martes, 27 de octubre de 2009

SIGFRIDO Y LAS AGUAS DEL RIO

Sigfrido, el héroe wagneriano, ve su imagen pintada en el arroyo cuando camina, indeciso aún, a través de los campos, los ríos y los bosques. Su alma se refleja en el arroyo terso.

“Llegué al arroyo claro y en su espejo / miré los árboles, los animales…;
Las nubes y el sol se reflejaban en él tal cual eran…
Entonces vi también mi propia imagen / surgiendo de aquel río…”


Su imagen le revela cuanto hay en el bosque. Con todo se unifica en visión numinosa, casi mágica. En el agua y en su espuma blanca Sigfrido lee el presagio que preparan los dioses. Y descubre, como un nuevo Narciso al verse en el cristal, el poder interior que se le ha dado… Sabe, -es el augurio-, que pronto arrebatará el tesoro a los Nibelungos… Y, así, al verse en el arroyo, renace en él la fuerza necesaria para llevar a término su empresa.

El mítico misterio de la imagen en las aguas del río, le desvela a Sigfrido el mensaje que los dioses han encerrado desde siempre en su alma. Hoy brota virgen en el cristal del agua.

1 comentario:

  1. Es verdad, José María, que en los mitos heróicos de la antigüedad se repiten los temas y se solapan como capas geológicas, en las distintas culturas. Los elementos casi siempre son iguales: el héroe, la llamada, el camino, el dragón, la doncella que con frecuencia es diosa, el espejo de las aguas en las que el héroe se reconoce y se interioriza...

    Hace tiempo que no aparece Antonio, con sus bien trabadas y minuciosas narraciones, ni Faustina con su sutilísima sensibilidad lírica...

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