Me decía mi amigo:
“La historia de los hombres es la historia de sus utopías. Sin metas y horizontes todo queda alicorto”.
“Es cierto, pensaba yo. La savia nueva que alienta el devenir del hombre es siempre la utopía. Sin la esperanza utópica todo el quehacer del hombre muere sin poder superar los “simples” hechos. Sus acontecimientos no miran al futuro”.
Y, en mi vieja condición de profesor, recordaba a Platón… Intuyó que sólo había tres momentos de esperanza capaces de cimentar la vida humana. Y los desarrolló en tres Diálogos: “La República”, en la que buscaba el reino de la justicia, junto a la perfecta naturaleza y organización del estado; “El Fedón”, que, ambientado en las últimas horas de la vida de Sócrates, racionalizaba la esperanza de perdurar más allá de la muerte; y ”El Banquete” en el que trazaba el delirio del amor, dentro de los auténticos límites del “eros” platónico.
“Quizás sean estos tres momentos, decía yo a mi amigo, los ejes en torno a los que debe girar toda nuestra utopía: la convivencia, el amor y la trascendencia de nosotros mismos”.
“La historia de los hombres es la historia de sus utopías. Sin metas y horizontes todo queda alicorto”.
“Es cierto, pensaba yo. La savia nueva que alienta el devenir del hombre es siempre la utopía. Sin la esperanza utópica todo el quehacer del hombre muere sin poder superar los “simples” hechos. Sus acontecimientos no miran al futuro”.
Y, en mi vieja condición de profesor, recordaba a Platón… Intuyó que sólo había tres momentos de esperanza capaces de cimentar la vida humana. Y los desarrolló en tres Diálogos: “La República”, en la que buscaba el reino de la justicia, junto a la perfecta naturaleza y organización del estado; “El Fedón”, que, ambientado en las últimas horas de la vida de Sócrates, racionalizaba la esperanza de perdurar más allá de la muerte; y ”El Banquete” en el que trazaba el delirio del amor, dentro de los auténticos límites del “eros” platónico.
“Quizás sean estos tres momentos, decía yo a mi amigo, los ejes en torno a los que debe girar toda nuestra utopía: la convivencia, el amor y la trascendencia de nosotros mismos”.
¡Estoy tan de acuerdo contigo, y con el viejo maestro Platón, de lo neceasrias que son las utopías! (hoy más necesarias que nunca, se habrá dicho en todas las épocas): Intentando adaptar la realidad existente a unas metas superiores que la transcienden, se convierten en verdaderos motores del cambio personal y del cambio social. Que las utopías, dijo alguien, son como las estrellas que, aunque no podamos alcanzarlas, nos guían en nuestro camino...
ResponderEliminarY en política, cada vez me resultan más hastiante las políticas de los partidos, que son tantas veces escondrijo y tapadera de intereses particulares, de rencores, corrupciones y ambiciones mezquinas. ¿Qué valor tienen ya las siglas, los emblemas, los colores de los políticos o sus referentes direccionales "izquierda-derecha"?. Lo que interesan son las utopías: las ideas, los valores, y los proyectos que promuevan justicia, orden convivencial, paz, igualdad de oportunidades y de privilegios, libertad...
Gracias por tu entrada, José María.
Ventana sobre la utopía
ResponderEliminar(Texto citado por Eduardo Galeano)
"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar".