un personaje mágico y adivino; ser un lector de sueños quiere decir que uno desarrolla la capacidad, o inteligencia, suficientes para descubrir la intencionalidad de todo lo que es uno y que debe de tener su pareja fuera de sí mismos: dios, el universo, el amor, la solidaridad, la igualdad, y tantas otras cosas que siguen habitando en el maravilloso mundo de los números primos.

Por eso a mí me encantaría ser un lector de sueños; sin embargo, ni lo soy ni lo seré jamás. Si algunos de los lectores de este pequeño relato ha conseguido ser lectores de sueños, por favor, háganlo saber para que podamos hablar largamente.

Fuengirola, 19 de diciembre de 2009

1 comentario:

  1. Antonio: Los antiguos filósofos afirmaban (y de esto sabe mucho nuestro amigo José María) que las propiedades del "ser" son el Unum, Verum, Bonum et Pulchrum, y que éstos son "convertibles", es decir: que no se da una de estas propiedades sin las otras: que lo que es Bueno es Bello y Vedadero, y lo Verdadero es Bueno y Bello... Y todo se da por unidades, el Unum integra todo lo demás: Es, como tú dices, "la soledad de los números primos", pero una maravillosa soledad, enriquecida y exultante. ¿Qué dirá José María de esta filosofía barata que se me ha ocurrido al hilo de tu lectura y del comentario que has hecho a mi entrada de ayer...?

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