Cuidaba tanto las palabras, que cada vez se resistía más a pronunciarlas: no fuera a ser que se gastaran, o se ensuciaran, o se evaporaran en el aire…, o que alguien se las robara.
Así que decidió no volver a hablar, más que para sí mismo.
... ¿Y se murió de un síncope?; o tal vez: ¿murió para sí mismo?
ResponderEliminarDespués de mi breve comentario-pregunta a Fernando sobre las palabras y síncopes al dejar de pronunciarlas, aquí os dejo, mis queridos diamantes, con esta noticia que acabo de leer y que me parece ¡un microrrelato malvado y genial!; por cierto -y con dulce ironía-: ¡A reirse / que son dos días!:
ResponderEliminar"El sospechoso, que era juzgado por una serie de crímenes y estaba vestido de traje para la ocasión, entró a la sala del tribunal y preguntó al ujier: "¿Dónde está la salida?", informó el New York Post.
Tomándolo por un abogado, el empleado lo condujo hasta el patio de entrada, desde donde el hombre tranquilamente salió a la calle y se fue a casa de su madre en Manhattan.
La mujer de 81 años contó al diario que el hombre se cambió y se fue. "¡Pensé que lo habían liberado, porque estaba tan bien vestido!", dijo".