miércoles, 28 de octubre de 2009

CHOCOLATE Y CLOONEY

Una copa de vino, chocolate y George Clooney era la receta " elevaánimo" que distribuían las protagonistas de una divertida comedia.
Las tres cosas son de mi agrado asi es que he decidido aplicarme el tratamiento con las limitaciones oportunas:
En el caso del vino, por mi escaso consumo de alcohol; respecto al chocolate, por no tentar al acné juvenil siempre a flor de piel; y en lo referente a Clooney, por no terciar en la feliz convivencia que mantiene con su cerdo mascota. Evidentemente.
Tales son los beneficios terapeúticos del lote que lo he regalado a un par de amigas en momentos de desánimo. Lo de Clooney, no disponible casualmente en dichas ocasiones, lo hemos solventado con unas cuantas risas y algo de imaginación.
Al fin y al cabo ,de lo que se trata es de romper el amargor con el dulce y premiarnos los instantes merecidos tras las batallas perdidas o los momentos ganados.
Al fin y la cabo, de lo que se trata es del placer mismo de saborearlo mientras la sombra de los cipreses se van extinguiendo. Aunque el " inhiesto surtidor de dombra y sueño" que poetizó Gerardo Diego, destacará siempre, solemne y vivo, entre los espesos muros de nuestros claustros.
Por eso, hoy sueño a la sombra de cada día, con el regusto rosado del vino y el dulzor oscuro del chocolate.
Y quizás me ponga una peli de Clooney.

2 comentarios:

  1. Te digo, amiga Faustina, algo parecido a lo que le había escrito a Antonio hace un momento, antes de que aparecieras en pantalla con un nuevo ropaje literario: que te echaba de menos, pero que haces muy bien en entrar cuando te apetezca, vestida de sensibilidad y perfección estética, o con las lentejuelas de la ironía y la gracia, como en este caso. O no entrar si no tienes ganas...

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  2. ... Después de unos días de feliz rapto (en los que, por cierto, me he dejado raptar encantada de la vida), vuelvo engalanada del recuerdo de los gratos momentos compartidos.

    Mientras paseaba en estos días -"de guía turística"- por calles madrileñas, entre el alboroto de la ciudad y el sobre exceso de estimulación en forma de ruidos, contaminación, y más ruidos... Mientras paseaba entre bullicios, como digo: comprendí de nuevo aquellas palabras de Juan Ramón Jiménez cuando decía: "No corras / que al único lugar a donde tienes que llegar / es dentro de ti mismo".

    Y es así que hoy (casualmente antes de leer el hermoso relato de Faustina), me senté tranquilamente a tomar un chocolate bien espesito (de esos en los que uno puede escribir el nombre de su amor en la superficie). Después, me adentré de nuevo en mi corazón disponíendome al delicado placer de escribir. Y aquí sigo: alejada del ruido... y en el bello silencio de las palabras, con vosotros.

    El vino, lo tomé -con mesura- en estos días en companía de "diamantes" y por entre las callejas del palpitante Madrid de los Austrias.

    La película: "Annie Hall" siempre me parecerá el mejor antidepresivo.

    Y sobre la palabra más larga que he oído: "Supercalifragilisticoespialidoso".

    Pero se me ocurre que podíamos inventar entre todos una más larga aún (?). Para seguir jugando con ellas. Un abrazo.

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